[A Golpe de Timbre #15] Ser profesor merece la pena, con Víctor Barbero

Hace muchos años que sigo a Víctor Barbero en Twitter. Sé que es un apasionado de su trabajo como profesor de Informática en un IES de la Comunidad de Madrid, “un instituto de barrio” como dice en el programa. Hoy en A Golpe de Timbre conversamos sobre la actual ley educativa, la LOMCE, el papel de la música, su concepción de la enseñanza y el papel de la informática en la educación actual. Una conversación tranquila de una persona que rebosa optimismo y que se acuesta con la conciencia tranquila por el trabajo realizado.

Nuestro trabajo es vocacional

La enorme especialización en la formación inicial del docente de Secundaria no esconde la vocación necesaria para poder impartir clase. Como en la sanidad, no dejamos de formarnos nunca, dice Víctor. Sin embargo, la labor docente es por encima de todo vocacional, aunque eso suponga una profesionalidad necesaria y un compromiso con los alumnos fuera de toda duda. Como muchos docentes con los que hablo, Víctor siente que trabajar con sus alumnos es una suerte enorme.

Música e informática, necesarias en el S.XXI

Víctor Barbero es violonchelista. Inició su docencia tras dieciocho años de formación musical y la preparación de la oposición a Secundaria. Ha sido profesor de música y podíes ver los materiales de sus alumnos en este canal de Youtube. Víctor comparte el material que usa con sus alumnos para que otros puedan sacar provecho del mismo. “Todos deberíamos compartir el trabajo que hacemos con los alumnos” dice en la entrevista.  Víctor reivindica el papel de la educación musical, un papel marginal con la actual ley educativa que relega las artes obviando los benficios de las mismas en la formación de las personas. Resulta que tras unos años como profesor de música obtuvo la especialidad de Informática, que es la que actualmente imparte. Una doble faceta que es fascinante y que os animo a descubrir en su blog y en la entrevista. “Nuestros alumnos no pueden ser ajenos a la informática, es una competencia básica profesional en el mundo actual que todos deben aprender”. Sin embargo, critica la chapuza institucional para poner en marcha asignaturas como Tecnología, Programación y Robótica, en la Comunidad de Madrid con un curso exprés o la normativa que permite a los alumnos promocionar de curso sin que aprueben esta asignatura, en el colmo de los sinsentidos de la actual ley.

Ser profesor merece la pena, por nuestros alumnos

Sin duda la parte de la entrevista que más me ha gustado es cuando Víctor reivindica nuestro papel como profesores, a pesar de todo. A pesar de la LOMCE, de los recortes, de los medios escasos, el optimismo de Víctor es claro: “sacamos adelante a nuestros alumnos, les ponemos en el camino para ser ciudadanos, tener su proyecto personal… podemos sentirnos orgullosos” y concluye categórico que “nuestros alumnos se lo merecen”. Una defensa radical de nuestro trabajo.

Podéis seguir a Víctor Barbero en Twitter donde es @vicbarbero y también su página web con referencias a su trabajo.

Por su parte, Jordi Martí, en La Mirada Crítica, escribe una carta abierta al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo en el que pide cosas imposibles en estos tiempos que corren: diálogo, consenso, transparencia y escucha, casi nada… ya sabéis al final del episodio encontraréis su carta. Por cierto, que nuestro ministro tiene Twitter. Puedes seguir a Jordi en Twitter donde es @xarxatic.

La sintonía del episodio es de los rusos Distemper con 3 minutes on summertime y Eracilon con su tema Cellenade pone la música del podcast. La sintonía de La Mirada Crítica es Rain Just Keeps Coming Down de Bruce H. McCosar. Podéis encontrar esta música en Jamendo.com música libre para todos.

Recuerda que si te gusta el podcast, tenemos un canal en ivoox y en iTunes en el que puedes suscribirte.

¡Que lo disfrutes!

