¿Te atreves a soñar?

Este vídeo de inKNOWation España es sencillamente fantástico. Lo estoy usando en mi centro en las charlas de orientación académica y profesional como elemento central de motivación. La clave es simple y difícil: tenemos que buscar nuestros sueños y para ello, tenemos que atrevernos a soñar saliendo de nuestra zona de confort.

¡Siempre necesitamos sueños para seguir adelante!

[Psicología] ¿Podemos ver a Dios?

Este es el título de un sugerente debate que hemos desarrollado en la clase de Psicología con los alumnos de 2º de Bachillerato de mi Instituto. El debate lo hemos planteado en forma de foro, en el Aula Virtual, aunque también lo hemos traído al aula, en modalidad 59 segundos, el programa de Televisión Española, pero sin micrófonos. De esta forma, al escribir en el foro tenemos tiempo para reflexionar y elaborar las respuestas y de viva voz, nos dejamos llevar más por la improvisación y la espontaneidad. La mezcla es interesante y enriquecedora, ya que al debatir todos en el foro, el debate en vivo resulta más fácil: todos han tenido previamente que escribir algo.

Mi papel en el debate se reduce al de moderador, eso sí, no un moderador neutral ya que les he suministrado previamente dos lecturas para sacar conclusiones acerca de la cuestión que, aunque no lo parezca, nada tiene de teológica. Me explico. Para responder a la pregunta, los alumnos debían leer previamente dos documentos. El primero, es una entrevista al Dr. Rubia, un neurobiólogo que afirma que el cerebro es la sede de todo lo espiritual. El segundo, es un reciente artículo de Tendencias 21 sobre una investigación realizada en Canadá con monjas carmelitas sobre experiencias místicas.

Ambos documentos enlazan algo que dice Punset con rotundidad en su libro El alma está en el cerebro: las experiencias místicas son posibles y algunas zonas específicas del cerebro así lo atestiguan. No es una cuestión de fe sino de actividad cerebral: el cerebro registra éxtasis místicos que permitirían ver a Dios.

¿Y qué pretendo yo con estos debates? Pues, fundamentalmente, despertar el análisis crítico de ideas instaladas en el pensamiento colectivo sin ningún criterio científico. En definitiva, quiero despertar el interés por el pensamiento científico en mis alumnos.

Alguno identifica a Dios con una simple luz, haciendo notar la influencia del proselitismo.

Pienso que toda visión de Dios es cosa del cerebro, de unos procesos que este realiza pero en ningún caso que sea verdad la existencia de Dios. Hay algo llamado éxtasis místico que en mi opinión es lo que la gente confunde con Dios, es una simple luz producida por un proceso del cerebro que quien la vive siente eso tan real como la realidad y eso no es todo sino que también les produce tal entusiasmo que intentan convencer a los demás de que es cierto, por lo que no me extraña que luego funden tantas religiones .

Otro es más categórico hablando del lóbulo temporal derecho.

Creo que la visión de dios tiene que ver con los estímulos que recibe nuestro cerebro. Todo está relacionado con el lóbulo temporal derecho y sus respuestas.

Otros no hablan de Dios, exclusivamente, sino de otras deidades y de la influencia del ayuno en los procesos místicos.

Yo creo que el debate de si podemos ver a Dios o no, se debería enfocar a las relaciones que hacen las personas hacía un éxtasis místico, donde en realidad en tu cerebro ocurren una seria de reacciones.
Los cristianos ven a Dios, los musulmanes ven a Alá y los ateos ven marcianos, depende la persona y sus creencias, lo que si queda claro es que no podemos ver a ningún Dios ni ninguna cosa divina, es todo producto de nuestro cerebro, mas concretamente de la parte del lóbulo temporal derecho. Cuando los personajes celebres han visto a Dios, lo habían visto después de un largo periodo de ayuno. Esto se produce gracias al cambio que ocurre en el cerebro.

Otro se cuestiona si es posible experimentar un éxtasis místico y no volverse loco.

