La tortura de los deberes

Hace tiempo que vengo reflexionando sobre la utilidad de los deberes, de modo especial en Infantil y Primaria. Como maestro que soy, siempre he mandado deberes a mis alumnos, unos deberes que complementaran algo de lo visto en clase o que motivaran a seguir investigando para después continuar en la clase con la actividad. Jamás los deberes los he planteado para trabajar en casa lo que no he podido trabajar en el aula, no es el objetivo. He de aclarar que nunca he usado libro de texto, así que los deberes que he mandaba no eran del tipo:

Página 45, ejercicios 1, 2, 3 y 4 (copiando el enunciado en el cuaderno)

Memorizar la lista de verbos hasta el “to take”

Aprenderse los ríos, cordilleras y pantanos de la C. de Madrid…

Mis deberes eran más bien del tipo:

Pregunta a tus padres o abuelos una adivinanza y mañana nos la cuentas.

Busca una poesía que te guste y te la aprendes para que nos la cuentes en clase

Escribe una pequeña redacción sobre el tema que hemos visto en clase

Apréndete el papel que vas a representar en la obra de teatro

Resuelve el problema semanal…

Los deberes no son malos en sí mismos, desde luego porque pueden ayudar a mantener el hilo de algo que se trabaja en clase y porque ayudan a crear un hábito de trabajo. Los deberes refuerzan los aprendizajes que se adquieren en el aula, sin duda. Pero para que los deberes sean educativos y cumplan esa función, tienen que tener relevancia con lo que se trabaja en clase y no ser una mera repetición automática de lo mismo. Ya sé que para aprender las tablas de multiplicar hay que aprenderlas de memoria y que hay que mandar deberes en este sentido, pero hay formas de hacerlo que motivan y formas que no. Además, los deberes deben estar acordes con las capacidades de los niños. Me sorprendo cuando veo contenidos que van mucho más allá de las capacidades cognitivas que tienen los niños para entenderlos.

Además, es imprescindible que los niños jueguen, desarrollando así su personalidad a través del juego y que cultiven sus intereses con el deporte, la música, el arte… Desgraciadamente, es habitual que los deberes estén sobredimensionados, ocupando la mayor parte de la tarde ignorando que las jornadas de nuestros niños comienzan en la mañana y acaban en la tarde. Como premio, tras llegar a casa y merendar, a seguir con lo mismo. ¿En qué país vivimos?

Recuerdo una infancia feliz en la que pasaba todo el tiempo jugando y aprendiendo cosas importantes.

Hoy día es imposible plantearse que un niño de Primaria se pueda plantear la tarde disfrutando de su infancia, del juego y de la socialización. Los deberes (y el exceso de actividades extraescolares) lo impiden.

Los ejercicios 6, 7 y 8 en lápiz en el libro

Los ejercicios 10, 11 y 12 en el cuaderno, copiados en azul y contestados en lápiz.

Copia el esquema en el cuaderno

Estudia de memoria los “recuerdas” de todo el tema

El planteamiento actual de los deberes es una barbaridad, es una tortura que implica a los niños y sus familias. Listas interminables de ejercicios repetitivos, sin aparente lógica que la de “acabar el programa/tema”, en los que sólo se trabajan conceptos memorísticos y está ausente el desarrollo de las competencias, desde luego. Es tal la cantidad de deberes y la exigencia de los mismos, que las familias tenemos que hacer los deberes con nuestros hijoss para que éstos acaben alguna vez, animándoles en sus enfados, sus cansancios, sus rabietas, sus frustraciones porque quieren jugar. Es tal la cantidad de deberes que el estrés por acabar inunda la tarde. Me pregunto si los maestros aficionados a mandar tantos deberes “porque tienen que aprender a esforzarse” se ponen en lugar de los niños y sus necesidades.

Para más inri, se da el caso de que en algunas de esas listas de ejercicios “se cuela” alguno que pone algo así como:

En grupo, haced esto o aquello…

– Hija, aquí pone hacer “en grupo”

– No papá, la profe ha dicho que lo hagamos individualmente

Este tipo de deberes está directamente ligado al hecho de usar el libro de texto como prácticamente el único referente del aprendizaje en el aula y como, de facto, el currículo oficial. El libro de texto, con sus interminables listas de ejercicios, con un planteamiento unidireccional pensado para que el lector responda lo que se pide ciñéndose a los contenidos, está directamente relacionado con una enseñanza tradicional, transmisiva, repetitiva y memorística. El uso del libro de texto no permite desarrollar competencias en los alumnos y limita el tipo de aprendizaje al repetitivo. No nos engañemos, el libro de texto y los deberes van en el lote. Habrá excepciones, desde luego, pero son minoritarias.