XII CIO: profesores que salvan

Tomo el testigo de Maribel para convocar un nuevo Claustro Ideal Oficial (y ya es el duodécimo) con la responsabilidad que otorga tal circunstancia y buscando, como siempre, que nos aportemos luz en el tema que voy a presentar: los profesores que salvan.

Hace unas semanas en La 2 de TVE vi una entrevista que hicieron a Daniel Pennac a propósito de su libro Mal de Escuela y me gustó tanto que me acabé comprando el libro. Su lectura me da pie para convocar en este CIO las siguientes reflexiones y algunas preguntas.

¿Qué ocurre con los chicos que molestan? ¿Debemos echarlos del sistema educativo lo antes posible? ¿Debemos articular colchones que amortigüen su presencia en las aulas? ¿Debemos crear profesionales específicos que se ocupen de ellos?

Hace años que los chicos malotes están en los centros haciendo lo único que saben para llamar nuestra atención: molestar. Detrás de sus problemas a veces encontramos problemática familiar, desarraigo, situaciones sociales extremas… pero no siempre es así. Estos chicos y chicas tienen, ante todo, una autoestima muy baja y una sensación de fracaso permanente en todos los proyectos que llevan a cabo. Son los últimos en clase y sólo destacan porque se pasan media vida castigados en los centros. Aprenden poco en clase y mucho de la vida, no siempre bueno. Algunos profesores piensan que son irrecuperables.

En todo caso, ¿qué hace que esos chicos no acaben mal? ¿qué hace que esos chicos y chicas  tengan alguna oportunidad de seguir por un camino más fácil?

Hace años escuché en una conferencia que en la Escuela debíamos elegir entre la vía de Harvard y la vía de la prisión. La primera es una vía que se propone el éxito para todos tomando medidas al respecto. La segunda es la vía que lleva a que los chicos y chicas que “fracasan” acaben en instituciones penitenciarias y no cómo funcionarios. Las prácticas educativas de la Escuela hacen que cada año miles de chicos y chicas dejen el sistema educativo sin esperanza; muchos de los que abandonen prematuramente el sistema educativo o lo hacen ya por agotamiento no están preparados para afrontar los retos de nuestra sociedad.

Algunos chicos y chicas malotes salen adelante porque algún profesor se preocupa por ellos, se acerca a ellos como personas, les da confianza y proyecta en ellos algo diferente al pesimismo. Son profesores que dan el primer paso acercándose sin esperar a que los malotes hagan nada. No hacen milagros sólo buscan a la persona que hay debajo del personaje, conectan con los sentimientos que subyacen a las gamberradas y les enseñan. Porque sin ese acercamiento no hay enseñanza posible, sin romper esa barrera, sólo encontramos al personaje; sin conectar con la persona, sólo hay dos roles que se enfrentan.

Hay profesores, pocos, que salvan vidas.

Mis preguntas /reflexiones para los miembros del CIO serían:

  1. ¿En nuestra práctica profesional trabajamos con alumnos o personas?
  2. ¿Tenemos en cuenta a la hora de dar clase a los alumnos que tenemos delante, con sus expectativas, sus miedos, sus problemas? ¿Es posible llegar a conocer a nuestros alumnos tal y como está estructurado el sistema educativo? ¿Es necesario? ¿Tenemos que dejar esa parte del trabajo a a figura del tutor? ¿A la del orientador, quizás?
  3. ¿Hemos tenido experiencias con malotes?  ¿Nos cuesta llegar a ellos? ¿Nos relacionamos desde nuestras figuras de profesor, maestro, jefe de estudios, director, orientador…? ¿Nos relacionamos a través de las normas de convivencia?
  4. Una Escuela comprensiva como la nuestra acoge una gran diversidad de alumnado. ¿Tienen que existir profesores especiales para estos chicos que molestan? ¿Tenemos que articular programas específicos para ellos? ¿Tenemos que buscar instituciones apropiadas para ellos?
  5. ¿Cómo debemos actuar los profesores para que se pierdan el menor número posible de alumnos?
  6. ¿Estamos formados para saber descubrir a las personas que hay debajo de los personajes que interpretan esos alumnos y alumnas difíciles? ¿Sería importante afrontar ese aspecto de nuestro trabajo?

