Feliz Navidad, regalemos nuestras palabras

Es mi deseo para todos vosotros: Feliz Navidad. En estos días de sinceros deseos, regalos y encuentros familiares, quiero compartir una forma de hacer un regalo diferente: regalar nuestras palabras.

Amnistía Internacional es una ONG que vela por los Derechos Humanos en todo el mundo. Utiliza las acciones noviolentas para conseguir sus fines y vela porque se respeten y garanticen los Derechos Humanos en el planeta,  proporcionando apoyo legal a personas encarceladas por sus ideas o denunciando situaciones de incumplimiento de los Derechos Humanos.

Con motivo de estas fiestas, Amnistía nos propone que nuestras palabras sirvan a tres personas: el padre vietnamita Nguyen, el abogado sirio Anwar y la activista iraní Ronak, todos ellos presos de conciencia, encarcelados por sus ideas. Desde esta página de Amnistía Internacional podemos enviarles nuestras palabras y hacer realidad uno de los deseos de felicidad que tenemos estos días.

Lo dicho, mis mejores deseos para todos.

Lo cotidiano no importa (a casi nadie)

11 M

¿Cuántas horas de radio y televisión se han dedicado al “monstruo de Austria” que secuestró a su hija durante 24 años y le hizo siete hijos y muchas barbaridades que no quiero reproducir y que me repugnan? ¿Cuántas páginas de los diarios escritos y digitales? Seguramente, excesivas, no tanto por la magnitud de la tragedia como porque es una noticia que proporciona magníficos titulares y audiencias. Estas noticias son de las preferidas porque no desvelan todos los detalles a la primera y según avance la investigación, el público ávido de nuevos detalles consumirá fervorosamente la carnaza informativa.

Los secuestros, en general, se venden bien, mejor si son infantiles, claro. Si se acompañan de escándalo judicial entonces las tertulias de los medios de comunicación o los foros de Internet echan chispas. En general, lo importante son los hechos, los detalles, la indignación sobre lo sucedido, lo que pudo hacerse, y todo lo demás, dejando de lado, en la mayoría de ocasiones, a los seres humanos y sus tragedias personales.

Sin embargo, afortunadamente, no hay todos los días secuestros o barbaridades como la de Austria; la realidad cotidiana suele ser mucho peor para miles, millones de personas que, lejos del poder mediático de los medios occidentales, nacen, mueren y desaparecen en la mayor de las ignorancias y en el mayor de los olvidos y, como diría Eduardo Galeano, valen menos que la bala que les mata. Tómese bala en sentido figurado y cámbiese por hambre, misil, territorio… el caso es que el horror cotidiano no importa, a casi nadie.

Al mismo tiempo que nos enterábamos de lo sucedido en Austria, en el mundo sucedían muchas que a los occidentales deberían preocuparnos algo más y que suelen ser relegadas a las páginas interiores de los diarios o a la fugacidad de la primera página de la web en lugares difíciles. En esos días en Darfur seguían cometiéndose las barbaridades habituales sin la menor reacción internacional, Israel cometía el enésimo crimen de estado contra niños palestinos en medio de la mayor catástrofe humanitaria producida por el bloqueo israelí en Gaza o en China se dictaban duras condenas a los instigadores de las “revueltas” en el Tibet, por citar tras escenarios diferentes; pero aún más, pasa todavía más desapercibido el llamamiento mundial contra la crisis de alimentos que dejaría en estado crítico (aún más) a millones de personas.

Me vais a perdonar que no hable de educación hoy, ¿o esto no debería contarse en las escuelas?

Ciertamente, a las personas occidentales que tenemos el privilegio de vivir con ciertas seguridades nos cuesta imaginarnos cómo será un día sin agua o una taza de arroz, un día sin poder dormir por el ruido de los aviones pasando sobre tus casas, un día sin ataques de ansiedad por el miedo a que la próxima bomba te caiga encima o un día esperando a que vengan a violarte unos soldados ávidos de relajación y desenfreno. Cuesta mucho, pero es lo que viven cotidianamente muchos millones de personas ante la más absoluta indiferencia de nuestros gobiernos ricos y occidentales y nuestras sociedades. Y en medio de este panorama desalentador, nunca antes tantas personas organizadas en torno a eso que se llama la sociedad civil, hemos podido hacer oír nuestras voces para que las de los que no las tienen no se apaguen ni se pierdan en el olvido, que es peor aún que su propia muerte.