Es posible que en términos científicos esto sea cierto, pero, ¿cómo se puede tener éxtasis y ver algo divino? ¿eso quiere decir que cuando alguna persona experimenta algo así desvaría?¿esa persona está loca?

Para otra, vemos a Dios en todo lugar, independientemente de cualquier religión o cultura.

Mi opinión es que sí podemos ver a Dios, porque aunque sea producto de nuestro cerebro, lo estamos viendo, y aunque parezca que no, lo vemos siempre en todo lugar, sin tomar en cuenta ninguna religión o cultura, y como señalan los experimentos realizados en Canadá el cerebro puede experimentar situaciones místicas, esto no puede decir claramente que se trata de un Dios, ¿pero si lo fuera y en verdad si existe un Dios?

En fin, cada quien que seque sus conclusiones, pero a mi estos debates (sólo he reproducido algunas respuestas) me resultan especialmente interesantes. Que conste, y espero que nadie se ofenda, que yo no he visto a Dios, aunque sepa que algunos tienen ese privilegio.

Imagen: FlickrCC

La agresividad no sólo es social

Así lo cuenta Olga Castro-Perea en Tendencias 21, la revista científica electrónica. Dos estudios llevados a cabo con personas violentas han demostrado que estas personas tienen unas áreas cerebrales diferentes a las personas que no lo son. Esto no significa que desde que uno nace esté predeterminado a ser más agresivo que otras personas, sino que los indicadores cerebrales actúan como predictores de riesgos y, en todo caso, teniendo en cuenta la interacción social. Dicho de otro modo, no sólo una persona es agresiva porque se haya desenvuelto en un entorno agresivo o violento, si no que existe, además, una correlación con determinadas actividades anormales en el cerebro o distintos tamaños en algunas áreas.

El primer estudio, el de Guido Frank de la Universidad de California, muestra que en las personas más agresivas existe una anormal actividad de la amígdala y una menor en el lóbulo frontal. La amígdala es un área cerebral relacionada con las emociones más primarias de los seres humanos, como el miedo y la agresividad, y está presente en el cerebro de todos los ancestros humanos. El lóbulo frontal, por su parte, es una región encargada de la toma de decisiones y de controlar nuestra conducta.

Recientemente, en el marco del trigésimo séptimo encuentro anual de la Society for Neuroscience en la ciudad de San Diego, se presentó un estudio liderado por Guido Frank, científico y físico de la Universidad de California, que con imágenes de resonancia magnética del cerebro ha analizado la actividad neuronal de un pequeño grupo de adolescentes valorados como “reactivamente agresivos”, considerando la violencia reactiva como una explosión que surge cuando una persona experimenta una tensión, amenaza o dificultad que es incapaz de afrontar de otra forma. Las reacciones de estos individuos son desproporcionadas y, en estos casos, las personas son incapaces de controlarse a sí mismas.

Cuando se le mostró al grupo analizado imágenes de rostros amenazantes, los cerebros de los chicos agresivos, comparados con gente capaz de controlarse, mostraron una mayor actividad en la amígdala, una parte del cerebro que se relaciona con el miedo; y una menor actividad en el lóbulo frontal, región cerebral vinculada a la capacidad de razonamiento y de toma de decisiones, así como al auto-control. La actividad en la amígdala reflejaría que los participantes más agresivos sentían más miedo cuando veían las caras amenazantes y, al mismo tiempo, eran menos capaces que el resto de controlar sus propios actos.

El segundo estudio lo ha realizado Adrian Raine, de la Universidad de Pensilvania. En él se muestra que la corteza prefrontal de las personas violentas es más pequeña que las que no lo son:

Otro estudio, de Adrian Raine, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania que estudia las bases neurológicas de la violencia, fue llevado a cabo con 792 asesinos e individuos con un comportamiento antisocial y con 704 personas de comportamiento normalizado.

