[A golpe de timbre #7] cambiar radicalmente la Escuela con Alfredo Álvarez

Alfredo Álvarez, @noveleirez en Twitter, es un orientador vocacional. Trabaja en el IES Salvaterra de Miño, en Galicia y lleva entre manos, además de su faceta orientadora, el proyecto Table Tea. Es un defensor del cambio radical de la Escuela en unos tiempos en los que tenemos a nuestro alcance todas las herramientas para poderla cambiar desde dentro. La pregunta es obligada, ¿por qué no cambia la Escuela? Básicamente, porque los que trabajamos en ella no queremos. Alfredo se define a sí mismo como un salmón educativo que lucha contra los cuatro jinetes del Apocalipsis educativo ¿Quieres saber porqué?
En la conversación encontrarás algunas reflexiones de Alfredo que te anticipo:

Lo emocional es clave en el aprendizaje, ya lo decía Platón

A propósito de la falta de conexión emocional entre lo que aprendemos y cómo lo aprendemos.

Todos servimos para algo

La calificación numérica reduce la medida de los aprendizajes y produce un efecto negativo en el autoconcepto académico de los alumnos.¿Cómo es posible que en la Escuela no sepamos valorar las capacidades de los alumnos?

Me niego a educar en la frustración

Compartimos la visión del aumento de problemas psicológicos en la Escuela relacionados con la falta de respuesta de los alumnos a un sistema infame. La medicalización y las etiquetas no son la solución, como tampoco pretender que todos acepten como bueno algo que no lo es. ¿Sabemos cuánto ha aumentado la tasa de suicidios entre los jóvenes en España?

La Escuela debe compensar las desigualdades

No es una moda sino un principio básico del sistema educativo: compensar las desigualdades con los medios apropiados y una respuesta ecológica de todos los actores del sistema educativo.

Podemos cambiar el sistema educativo: sabemos lo que funciona y lo que no

Ya no hay excusas. Sabemos qué funciona y qué no pero seguimos haciendo lo mismo. ¿Comodidad? ¿Excusas? Nos falta autocrítica y nos falta orientarnos al cambio. Hagamos cosas diferentes para que el sistema educativo cambie. Podemos y debemos hacerlo.

Por su parte, Jordi Martí, @xarxatic, nos habla en La mirada crítica de la formación docente, del planteamiento actual de la formación en línea y de los contenidos de la misma, cuestionando ambos aspectos. No te lo pierdas al final del episodio.

La sintonía del episodio es de los rusos Distemper con 3 minutes on summertime y Gregorie Lourme con Spirit of Africa pone música al podcast. La sintonía de La mirada crítica es Rain Just Keeps Coming Down de Bruce H. McCosar.

Como siempre, la música libre mejor en jamendo.com.

Recuerda que si te gusta el podcast, tenemos un canal en ivoox y en iTunes para que te hagas seguidor.

¡Que lo disfrutes!

Si prefieres descargar o escuchar el podcast desde la Radioteca de Radialistas, usa el banner de aquí abajo.

¿La Escuela es inclusiva realmente?

Os presento un documental sobre la historia de Rafa Calderón, una persona con Síndrome de Down. Para tantos como él, la Escuela no ha sido el trampolín para que pudiera desarrollar todas sus potencialidades y ejercer sus derechos como uno más. Si con legislaciones proclives a las personas con necesidades especiales no conseguimos una inclusión plena, con el anteproyecto de la LOMCE sencillamente nos olvidamos de ellos. Detrás de el colectivo de personas con discapacidad intelectual hay una luche enorme, desigual, agotadora de sus familias. Reconozcamos que sin ellas, muchas de estas personas no podrían desarrollar su potencial.

Esta entrada es para reflexionar. Porque sigo oyendo, a diario, en los centros educativos cuestionar que los alumnos con necesidades especiales tengan que estar en la Escuela ordinaria. Las personas con discapacidad no necesitan lástima, necesitan ejercer sus derechos. ¿Estamos en eso? ¿Tu centro educativo es inclusivo? ¿Tu aula es inclusiva?

Rafa Calderón obtuvo el título de la ESO contra la opinión de la Escuela, el de Bachillerato y los diez cursos de los Grados Elemental y Profesional de Música. El camino fue muy duro, nada de un cuento de hadas.

Hace muy poco Boris Mir hablaba de los agrupamientos escolares como una de las claves organizativas de los centros para poder realizar prácticas inclusivas. Deberíamos tomar buena nota porque la Escuela está llena de prácticas segregadoras de las que no tomamos conciencia.