Con el ánimo de encontrar luz a estas cuestiones, queda convocado el Claustro Ideal Oficial que estará abierto durante las próximas semanas.

Imagen: FlickrCC

Quiero escribir sobre ti

Hace tiempo que quería escribir sobre algo tan obvio y tan básico como que los alumnos son importantes para mi. Lo son en cuanto personas; lo son en cuanto aprendices; lo son en cuanto que dan sentido a mi trabajo; lo son en cuanto que aprendo con ellos y de ellos; lo son en cuanto que dan vida con su vitalidad inagotable… también me dan cosas que no son tan gratificantes, como la vida misma.

Pero hoy, quiero escribir sobre ti, que ya no quieres ni venir al instituto.

Tienes tus razones. La enfermedad te está afectando cada día más y quieres estar estar cerca de los tuyos, especialmente de tu madre. En los últimos años la enfermedad te ha ido mermando movilidad y te ha obligado a estar en una silla de ruedas, primero, y en la cama, después. Has renunciado a la motivación de aprender, has renunciado a todo, en realidad porque sabes que tu vida se apaga.

Y tienes miedo.

Me siento cerca de ti y de tu familia. He compartido contigo los últimos años, he intentado enseñarte cosas y hacerte reír. No tengo palabras, pero las que me salen ahora quiero que sean para tí, como un homenaje a tus ganas de vivir, a tu esfuerzo por seguir un día más y a la fuerza de tu familia, especialmente, tu madre, que no te deja ni un momento.

Ojalá pudiéramos hacer algo, ojalá pudiera transmitirte algo de confianza, sé que sólo tu madre te la da y por eso estás cerca de ella. Haces bien.

Pero quiero que sepas que haberte conocido ha merecido la pena, que me has influido, que has hecho que repare en cosas importantes y que trabajar contigo no sea algo rutinario. Quiero que sepas que eres importante para mí, aunque quizás no te lo haya hecho sentir lo suficiente. Quiero que sepas que te echo de menos en el Instituto y que espero verte de nuevo y bromear contigo sentado en tu silla, cuando sales al patio.

Hoy quería escribir sobre ti.

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Estadísticas y calidad

Cuando finaliza el trimestre en los Institutos de Educación Secundaria, el Equipo Directivo presenta al claustro un informe con las estadísticas del rendimiento académico del alumnado. Estos informes reflejan los porcentajes de aprobados y suspensos en cada materia y en cada curso y nos devuelven, en forma de estadísticas, uno de los pocos aspectos de la realidad educativa de los centros que se cuantifica. Esta práctica de manejar estadísticas del rendimiento debe constituir, desde mi punto de vista, uno de los puntos de partida del análisis del trabajo que hacemos en los centros para poder mejorar, aunque no el único, puesto que hay múltiples interrelaciones que explican el rendimiento académico del alumnado.

Habida cuenta de que en los últimos años el rendimiento académico del alumnado cae de manera gradual y constante, los docentes hemos de preguntarnos algo al respecto. Sabemos que el sistema educativo, en general, no está bien, así lo atestigua el Informe PISA, pero no podemos quedarnos ahí. Imaginemos por un momento, que una empresa cualquiera tuviera unos resultados económicos negativos, mes tras mes: saltarían todas las alarmas y se haría una revisión de los procesos implicados en la misma, ya sean comerciales, productivos, contables… ¿qué es lo que está fallando?

Los centros educativos no somos una empresa y medir nuestro grado de éxito o fracaso en función del rendimiento del alumnado sería simplista e injusto, probablemente. Como son muchos los factores que inciden en el rendimiento del alumnado, algunos de estos factores se nos escapan a nuestro control y difícilmente podemos intervenir sobre ellos. No podemos intervenir en las dinámicas familiares, ni en la extracción social de nuestros alumnos, ni en los valores sociales predominantes, ni tampoco tenemos, por desgracia, demasiado protagonismo en la gestión de las leyes educativas, salvo en su cumplimiento. Esto es evidente y no necesita un análisis más profundo.