Raine y sus colegas descubrieron que en los primeros la corteza prefrontal del cerebro era de menor tamaño en comparación con la corteza prefrontal de los individuos capaces de controlarse. Un meta análisis, presentado en el mismo encuentro anual antes mencionado, de 47 estudios con imágenes cerebrales de adultos, confirmó el descubrimiento de Raine: las personas con un comportamiento antisocial, particularmente aquéllas con un historial de violencia, presentaban deterioros tanto estructurales como funcionales en dicha región cerebral. En este grupo, la corteza prefrontal era más pequeña y menos activa.

Además, estos mismos individuos tendían a presentar daños en otras estructuras cerebrales vinculadas a la capacidad de hacer juicios morales, mayormente en la corteza prefrontal dorsal y ventral, en la amígdala y en el gyrus angular (relacionado con el lenguaje y la cognición).

En todo caso, ambos estudios dejan claro que el cerebro no es determinante de los comportamientos violentos y que las influencias del entorno moldean al individuo y al propio cerebro, avalando la intervención psicosocial que se desarrolla desde diferentes ámbitos con personas agresivas:

De hecho, investigaciones realizadas con animales y humanos han sugerido que las influencias del entorno tienen un fuerte impacto en el cerebro, tanto para bien como para mal, porque se ha demostrado que en individuos con predisposición genética a la violencia, el afecto y el cuidado maternos o de cualquier índole en la infancia reducen el riesgo a que se conviertan en adultos agresivos.

Guido Frank asegura que, por tanto, la biología y el comportamiento pueden cambiarse y que la imaginería del cerebro debe combinarse con la terapia y el control individualizado para conocer y modificar los progresos de cada individuo. En el comunicado de la Society for Neuroscience, Craig Ferris declaró por otro lado que la comprensión de la confluencia de elementos, tanto ambientales como biológicos, que producen actos violentos, han sido considerados por educadores, profesionales de la salud y científicos durante décadas.

Hace unos años, Eduardo Punset se hacía eco de esta cuestión por duplicado en REDES, el programa de Televisión Española de divulgación científica, en concreto en el capítulo CLAVES VIOLENTAS I en las que entrevistaba al propio Adrian Raine, a Emil Coccaro, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Chicago, al Premio Príncipe de Asturias Antonio Damasio, neurocientífico de la Universidad de Iowa (EE.UU.), y a José Sanmartín, director del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.

En el segundo programa sobre el tema, entrevistaba a Jonathan Pincus neurólogo de la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos, sobre sus investigaciones neurológicas con criminales. Este médico afirma que cuando una persona ha sufrido maltrato en la infancia y tiene daño cerebral, existen muchas posibilidades de que se convierta en un delincuente.

Llevando la cuestión al terreno educativo, resulta más que imprescindible abordar la educación educación emocional en nuestros alumnos que esté basada en el desarrollo de las capacidades de relación e interacción social y, más concretamente, en el desarrollo de la empatía (capacidad de ponerse en lugar del otro), de la asertividad (ser capaz de expresar tus opiniones y sentimientos hacia los otros sin agresividad) y de la aceptación de la discrepancia como algo natural. Seguramente me deje algunos otros aspectos, pero en general, el desarrollo de la autoestima, tanto en la escuela como en la familia, es una de las claves para luchar contra una agresividad que está demasiado presente en la sociedad y en las aulas.

Imagen FlickrCC

[Psicología] ¿Somos iguales? Superemos los tópicos

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No somos iguales. Eso es, al menos, lo que dice la ciencia respecto al cerebro masculino y femenino. Los científicos echan por tierra las teorías promulgadas en los ochenta que reivindicaban el único papel de la educación y la experiencia como el causante de las diferencias entre mujeres y hombres para buscar otras explicaciones en las que el papel de las hormonas parece que juega un papel importante, aunque no el único. No es políticamente correcto hablar de diferencias entre mujeres y hombres pero cuando hablamos desde el punto de vista científico dejamos de lado la imprescindible igualdad social que tiene, a tenor de lo visto, menos influencia en nuestra forma de ser de lo que pensábamos.