Por eso y por encauzar mi rabia y poder sonreír cada mañana, colaboro con Organizaciones No Gubernamentales que tratan de combatir la indiferencia y luchar por un mundo que sea, cotidianamente, más justo. Todas tienen en común su independencia política y económica (no todas pueden hacer gala de ello) y ofrecer, además, amplias posibilidades de activismo, incluyendo el educativo. Por si os animáis:

logo AI Amnistía Internacional

logo MSF Médicos Sin Fronteras

logo HREA Human Rights Education Associates

Wanted for War Crimes

Imagen: FlickrCC

Día Internacional de la Discapacidad

115576714_b866b21abd_m

La ONU declaró en 1992 el 3 de diciembre como el Día Mundial de la Discapacidad. Esto de poner días internacionales de cualquier cosa es muy interesante y, no sé hasta que punto, práctico. Por un día, nos dicen, la sociedad se conciencia sobre la problemática de la violencia de género, el SIDA, la discapacidad, los refugiados, la paz y así hasta casi el infinito, la temática es variada y, además, justificada. Al menos, por un día, el asunto en cuestión está en el “candelabro” (como dice un buen amigo mío): sale en las noticias de radios, televisiones y prensa, acompañado de ilustres declaraciones instando a que todos nos comprometamos en pro de la noble causa en cuestión. El día puede estar acompañado de lazos de colores u otros símbolos externos que identifican la solidaridad con la causa de quienes lo llevan. ¡Todo perfecto!

El problema suele venir al día siguiente, y al otro, y el resto de los días del año, que mira que se hace largo para quienes padecen discapacidad. En España hay 3,5 millones de personas con discapacidad y disfrutan de una situación que podríamos llamar, cuanto menos, curiosa. Tenemos unas leyes que proporcionan los máximos derechos para las personas con discapacidad equiparándolos al del resto de ciudadanos aunque éstas se cumplan en un porcentaje más bien escaso. Tenemos leyes que incentivan a las empresas que contraten a personas con discapacidad; tenemos contratos especiales para estas personas; tenemos leyes que instan a que no haya barreras arquitectónicas en edificios públicos o en las vías públicas; tenemos leyes que consagran la integración de personas con discapacidad en el sistema educativo y hasta la afamada Ley de Dependencia que consagra la asistencia del Estado a las personas con discapacidad y sus familias, en función del grado de dependencia de aquellas. Si será por leyes, a eso no nos gana nadie.

Ahora bien, fuera de días internacionales y leyes, la realidad, la cruda realidad es tozuda. Hay avances, pero son insuficientes. Las calles de mi barrio están llenas de bordillos imposibles para personas que usen silla de ruedas. Por su puesto, los autobuses no están preparados (excepto un pequeño porcentaje de los mismos) para personas con movilidad reducida, qué decir del tren de Cercanías o del Metro. Tenemos zonas de estacionamiento reservado a minusválidos (me niego a usar una palabra ofensiva) personas de movilidad reducida que frecuentemente está ocupada por conductores sin escrúpulos y sin conciencia. De los edificios públicos prefiero no hablar: bordillos, peldaños y escaleras campan por sus respetos. Si quieres ir al cine, te ofrecen la “fila cero” a un metro de la pantalla para que no subas escaleras, ¡¡qué amables!! porque estos espacios de ocio no están pensados para esas personas de las que hoy toca acordarse.

A las personas sordas o ciegas las cosas no les a mucho mejor, aunque hay avances. Por fin se ha reconocido la Lengua de Signos como una lengua oficial del Estado aunque los intérpretes brillen por su ausencia. El calvario de las personas sordas cuando tienen que hacer trámites cotidianos, como ir al médico, al banco, al taller o al supermercado… luego dicen que se aíslan, ¿se aíslan o los aislamos?

¿Y si hablamos de la discapacidad intelectual ? ¿Y las personas con varias discapacidades? Podríamos seguir hablando de la problemática de un colectivo inmenso y sus familias, personas que TIENEN LOS MISMOS DERECHOS que los demás, que no necesitan lástima ni tampoco beneficencia, sino JUSTICIA, que narices, que para eso estamos en un Estado Social Democrático y de Derecho. Y en esto sí que envidio a los países del Norte de Europa, justamente donde nació el movimiento reivindicativo de los derechos de las personas con discapacidad, que viven al margen de las perniciosas influencias morales que corren por los países del Sur. ¡Todavía nos queda un largo trecho hasta conseguir la igualdad!

Acabo con una historia personal. Hace dos años accedía a una plaza de profesor asociado en la Universidad Autónoma de Madrid, en concreto en la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Cuando llegué al despacho que me asignaron en un tercer piso sin ascensor yo comenté que soy una persona con movilidad reducida que no puede subir ni bajar escaleras. El jefe de departamento, muy amable, me ofreció la solución de “tener dos becarios a mi disposición que me subieran a la silla la reina como a los alumnos con discapacidad” a lo que un servidor añadió que no, que uno tiene su dignidad y que si para ir al wc situado dos plantas más abajo o a hacer fotocopias, o al bar o a la biblioteca necesito que me lleven, mejor que no¿pero no hay una ley que obliga a suprimir las barreras de los edificios oficiales? Sí pero aquí hay que respetar la arquitectura del edificio. Pues vale, pues yo no subo escaleras, no firmo el contrato. Finalmente me ubicaron en la Facultad de Económicas con tal mala suerte que tuve un accidente antes de comenzar mis clases y, habiendo firmado ya mi contrato, aprovecharon el tiempo que estuve convaleciente para anular mi plaza y convocarla de nuevo. Un problema menos.