Sin embargo, lo que no resulta ya tan evidente es considerar a todos los factores que intervienen en el rendimiento del alumnado como ajenos a nuestro trabajo, a nuestra práctica diaria. Según un estudio de la Universidad de Salamanca aplicado a alumnos universitarios, una parte de la responsabilidad recaería en los propios alumnos, algo que constatamos a diario en los centros:

(…) entre las causas atribuibles al propio estudiante figuran la falta de autoexigencia y responsabilidad, el deficiente aprovechamiento de las horas de tutoría y el insuficiente dominio de las técnicas de estudio por parte del alumno. Los docentes también atribuyen este bajo rendimiento a la falta de esfuerzo para centrarse en el estudio, la escasa motivación y la falta de orientación al elegir la titulación.

En ese mismo estudio, se señala que otros factores serían directamente atribuibles a los profesores:

Por otra parte, entre las causas debidas a los propios profesores el informe subraya la baja estimulación para la dedicación a la tarea docente, la falta de estrategias de motivación por parte del profesor y la escasa comunicación entre docente y alumno.

La cuestión es, por tanto, mucho más compleja que simplemente atribuir el bajo rendimiento a la falta de exigencia y esfuerzo del alumnado, teniendo los profesores una parte de responsabilidad y, por tanto, una parte de la solución. Desde luego, mirar hacia otro lado no va a mejorar la situación. No olvidemos, además, la parte de la responsabilidad que recae en la administración educativa, quien provee de recursos y hace las leyes. En este sentido, la realización de planes de refuerzo y apoyo y, el aumento del gasto educativo, tienen también una gran parte de responsabilidad. Ahora bien, no es un factor que posamos controlar desde los centros, aunque sí reivindicar su mejora, algo que hemos olvidado con demasiada frecuencia.

¿Y entonces qué hacemos? Creo que hay que apostar por la calidad y el establecimiento de planes integrales de calidad en los centros educativos que permitan analizar de manera global las interrelaciones existentes en toda la comunidad educativa, familias, alumnado y profesorado.

La OCDE (1995) define la educación de calidad como aquella que “asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades destrezas y actitudes necesarias para equipararles para la vida adulta”. Existen dos modelos de calidad total aplicados a la educación: el modelo basado en las normas ISO 9000 y El Modelo Europeo de Gestión de la Calidad (EFQM). Cada vez más centros entran en un proceso de análisis de su estructura para obtener los sellos que acrediten la calidad en la educación que imparten y parece que es una tendencia en aumento, a pesar de que algunos compañeros, como nuestro amigo de Boluesis, piensan que no sirve aplicar modelos empresariales a instituciones educativas. Yo no lo tengo claro del todo, pero prefiero aventurarme y sacar conclusiones posteriormente.

Pere Marques, en su blog, dice que los centros educativos eficaces (que aplican los criterios de calidad total) son aquellos en los que existe:

– Compromiso con normas y metas compartidas y claras. Los fines generales de la educación deben considerar las tres categorías básicas: la competencia académica y personal, la socialización de los estudiantes y la formación integral.

– Búsqueda y reconocimiento de unos valores propios .

– Liderazgo profesional de la dirección. La actividad directiva se centra en el desarrollo de actividades de información, organización, gestión, coordinación y control. Supone una continua toma de decisiones en aspectos : administrativos y burocráticos, jefatura del personal, disciplina de los alumnos, relaciones externas, asignación de recursos, resolución de problemas… Debe conocer bien lo que pasa en el centro, mediar en la negociación de los conflictos y ver de tomar decisiones compartidas.