¿Cuándo copiaremos a los países avanzados en el desarrollo de los derechos de las personas?

Un homenaje a las personas con Síndrome de Down y a quienes se empeñan en que disfruten de todos sus derechos.

Toda la historia de Rafa está en el libro que ha escrito el hermano de Rafa y que da testimonio de la lucha familiar porque Rafa pudiera desarrollarse como persona, como el resto de personas.  Esta es la referencia: Calderón, I. y Habegger, S. (2012): Educación, hándicap e inclusión. Una lucha familiar contra una escuela excluyente. Octaedro Andalucía, Granada. Lo voy a comprar ahora mismo.

Aprender no es aburrido… aunque nos empeñemos en lo contrario

Aprender no es aburrido, a pesar de que muchos profesores se empeñen en mostrar lo contrario. Aprender requiere esfuerzo, sin duda, pero no es aburrido, al menos, no lo es siempre como nos empeñamos insistentemente los profesores proponiendo en clase siempre las mismas cosas una y otra vez.

Tras dos días de clase, mi hija que estudia 2º de ESO volvió a casa contenta porque “un profesor había conseguido hacerles reír y preguntarles cosas personales” mientras que la mayoría se habían limitado a decirles lo importante y difícil de su asignatura, que tenían que estudiar mucho, bla, bla, bla…desde luego, que no fueran a clase sin libros de texto, patrimonio del saber que hay que memorizar adecuadamente en cómodas dosis para demostrar que se aprende. Sin embargo, unos días después se acabó la magia:

Papá, es un rollo, no hacemos nada más que estar sentados toda la mañana escuchando a un profesor detrás de otro…

No te preocupes, seguro que usáis los ordenadores, trabajáis en equipo, investigáis, vais al laboratorio, utilizáis Internet…

¡¡Qué dices!! Ni siquiera nos llevan a la sala de ordenadores. Todo el día en clase, como siempre. Encima con el bilingüe tenemos más horas… yo no quiero esto.

No estoy seguro de que los que estemos leyendo esta entrada y seamos profesores pudiéramos aguantar lo que pedimos a nuestros alumnos: concentración extrema para seguir explicaciones magistrales, toma de apuntes autónoma, interés infinito por nuestra asignatura, comprensión de la importancia capital de nuestra asignatura, exigencia de memorización de los contenidos, etc, etc. sólo porque tenemos que hacerlo, porque es nuestra obligación como estudiantes.

No estoy seguro de que la venta del porvenir ejerza el más mínimo estímulo sobre adolescentes que tienen su horizonte vital en el fin de semana y, además, son conscientes de la difícil situación de jóvenes preparados que no tienen trabajo (la tasa de paro juvenil en España es del 40%, el triple de la media mundial y el doble de la europea). “Estudia para ser algo en la vida” es un eslogan a la baja.

Estoy seguro, sin embargo, que nuestra sociedad no es la que nosotros vivimos cuando éramos adolescentes y teníamos interiorizados estos mensajes que aún hoy consideramos verdades reveladas. Vivimos en un país moderno, abierto, con ciudadanos de orígenes diversos y culturas diversas, en una sociedad que evoluciona rápidamente y que pide a sus ciudadanos que se adapten a los cambios.Una sociedad en la que las empresas buscan profesionales sin miedo a los retos, que sepan aprender y trabajar en equipo, que se centren más en las soluciones que en lo problemas, que innoven e investiguen, que hablen idiomas y viajen. Vivimos en una sociedad que si quiere superar el crecimiento basado en la construcción debería invertir en conocimiento, esto es, en Educación e Investigación. Lamentablemente, no es así.

Sin embargo, no encuentro explicaciones que justifiquen seguir haciendo en los centros educativos lo que se ha hecho siempre sin plantearse si esto tendrá algo que ver con la baja motivación del alumnado o con el desastre de nuestro sistema educativo. Llevo demasiados años escuchando únicamente la explicación de que los alumnos no estudian y las familias no apoyan, hechos que siendo ciertos con matices, no excluyen explicaciones más profundas que nos llevan al centro de nuestro trabajo: hacemos que el aprendizaje sea un auténtico aburrimiento, un tostón insoportable que sólo el paso del tiempo logra disipar.

Abrid el libro por la página tal. Fulano, lee. Os lo explicaré. ¿Lo habéis entendido?

Ahora haced estos ejercicios. Para mañana estos otros. La semana que viene, examen.