Entre quienes aportan nuevas hipótesis y evidencias que superan los tópicos respecto a la facilidad de mujeres para el lenguaje y la de los hombres para las matemáticas, están Simon Baron-Cohen, una de las máximas autoridades mundiales en autismo y autor del libro La gran diferencia, o Louann Brizendine, eminente neurobióloga y autora del libro El cerebro femenino.

He trasladado el debate acerca de la diferencia de sexos al aula, en el tema del cerebro. Para ello, contamos con el inestimable recurso de REDES, el programa de Eduardo Punset en Televisión Española, una fuente inagotable para los estudiantes de Psicología. En concreto, hemos visto en clase el vídeo del programa REDES El cerebro tiene sexo y la entrevista de Punset a Louann Brizendine y después, los estudiantes tienen que aportar sus opiniones en el foro del Aula Virtual.

[Psicología] Drogas y cerebro

En clase de Psicología estamos estudiando el cerebro y los efectos de las drogas. Tenemos bastante información pero esta presentación en flash de la página drogas y cerebro auspiciada por el Gobierno de Canarias, la Generalitat Valenciana y el Ministerio de Sanidad y Consumo, es de lo mejor. Trabajamos en la línea de dar información a los chavales para que conozcan las consecuencias de la forma más gráfica posible, evitando las simples moralinas. Está indicado para jóvenes a partir de los quince años y está disponible en quince idiomas. ¡Que os guste!

[Psicología] Emociones

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Emotio, decían los latinos. La emoción, según el Diccionario de la Real Academia Española, es la “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”. Sin embargo, las emociones están detrás de algunos de los procesos psicológicos básicos (atención, percepción, memoria) y su control es una de las claves para el éxito personal y profesional. No ha muchos años que el concepto de “inteligencia emocional” irrumpió en el paradigma científico y se popularizó gracias a Daniel Goleman con su famoso libro. Las emociones constituyen la centralidad del proceso de relación de ayuda cuando uno hace terapia y, desde siempre, han estado relegadas a un muy oscuro lugar en nuestra cultura occidental. Hoy día, aparte de estudiarlas en clase de Psicología, son uno de los temas más apasionantes en Neuropsicología.

Para trabajar las emociones en clase utilizo el material que Eduard Punset cuelga en la web de REDES, el magnífico programa de Televisión Española, que se complementa con la página de Smart Planet, una web especializada en divulgación científica y en la que Punset prosigue con sus espectadores los debates que realiza en el plató. Desde que imparto Psicología, no he encontrado un material en español más adecuado, por lo ameno y riguroso. Por el set de televisión de REDES han desfilado los científicos más importantes sobre el tema de las emociones, como Antonio Damasio, neurólogo portugués que fue Premio Príncipe de Asturias de Investigación en el año 2006.

Pues bien, hemos comprobado en clase que todos tenemos una escasa educación emocional. En una clase de veinticinco personas, apenas hemos sabido describir y nombrar, entre todos, diez emociones. Nuestro lenguaje, en este caso, es la llave de la emoción ya que saber nombrar lo que uno siente es fundamental para comprender las raíces de la emoción. En clase hemos diferenciado entre emoción y sentimiento, ¿parecen los mismo, verdad? y hemos investigado acerca de la función que cumplen las emociones, de si éstas son universales y si los animales tienen emociones. También hemos debatido sobre el cine y las emociones y sobre la campaña “Abrazos gratis” que ahora una empresa de telecomunicaciones ha plagiado. Por su puesto, usando Moodle y las clases presenciales en la biblioteca.
Acabamos el tema hablando de la felicidad, recurriendo, de nuevo, a Eduard Punset con su libro “El viaje a la felicidad“, y planteándonos qué es la felicidad y cómo conseguirla. La respuesta rápida, casi unánime, de alguno de mis alumnos fue “ganando cien millones”. En el debate posterior salieron la salud, el trabajo, la familia, el amor, la amistad, las relaciones personales y hasta un sentido de la vida. Toda una ensalada. Acabo con una frase que comentó un compañero del Instituto y resume aquel debate:

La felicidad no es un destino al cual llegar, sino una forma de viajar.