– Estabilidad laboral y estrategias para el desarrollo del personal, acorde con las necesidades pedagógicas de cada centro. Procurar el aprendizaje continuo del profesorado y la actualización de los contenidos, recursos y métodos.

– Curriculum bien planeado y estructurado, con sistemas de coordinación y actualización periódica..

– Clima de aprendizaje. La enseñanza y el aprendizaje deben constituir el centro de la organización y la actividad escolar. Se debe cuidar el ambiente de aprendizaje buscando el aprovechamiento del estudiante y el empleo eficiente de los tiempos de aprendizaje. La motivación y los logros de cada estudiante están muy influidos por la cultura o clima de cada escuela.

– Profesionalidad de la docencia.: organización eficiente del profesorado, conocimiento claro de los propósitos por los alumnos, actividades docentes estructuradas, tratamiento de la diversidad, seguimiento de los avances de los estudiantes, uso de refuerzos positivos, claras normas de disciplina…Eficacia docente

– Expectativas elevadas sobre los alumnos y sus posibilidades, comunicación de estas expectativas, proponer desafíos intelectuales a los estudiantes…

– Atención a los derechos y responsabilidades de los estudiantes, darles una cierta responsabilidad en actividades del centro, control de su trabajo, atender a su autoestima…

– Elevado nivel de implicación y apoyo de los padres. Participación de la comunidad educativa (Consejo Escolar, AMPA…)

– Apoyo activo y sustancial de la administración educativa

¡Habrá que ponerse las pilas!

pdf1.PNG Introducción al modelo EFQM

Imagen: FlickrCC

El primer día de clase

La primera impresión es la que cuenta

Este era el eslogan de un anuncio comercial de una colonia que pasaron por Televisión Española hace años. Me viene al pelo para hablar del primer día de clase, ya que aunque desde la semana pasada estamos trabajando en el Instituto, las clases no comenzarán hasta el próximo lunes.

El primer día de clase es clave para sentar las bases de un buen comienzo de curso y no se debe dejar, en absoluto, a merced de la improvisación. Os voy a dar algunos ingredientes imprescindibles para ese primer día:

  • Presentarte ante los alumnos con tu nombre y apellidos.
  • Pasar lista de todos tus alumnos. Preguntarles cómo quieren que sean llamados (evitando motes).
  • Presentar cuáles son los objetivos de tu asignatura.
  • Presentar cuáles serán los contenidos que trabajaréis durante el curso.
  • Presentar la forma de trabajo específica de tu materia: toma de apuntes, ensayos, exposiciones, trabajos individuales, en grupo…
  • Enumerar los materiales necesarios para seguir la materia (libros, memoria USB, cuadernos…).
  • Exponer claramente cuáles serán los criterios para obtener una calificación positiva de tu materia.
  • Transmitir las altas expectativas que tienes para que ellos obtengan el máximo rendimiento posible. Explicitar tu compromiso de trabajo en este sentido.
  • Establecer las normas específicas para ese aula (si es que son necesarias).
  • Realizar alguna actividad respecto a lo que conocen de tu asignatura, especialmente si es nueva para ellos (ideas previas, expectativas, qué han oído sobre tu materia…).

Como primer día, es posible que no puedas abordar todos los aspectos, en ese caso, puedes centrarte en el conocimiento y presentación del grupo, las normas y lo que te dé tiempo de tu asignatura, ya que podrás continuar al día siguiente. Es muy aconsejable, además, tener una pequeña ficha con los datos más significativos que consideres oportuno, especialmente si no eres el tutor. Esta ficha recogerá aspectos académicos, personales, familiares y sociales. Respecto al temario de la asignatura, si dispones de libro de texto ésa será su referencia pero es importante dar por escrito lo demás, es decir, objetivos, criterios de calificación, aspectos relativos al material, etc.