Seguimos usando la metodología expositiva como la principal en las aulas, ignorando que para aprender hay que ser activo, hay que experimentar, equivocarse, probar una y otra vez. Pretendemos que con la mera escucha y unos ejercicios de práctica, nuestros alumnos aprendan algo. Sinceramente, me parece milagroso que algunos aprendan en este contexto. Además luego está el problema de los que no están en absoluto interesados en lo que cuenta el profesor y comienzan otros problemas: conversaciones, distracciones, interrupciones, incidentes de mayor o menor gravedad… con lo cual el profesor tiene que dedicar una buena parte de su energía a mantener el orden en clase, desviándose de su cometido principal: que aprendan los alumnos.

Seguimos usando los libros de texto como única fuente del saber en la era de Internet, haciendo del cuaderno el lugar para tomar los apuntes, de la explicación y la pizarra la tecnología más avanzada. Hacemos del libro de texto y de su seguimiento a pies juntillas prácticamente el único cometido del profesor dentro de aula. Atrás quedaron los años de las bibliotecas de aula, de los proyectos interdisciplinares, de los talleres, de las asignaturas “prácticas”… hoy únicamente importa saberse de memoria no sé qué contenido que está plenamente accesible con un clic del ordenador.

Naturalmente, sería injusto generalizar esta visión a todo el profesorado, muy injusto. Existentes testimonios de tantos y tantos profesores que trabajan buscando otra Escuela que no puedo dejar de mencionarlos. Muchos de ellos, además, trabajan en redes como Aulablog, Espiral, Chiron, Novadors, Proyecto Grimm, DIM… son ejemplos de lo que hablo. Hacen de la red su claustro y de Twitter su medio privilegiado de comunicación, buscando el intercambio de experiencias y el apoyo emocional que muchas veces no encuentran en sus centros. Son testimonios de realidades, no de teorías, y un estímulo para seguir en el camino.

Aprender es motivador, es apasionante, es enriquecedor, abre la mente y provoca en los chicos que se maravillen del mundo. Sólo necesitan que les guiemos, les motivemos adecuadamente para que encuentren alicientes. Tenemos tantos ejemplos de cómo hacerlo usando las TIC conectando directamente con la experiencia personal de los alumnos como usuarios de tecnología que ver cómo se sigue trabajando como en siglos pasados me produce una profunda tristeza. Nuestros alumnos, nuestros hijos, conectados e inmersos en la tecnología del Siglo XXI cuando llegan al Instituto dan un salto en el tiempo y viajan al Siglo XIX. Entra en un aula vacía para escuchar durante horas a profesores hablando de temas importantes y ajenos. Durante este rato, se ignoran sus capacidades para trabajar con otros, para usar Internet, para gestionar la información multimedia y sólo se centran en el lenguaje oral como vehículo principal. Y así todos los días.

¿Dónde quedan todos los avances científicos respecto de las ciencias de la educación? ¿No es curioso que seamos uno de los pocos ámbitos de la sociedad en donde estos avances son sustituidos por las prácticas de los profesionales que ignoran estos avances? ¿Cuál es el efecto de las miles de horas de formación continua realizadas por el profesorado? Como comento muchas veces con compañeros, ¿estamos dispuestos a que nos traten un cáncer con las técnicas del S.XXI o preferimos usar las del S.XX?

Somos profesores del S.XX que damos clase como en el S.XIX a alumnos del S.XXI

Así que entiendo el aburrimiento de los chicos en las clases, su hastío y su falta de motivación. En su lugar, me sentiría exactamente igual. El sistema educativo actual es INSOSTENIBLE en su estructura, en sus contenidos, en su proyección, en su evaluación, en sus prácticas…en su profesorado también,  a pesar de la cantidad de testimonios de profesores que dan fe de otras prácticas en Educación.

Urge, a mi juicio, un auténtico debate sobre los objetivos del sistema y sobre sus medios, dejando atrás el posicionamiento partidista y el modelo actual como punto de partida. Urge plantearse si la Educación importa en un país de bajo crecimiento económico, altas tasas de paro y pocas expectativas de cambio. Urge repensar el papel del profesor y de los medios que Internet y las TIC suponen en la Escuela. Si pensamos en algo positivo de la crisis, es que hay que cambiar la forma de encarar el futuro. No se pueden aplicar las viajas recetas a nuevas situaciones.

P.D.

“Tenemos que endurecer las leyes educativas, dar más autoridad al profesor, mandar más deberes que nuestros alumnos estudian poco, exigir más compromiso a las familias, ser más exigentes con los aprendizajes escolares, permitir las repeticiones indefinidas de curso…”

Escuchado en los pasillos de un centro educativo. Más de lo mismo.