En este país nuestro, desgraciadamente, con saber usar un libro de texto y mandar deberes, muchos piensan que enseñan. Me duele decir esto, pero lo siento y lo sufro a diario, viendo como mis hijas han consumido muchas horas de la infancia clavadas todas las tardes a la mesa haciendo los deberes, eso sí, en aras de su aprendizaje, un aprendizaje que se iba tan rápido como venía.

Como padre y maestro reivindico unos deberes ligados a una enseñanza distinta, en la que aprender no sea aburrido, en la que investigar y descubrir el mundo sea el eje sobre lo que todo pivota y, desde luego, en estas edades, dejen tiempo para vivir, para jugar, para aprender, para ser felices.

ACTUALIZACIÓN A 31 DE ENERO DE 2011

He decidido movilizar en Twitter el tema de los deberes para mostrar mi indignación ante lo que considero un abuso de autoridad, una práctica antipedagógica y un despropósito en general. Si quieres compartir tus experiencias y/o propuestas en Twitter hazlo bajo el hashtag #deberes (importante que tenga la almohadilla delante para después poder recuperar todo lo que se siga). Cualquier idea será bien recibida.

Por mi parte, he solicitado una reunión de la Asociación de Madres y Padres del colegio de mi hija pequeña para que las familias hablemos del tema y podamos llevar nuestras reflexiones y propuestas al Consejo Escolar del centro.

¿Tú qué harías? ¿Crees que debemos hablar abierta y sinceramente del papel de los deberes como están concebidos en la inmensa mayoría de los casos? ¿Debemos forzar a la discusión en los Consejos Escolares del tema?

Sigue el debate en Twitter. Haz clic en #deberes para estar actualizado o mira el widget de la barra lateral.

112 opiniones en “La tortura de los deberes”

  1. Buenas tardes.

    Una amiga me ha recomendado leer este artículo diciéndome que era muy interesante. Y es que estamos teniendo el mismo problema que reflejais en todas vuestras opiniones. En el cole de mi hija (está cursando 3º de primaria) les frien a deberes, de tal manera que las tardes se convierten en un suplicio para ella y, por ende, para toda la familia. La escuela, para mi hija, es un “rollo” y lo único positivo que le ve es el recreo. Las tareas que les mandan son inútiles. Desde copiar la explicación completa del aparato excretor (en perfecto inglés), incluidos los dibujos, hasta hojas y hojas de cuentas interminables. Todo ello una auténtica pérdida de tiempo. Ni aprende nada sobre el sistema excretor, ni mejora su comprensión de las matemáticas. Eso sí, invierte un tiempo precioso en todo ello. Tiempo, que, según mi criterio, debería invertir en jugar, explorar, relacionarse, divertirse y descansar. Las materias están planteadas para memorizar sin comprender (en particular Social Sciences) y necesitamos mucho tiempo y paciencia para preparar los exámenes. Y es que me veo explicándo el tema a mi hija desde el principio y luego “memorizándolo”, con la rabia que me da eso. Además los profesores no se ponen de acuerdo y mandan deberes sin tenerse en cuenta unos a otros, con la triste consecuencia de que hay tardes en que la cantidad de tareas a realizar es imposible. Eso sin contar con alguna extraescolar que puedas tener. El resultado: Llegamos a casa, hacemos deberes, nos duchamos, cenamos y a la cama. Eso no es vida para niños de esta edad. Yo, como adulto, no aceptaría un trabajo que condicionara todo mi tiempo libre. ¿Por qué se lo imponemos a los niños? Me gustaría poder hacer algo para intentar que mi hija no sufriera esta carga, pero me siento atada de pies y manos. Cuando lo comentas con los demás papas, hay quién comparte mi punto de vista. Pero también me encuentro con muchos otros que abrazan la máxima de que “cuantos más deberes, mejor”. Una tristeza infinita y una impotencia devastadora me invaden. ¿Como ayudo a mi hija a cambiar nuestra rutina?

    1. Hola Carmen

      He vivido eso durante años y todavía en Secundaria mis hijas siguen teniendo deberes que les condicionan. Es uno de los problemas endémicos del sistema educativo español y no tengo soluciones ya que los hemos sufrido todos sin haber sido capaces de que hubiera más que algún pequeño cambio, como evitar copiar enunciados.
      La cuestión es una de las que no se han abordado nunca en España, como no se abordan los exámenes memorísticos o el uso de libros de texto como único referente de las explicaciones. Es un absurdo, un anacronismo, un lastre. Educamos a generaciones a odiar la Escuela a desear que llegue el recreo y se acaben las clases.
      Sólo creo en el poder de la sociedad para que forcemos la reflexión y el debate porque los maestros no cambiamos en absoluto, a pesar de las sucesivas leyes que tampoco abordan el tema.
      Gracias por comentar y espero que no desfallezcas. ¡Entre todos tenemos que conseguir el cambio !

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