El efecto de un buen primer día de clase es muy importante en la motivación de los alumnos que van a sentirse más implicados desde el primer momento con tu asignatura y van a tener muy claro el marco de referencia en el que tienen que moverse. De este modo, las reglas del juego quedan bien claras para todos evitando, en sesiones sucesivas, estar centrando a los alumnos respecto a los objetivos de la asignatura y su forma de trabajo.

¡Buen comienzo!

Recuperar la exigencia, sí, de profesores y alumnos

EL pasado 19 de diciembre en El País, el catedrático de Instituto (por mucho que se empeñe en auto proclamarse de Enseñanza Media esta denominación desapareció con la LOGSE hace muchos años) Josep Valera i Serra habla del reto que tiene la educación de recuperar la exigencia, la exigencia de los alumnos que aprenden, según el autor, que sin esfuerzo se puede pasar de curso y, por lo tanto, los discursos moralistas de los profesores de que se esfuercen no sirven para nada. Ya se sabe, el currículo oculto tiene más fuerza que las palabras, es decir, la fuerza de los hechos anula el discurso.

Estoy por completo de acuerdo en ese aspecto con el compañero (yo también soy profesor de Instituto, aunque no sea catedrático) sólo que su tesis es incompleta: hay que recuperar también la exigencia del profesorado. ¡Qué barbaridad estoy diciendo! Pues claro, mi compañero ha olvidado que no todo el profesorado de Secundaria tiene ese compromiso de exigencia para atender a la diversidad del alumnado que tiene en sus clases. Una exigencia fruto de los cambios sociales de los últimos años y que obliga necesariamente a una actualización constante, a la coordinación y trabajo en equipo, a la renovación de técnicas didácticas que superen al libro de texto como el único -o casi- material curricular, a la implicación de las familias en los procesos de aprendizaje, al valor de la orientación y tutoría… seguiría hablando de las exigencias que tenemos como docentes, catedráticos o no, con nuestros alumnos, con sus familias y con la propia sociedad, pero lo dejo ahí. Tenemos el reto de exigirnos más para poder exigirles más a los demás.

Es verdad que ninguna ley va a resolver los problemas educativos si no empezamos por construir una nueva cultura educativa y unas nuevas prácticas profesionales. Cultura educativa de los profesores, los profesionales de esto, basada en la colaboración, el trabajo en equipo, la flexibilidad organizativa, el respeto y activa implicación del alumnado y sus familias. Para ello deberíamos hacer un análisis crítico de nuestro nivel de exigencia y no echar las culpas a los alumnos para descargar nuestras conciencias. Pero además, tenemos que desarrollar unas prácticas educativas nuevas basadas en una concepción del aprendizaje no transmisiva en la que el profesor lo sabe todo y el alumno nada: más investigación, análisis, trabajo en equipo, metodologías activas, uso de las nuevas tecnologías, etc. con el objetivo de que los alumnos aprendan capacidades que les permitan afrontar los múltiples aprendizajes que tendrán que realizar a lo largo de su vida en un entorno social, político, económico y cultural cambiante.

Curiosamente, las empresas lo que más valoran en la contratación de los nuevos profesionales, POR ENCIMA DE TODO LO DEMÁS, es la capacidad de aprender de éstos, la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones y entornos, la capacidad de resolver situaciones problemáticas, las habilidades de relación personal y la capacidad de trabajar en equipo.

Ya lo creo que el reto es la exigencia, la nuestra, la de todos los que formamos el sistema educativo para lograr que nuestros alumnos tengan su propio proyecto personal y las herramientas para llevarlo a cabo.

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El desdén de los alumnos

Vicente Verdú analiza en el artículo publicado en El País el pasado 18 de noviembre el fracaso de las reformas educativas que no se planteen porqué los alumnos no se esfuerzan, no se interesan o no valoran lo que se les propone desde la Escuela. Es un fenómeno occidental que trae de cabeza a los políticos que no acaban de comprender los cambios culturales que afectan, de qué manera, a la juventud y que van muy por delante de la propia cultura política identificada como la “aceptable”.

Un artículo recomendable que puedes leer íntegramente aquí.