La gallina no es un águila defectuosa

El pasado fin de semana del 12 al 14 de marzo se celebró en Sevilla el V Encuentro Nacional de Orientación bajo el lema “Educar y orientar en la diversidad”. El Encuentro tuvo de todo, como en botica, pero desde luego que fue una grata experiencia reencontrarme con compañeros a los que llevaba tiempo sin ver y poder intercambiar experiencias del trabajo. Voy a escribir varias entradas sobre los contenidos del Encuentro y hoy quiero empezar con Miguel Angel Santos Guerra, uno de los psicopedagogos más lúcidos de España, totalmente alejado del discurso neoliberal dominante, tanto en sus vertientes progresistas como conservadoras. Apasionado de la Escuela, Santos Guerra es maestro, profesor de Bachillerato, catedrático de la Universidad de Málaga y, sobre todo, es una persona profundamente humana. Compartió el Encuentro con nosotros los tres días, las cenas y los descansos, como uno más, algo que nunca había visto en los ponentes al uso. Por cierto, os recomiendo que sigáis su blog El Adarve.

La gallina no es un águila defectuosa

Miguel Ángel Santos Guerra me impactó por su mensaje claro, contunde y alejado de lo políticamente correcto, es decir, del pensamiento neoliberal que sacude al sistema educativo de arriba a abajo. Su defensa de la diversidad como valor en la Escuela fue contundente, apasionada y argumentada, salpicando su charla con fábulas que la hicieron amena. Santos Guerra conoce de primera mano a los orientadores porque su mujer lo es. Habló de la diversidad como una oportunidad para enriquecer a los alumnos y profesores pero citó que el currículo igual para todos sólo conduce a muchos de los alumnos al fracaso. Del papel de los orientadores en la Escuela enfatizó sobre la importancia de que seamos transformadores, que no nos instalemos en la queja, que sepamos emocionarnos en nuestro trabajo, que luchemos por la diversidad y la inclusión, que superemos los análisis simplones de los problemas escolares y que, finalmente, trabajemos en equipo siendo creativos. Me gustó que hiciera mucho hincapié en lo que podemos hacer y no en lo que no podemos hacer.

Una fábula del autor puede ilustrar el contenido de su intervención:

Cierta vez, los animales del bosque decidieron hacer algo para afrontar los problemas del mundo nuevo y organizaron una escuela. Adoptaron un currículum de actividades consistente en correr, trepar, nadar y volar y, para que fuera más fácil enseñarlo, todos los animales se inscribieron en todas las asignaturas.

Al terminar el año, un anguila anormal, que podía nadar de forma sobresaliente y también correr y trepar y volar un poco, obtuvo el promedio superior y la medalla al mejor alumno.

El pato era estudiante sobresaliente en la asignatura natación. De hecho, superior a su maestro. Obtuvo un suficiente en vuelo, pero en carrera resultó deficiente. Como era de aprendizaje lento en carrera tuvo que quedarse en la escuela después de hora y abandonar la natación para practicar la carrera. Estas ejercitaciones continuaron hasta que sus pies membranosos se desgastaron, y entonces pasó a ser alumno apenas mediano en natación. Pero la medianía se aceptaba en la escuela, de manera que a nadie le preocupó lo sucedido salvo, como es natural, al pato.

La liebre comenzó el cuso como el alumno más distinguido en carrera pero sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo en natación. La ardilla era sobresaliente en trepa, hasta que manifestó un síndrome de frustración en la clase de vuelo, donde su maestro le hacía comenzar desde el suelo, en vez de hacerlo desde la cima del árbol. Por último enfermó de calambres por exceso de esfuerzo, y entonces, la calificaron con 6 en trepa y con 4 en carrera.

El águila era un alumno problema y recibió malas notas en conducta. En el curso de trepa superaba a todos los demás en el ejercicio de subir hasta la copa del árbol, pero se obstinaba en hacerlo a su manera.

La diversidad no es una lacra sino un valor. Estamos creando una Escuela que tiende a homogeneizar a todos en sus caminos y en sus metas. El “niño tipo” en la Escuela es el varón, de raza blanca, que habla el lenguaje hegemónico, católico, payo, sano, vidente… los profesores preparamos la clase pensando en él, como si los demás no existieran. A los diferentes, les decimos que cambien, que se adapten, en vez de que sea la Escuela quien se adapte a su diferencia.