Imagen FlickrCC

¿Y nadie le cortará las…alas?

Un imán saudí ha explicado en la televisión libanesa cómo pegar a la mujer, eso sí con un cepillo de dientes para no pasarse. Lo he leído en 20 minutos y, qué decir, lo siento, pero soy muy intolerante con prácticas religiosas basadas en supuestas revelaciones de profetas. Simplemente son un delito. Frente a la barbarie, Derechos Humanos, educación y la justicia, toda la justicia, pero no la religiosa, sino la muy civilizada justicia inspirada en los Derechos Humanos.

El vídeo dichoso.

Los medicamentos no deberían ser un lujo

¿Qué importa más las personas o los beneficios?

Esta semana el Congreso de los Diputados vota una resolución de apoyo al derecho de los países en desarrollo a disponer de los medicamentos genéricos esenciales que su población necesita. Los diputados tienen la oportunidad de demostrar que entienden la salud como un derecho, no como un lujo.

A pesar de que la organización Mundial de Comercio (OMC) reconoció en 2001 el derecho de todos los países en vías de desarrollo a acceder a medicamentos esenciales a un precio asequible, las empresas farmacéuticas siguen presionando para impedir que esto sea una realidad. Recientemente en Brasil o India hemos asistido a sendos conflictos con las multinacionales farmacéuticas por estos hechos.

Podemos y debemos exigir que la salud no sea un lujo. Entra en la web de la campaña y únete a la petición de Médicos sin Fronteras e Intermon/Oxfam.


¡Derechos Humanos, ya!

amnistialeon.jpg

Hace muchos años que reivindicamos los Derechos Humanos el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. No es una fecha más. Detrás de este día hay miles de personas anónimas que buscan un mundo mejor, más justo, frente a Gobiernos y Estados que practican las violaciones más horribles de los derechos humanos en nombre de la libertad, la lucha contra el terrorismo, las leyes religiosas, las tradiciones o costumbres, la seguridad, la libertad

Frente a cualquier razón, sea de Estado o no, frente a cualquier justificación, política, económica, social frente a todas ellas juntas o por separado, la Declaración Universal de los Derechos Humanos es el único principio inspirador de las políticas de todo gobierno o estado. Nada más y nada menos.

Bájate la Declaración en PDF pdf1.PNG

Peter Gabriel, Tracy Chapman, Bruce Springsteen and Youssou Ndour cantaron la mítica canción de Bob Marley, Get up, stand up. Disfrutadla.

[audio:http://www.victorcuevas.es/educadores21/wp-content/uploads/2006/12/get_up.mp3]

En la foto, puesto callejero en la ciudad de LEÓN del grupo local de Amnistía Internacional llamando la atención sobre los Derechos Humanos ayer sábado junto al palacio Botines.

Únete a Amnistía Internacional pinchando aquí

Inmigrantes hoy, ciudadanos mañana


Con permiso de FORGES vamos a comentar esta viñeta.

El pasado 30 de agosto se publicó la noticia de que los inmigrantes aportan al crecimiento de España un 3,2% del Producto Interior Bruto (PIB) cada año durante los últimos diez ejercicios.

Ya sabíamos que los inmigrantes trabajan en sectores económicos de fuerte demanda de mano de obra: construcción, servicios, agricultura extensiva, cuidado de personas y empleo en el hogar, principalmente. Sabemos también que estos empleos son ocupados por inmigrantes ante la negativa de los españoles a ocuparlos, principalmente por el aumento del nivel de vida experimentado, el aumento de la formación de los que buscan empleo, el bajo nivel de los salarios en estos sectores o las condiciones laborales, a menudo duras.

Igualmente sabemos, por nuestros padres o tíos que emigraron a Alemania, Francia o Bélgica, por poner algunos ejemplos (los abuelos, en algunos casos) que éstos inmigrantes, que buscan una vida digna dejando todo tras de sí y corriendo innumerables riesgos, son capaces de trabajar duro para salir adelante y cumplir sus sueños. Siempre ha sido así.

Aún tendrá que pasar algún tiempo para que estos inmigrantes que llegaron hoy, ayer y llegarán mañana, sean ciudadanos con todos los derechos y deberes reconocidos. De momento con su trabajo han contribuido a que el crecimiento económico fuera mucho mayor que si no hubieran venido. Dentro de unos años, además, serán personas destacadas en los más diversos ámbitos sociales, económicos o culturales.

Una voz prodigiosa, BUIKA, de origen guineano, me sirve para cerrar este comentario.