Las diferencias son consustancialmente humanas y la riqueza de las diferencias ha propiciado el progreso. Negar el valor de la diferencia sólo crea exclusión y fracaso. ¿Por qué no empeñarnos en crear una Escuela que permita a todos los alumnos aprender, respetarse y quererse? Como dice Santos Guerra, el pato se amarga en la Escuela, se desnaturaliza. Acaba nadando peor. Se compara con los que trepan y vuelan y se siente desgraciado. Incluso aprende a ridiculizar a quienes nadan peor que él. En definitiva, se convierte en una víctima.

Acabo con una reflexión que nos transmitió:

Es necesario que la institución educativa se abra al aprendizaje, que se haga preguntas, que sea sensible a la crítica, que analice sus prácticas. De lo contrario, estará condenada a la rutina, al individualismo y al fracaso. La Escuela no tiene sólo la tarea de enseñar. Para poder hacerlo adecuadamente, tiene que aprender. Las instituciones inteligentes aprenden siempre. Las otras, tratan de enseñar co excesiva frecuencia.

Si queréis descargar el libro El pato en la Escuela o el valor de la diversidad que recoge sus principales ideas sobre el tema, pinchad en el enlace siguiente.

El pato en la Escuela o el valor de la diversidad

Imagen: FlickrCC

La Escuela que quisiera (IV): el currículo

Hoy quiero continuar hablando del currículo, la piedra de toque de calidad del sistema educativo, junto al profesorado. He tardado muchos días en retomar la serie sobre la Escuela porque me resulta difícil escribir sobre el currículo, así que como siempre, no pretendo sentar cátedra sino proyectar mis reflexiones de sobre otra Escuela posible.

Hace años, en la Facultad leí que no hay un único concepto de currículo, hay muchos. Los matices de cada concepto establecen las intenciones que subyacen para dotarlo de uno u otro significado, es decir, para hacer más hincapié en unas cosas o en otras. Así, el currículo puede ser diferentes cosas que nada tienen que ver entre sí: desde el currículo que prescribe la Administración hasta el diseñado por las editoriales pasando por el que se lleva realmente a la práctica en las aulas, y el que es evaluado, por no hablar del currículo oculto. En todo caso, cómo debería ser el currículo del Siglo XXI (voy a ser algo pretencioso), qué papel deberían jugar las administraciones educativas en el mismo, cuál sería el papel de las editoriales, cuál el de los profesores; finalmente, cuál sería el papel de los alumnos, si es que tienen algún papel. Quiero aclarar, antes de nada, que hablo del currículo en la educación obligatoria, dejando de lado el resto, para centrar mi exposición.

Hace pocos días a través de Twitter leí un artículo de Francesco Tonucci en La Nación que es toda una declaración de intenciones:

La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor ya la TV o Internet

Comparto esa afirmación, así que ¿cuál debería ser el papel de la Escuela? Según Tonucci,

Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.

Tonucci va al fondo de la cuestión, es decir, al papel de la Escuela porque es éste el que va a definir el tipo de currículo que diseñemos aunque siempre se verá matizado por quienes realmente lo llevan a la práctica, es decir, los profesores. Me llama la atención el nulo debate que existe en España sobre los fines de la Escuela, sobre todo cuando tenemos uno de los peores sistemas educativos de nuestro entorno. Se habla de la violencia en las aulas, del bajo nivel, de la falta de autoridad, de los malos resultados en PISA, pero no se habla de qué esperamos de la Escuela, qué pretendemos que enseñe a nuestros hijos.

¿Qué características tendría un currículo para el S.XXI? He aquí mis reflexiones:

  • El currículo es un instrumento vivo, flexible, dinámico para cumplir las funciones de la Escuela. El profesorado es el principal responsable del currículo.
  • El currículo es un material de aprendizaje para el profesor que experimenta con su práctica, lo cambia, lo mejora… y una de las  fuentes de aprendizaje para el alumnado, aunque no la única. Hoy la Escuela no tiene el monopolio de la enseñanza.
  • El currículo NO es ningún libro de texto. Los libros de texto son productos comerciales. Los libros de texto en CD o pdf son lo mismo en distinto formato.
  • En una sociedad que cambia rápidamente, no se puede pretender enseñar todos los contenidos cerrados, obsoletos en pocos años (en algunos casos); el currículo enseña principalmente procedimientos, estrategias, habilidades, métodos… procesos generales altamente intercambiables que permiten a los alumnos aprender en cualquier contexto y situación.
  • El currículo es acción, investigación, participación, experimentación. La base del conocimiento científico está en estas premisas que son las que deben presidir el currículo.
  • El currículo pretende formar personas que sepan, sientan y hagan: no queremos máquinas perfectas.
  • Más que saberes para aprenderse de memoria, más que una sucesión de contenidos que se olvidarán con el paso del tiempo, los saberes escolares son interdisciplinares como la vida misma.
  • Cualquier lugar, cualquier momento, cualquier situación es una oportunidad de aprendizaje. El currículo se nutre de experiencias contextuales, cercanas, normales o extraordinarias, que se convierten en una oportunidad para aprender. Estas experiencias no son previsibles pero son altamente significativas en el aprendizaje y proporcionan herramientas de adaptación a los alumnos que serán muy útiles en el futuro.
  • Si hay que organizar los saberes en ámbitos, que sean en ámbitos de experiencia y conocimiento.  Éstos deberían ser muy generales y globales como para que fueran pocos: científico-tecnológico, socio-lingüístico, arte, salud y deportes, por poner ejemplos. En Educación Infantil no tiene ningún sentido parcializar en áreas, sino ámbitos de experiencia exclusivamente. En Primaria tampoco y en Secundaria creo que podríamos prescindir también de las áreas. Como ya he comentado en este blog, ámbitos globales con profesores de distintas especialidades trabajando al mismo tiempo en las aulas en torno a proyectos con actividades multitarea, proyectos…
  • Lo más importante del currículo debe ser la acción, su puesta en práctica. El uso de una metodología activa, los proyectos, la investigación, la experimentación, la utilización del método científico que guía del aprendizaje en todas los ámbitos de experiencia y conocimiento.
  • En el S. XXI, el uso de las TIC para el desarrollo del currículo debe ser un excelente aliado en el marco de una sociedad que las utiliza cada vez más. La Escuela no puede estar ajena a la sociedad en este aspecto. La Administración Educativa no puede ignorar este hecho tampoco.
  • Así pues, dentro de cualquier ámbito de experiencia o conocimiento, el uso de las TIC es una de las herramientas que se deben utilizar para el desarrollo del currículo y la adquisición de los aprendizajes. Esto exige una formación previa por parte del profesorado, unas dotaciones de infraestructuras y el cambio del modelo de currículo cerrado y homogéneo por otro abierto, flexible, dinámico…
  • Los intereses e inquietudes del alumnado son una fuente enorme de aprendizaje y una oportunidad para el currículo. Utilizarlos en torno a proyectos de trabajo definidos y claros, con objetivos y contenidos coherentes, con actividades significativas, con un desarrollo de competencias es una de las tareas del profesorado que hace del currículo algo vivo.
  • Creo que la libertad curricular debe ser máxima y total. Cada Escuela debe tener su propio currículo. Cada nivel o clase, el suyo. El currículo está vivo, evoluciona, aunque tenga saberes básicos e imprescindibles que no cambien; el uso de estos saberes en distintos contextos es lo que varía constantemente, por lo que una de las características del currículo es la variabilidad de situaciones, oportunidades, actividades y momentos de aprendizaje.
  • La Administración Educativa velará porque el currículo sea coherente con los fines de la Escuela, asegurando el asesoramiento del profesorado, la dotación de los recursos necesarios a los centros y el desarrollo del proceso.
  • La Administración Educativa evaluará el desarrollo del currículo en cada centro al objeto de garantizar que los alumnos adquieren las competencias básicas. Esta evaluación será externa e interna, complementándose ambas. La externa debería garantizar que todos los alumnos adquieren las competencias básicas. La interna, los procesos de aprendizaje para la adquisición de las mismas, la coherencia de los métodos, el trabajo en el aula, etc. Es el profesorado el máximo responsable del desarrollo de este currículo y en él recae la responsabilidad del mismo.
  • Los claustros deberán revisar y evaluar el diseño y desarrollo de los currículos de sus centros, ver cómo desarrollan las competencias en el alumnado y cuáles son las mejoras que hay que hacer en cada momento. Esta evaluación interna es complementaria a la externa.

Bueno, estas son mis pinceladas. Espero vuestros comentarios al respecto. Gracias.

Imagen: FlickrCC

La Escuela que quisiera (III): metodología

Imagen: hopscotch bajo Licencia CC

Hace tiempo que defiendo que en la Escuela del Siglo XXI sobran los libros de texto como el material de referencia para el aprendizaje. Su uso coarta otras opciones metodológicas y relega a manos de compañías privadas la decisión del currículo que hay que desarrollar en el aula. Comprendo que dejar de usar el libro tiene amplias connotaciones siendo, la más importante, replantearse la forma de dar clase. Si dejamos el libro de texto y volvemos a la clase magistral en la que los alumnos escuchan y toman apuntes, estamos apañados. Urge abordar, entonces, cómo dar clase en los tiempos que corren, esto es, cuál o cuáles son las metodologías más adecuadas para poder atender a una diversidad creciente del alumnado.

Una de las cosas que me preocupan es la asimilación constante de prácticas de “educación superior” que hacen las “etapas inferiores”: explicaciones magistrales, como única forma de dar clase; lectura del libro o de los apuntes; escasa supervisión de los ejercicios; realización de pocos exámenes y, cuando se hacen, con fin calificador en vez de fin formativo; ausencia de protagonismo de la capacidad creativa de los alumnos; ausencia y aislamiento de la actualidad en la clase; dictadura del libro de texto como única fuente del saber… ¿seguimos? Claro está que muchos profesores no se verán reflejados en estas prácticas, pero no creo que me equivoque demasiado apostillando que son muy generalizadas.

Quiero exponer algunas de mis ideas sin pretender hacer un tratado pedagógico exhaustivo, huyendo de excesivos tecnicismos pero mostrando que es posible enseñar de otra manera. Por cierto, ninguna ley, hasta ahora, prescribe cómo dar clase. No lo hizo la LOGSE ni tampoco lo hace la LOE, dejando en manos de los docentes la forma de llevar a la práctica el currículo. Esta parcela de decisión tan importante es olvidada por nosotros, sin darnos cuenta de la facultad tan extraordinaria que disponemos. . Hagamos pues uso de esta prerrogativa y enseñemos de otra forma, quizás podamos empezar a cambiar algunas cosas dentro de la Escuela en vez de buscar culpables fuera de nosotros mismos.

Aquí van mis ideas.

  • Aprender es experimentar, tocar, manipular, sentir… no sólo en Educación Infantil sino en el resto de las etapas y en nuestra vida. Una clase que sólo contiene mesas, silla y pizarra hace más difícil la experimentación. De eso hablé ya en otra ocasión.
  • Aprender es relacionar, es aplicar, es poner en práctica. El aprendizaje en acción. Urge huir de las distinciones de teoría y práctica, más propias de la Universidad decimonónica que de este Siglo XXI. Aprendemos en cuanto hacemos, simultáneamente.
  • Para enseñar hay que motivar. La motivación abre las puertas a la curiosidad, al interés, a las ganas de saber.
  • Para enseñar, es necesario conocer lo que ya se sabe; esto es, hay que saber los puntos de vista previos de los alumnos, sus puntos de partida, sus ideas, erróneas o no.
  • Los profesores somos como los directores de las orquestas. Llevamos las riendas del grupo sin dejar que ningún instrumento desafine. Esto supone conocer en profundidad a los alumnos y, por tanto, tener un seguimiento estrecho de su proceso de aprendizaje. Esto no es posible con ratios altas de profesor-alumnos.
  • Los profesores son mediadores. Aportan criterios, aportan saber, facilitan ayudas, corrigen… apoyan, vuelven a corregir, enfatizan.
  • Siguiendo la analogía, nos sabemos perfectamente la partitura, como no puede ser de otra manera, pero hacemos que los alumnos la interpreten de forma distinta según las circunstancias.
  • Los exámenes tienen una doble finalidad: ayudan a conocer cuál es el nivel de los alumnos, por un lado, además de proyectar una calificación con el resto de actividades de aprendizaje.
  • La variedad de actividades formativas es inmensa. Proyectos, investigaciones, explicaciones, exposiciones, debates, lecturas de libros, lecturas de artículos, estudios de caso, mesas redondas, exámenes, preguntas orales, torneos, películas, teatro, audiciones… todo es susceptible de ser evaluado y todo sirve para aprender siempre que esté encuadrado dentro de un proceso de aprendizaje estructurado.
  • Las TIC proporcionan unas posibilidades enormes de interacción en el uso de las distintas metodologías, posibilitando el trabajo fuera de clase, las conexiones con otras realidades.
  • El uso de las TIC de forma unidireccional por el profesorado no cambia en absoluto la forma de dar clase ni el concepto de aprendizaje que subyace a ésta. Como decía Paulo Freire, a los alumnos hay que abrirles la cabeza para llenársela con nuestras ideas. 
  • Frente a las TIC los profesores tienen que aportar los criterios para discriminar acerca de la información que existe en Internet, ayudar a utilizar que las posibilidades de las herramientas sirvan para que los alumnos construyan unos aprendizajes, en vez de que recopilen simplemente información. La elaboración de los aprendizajes por parte del alumno es imprescindible para que éstos se produzcan y el potencial de las TIC puede hacer que el aprendizaje sea más profundo.
  • Es necesario enseñar bajo paradigmas y principios científicos, en todas las áreas. La ciencia es la base del saber y el conocimiento. Cada alumno debería ser un científico en acción en sus clases.
  • Enseñamos a ser personas, esto es, no transmitimos sólo conocimientos sino valores, actitudes… Los valores emanados de la Declaración Universal de Derechos Humanos, unos valores con una ética universal y civil son imprescindibles para los futuros ciudadanos. Estos valores no se trasmiten si no se viven por el profesorado, si no se practican de alguna manera.
  • Un único profesor en el aula es el pasado (y el presente). Lo normal es que trabajemos varios profesores a la vez en clase permitiendo adaptar las posibilidades que ofrece la metodología a la enorme variedad del alumnado.
  • El aprendizaje es un acto social. Aprendemos con otros, de otros; el potencial del aprendizaje entre iguales es enorme. El profesor guía el aprendizaje, ayuda a construir, pero los alumnos también aprende unos de otros, en colaboración.
  • Otros alumnos enseñan; las familias enseñan, la comunidad enseña. La participación en el proceso educativo es importante y fundamental. Esta participación se articula en actividades que permiten aportar otros puntos de vista a los alumnos, otras experiencias, otras visiones de la vida.
  • Por último, para aprender es imprescindible el esfuerzo y la dedicación del alumno, su compromiso, su constancia. Sin su aporte no hay aprendizaje posible por mucho que cambiemos la metodología, teniendo una responsabilidad evidente en el proceso.

¿Opiniones, sugerencias, críticas…?

Crédito de la imagen: FlickrCC

La Escuela que quisiera (II): el profesorado

Continuando con este ejercicio de imaginación pedagógico-sociológica, hoy voy a escribir sobre el factor más importante en la calidad del sistema educativo: los profesores en acción. Aquí van mis reflexiones sobre cómo me gustaría que fuera entendido nuestro rol profesional:

  • Los profesores somos educadores. Trabajamos en centros educativos, no en academias de formación o consultorías. Tenemos una misión importante que cumplir en la sociedad.
  • Comprendemos el hecho educativo en su conjunto, en interacción de alumnado, familias y nosotros, además de nuestro contexto próximo (barrio, pueblo, ciudad), lejano (comunidad, país, mundo) y virtual (red, mundo).
  • Los profesores somos profesionales cualificados y responsables con nuestro trabajo.
  • Todos los profesores cumplen el mismo horario en los centros. El horario comprende las clases, las reuniones de coordinación, la atención al alumnado y a sus familias y la preparación de clases.
  • Independientemente de la especialidad inicial de nuestra formación, todos los profesores pasamos por un período de prácticas en centros educativos.
  • Trabajamos en equipo. Compartimos experiencias, análisis, metodologías… crítica y práctica.  El equipo te ayuda, te apoya, te respeta y, si es necesario, te cuestiona desde la argumentación técnica.
  • Trabajamos en interacción dentro del aula. Se acabó el cada maestrillo tiene su librillo, entendido como individualismo. En la educación obligatoria, lo normal es que dos o más profesores estemos dentro del aula trabajando a la vez.
  • Los profesores planificamos cuidadosamente los procesos educativos, aunque dejamos margen para la oportunidad, la improvisación y la actualidad.
  • Usamos las TIC para que nosotros y los alumnos aprendamos más y mejor, significativa y socialmente.
  • Manejamos una profusión de metodologías en función de los objetivos concretos de cada tarea que abordamos.
  • Usamos la motivación para atraer el interés de los alumnos hacia lo que estudian. Nos comprometemos con su aprendizaje y les pedimos a ellos que hagan lo mismo.
  • No somos poseedores del saber ni sentamos cátedra. Aunque tengamos amplios conocimientos de nuestras materias, lo aprovechamos para guiar a los alumnos en sus procesos de aprendizaje. Estamos igualmente abiertos a los avances científicos de disciplinas distintas a la nuestra.
  • Mediamos para que los alumnos aprendan a distinguir por sí mismos entre propaganda y ciencia.
  • Creemos en el valor del esfuerzo, del trabajo y la dedicación como algo fundamental para el progreso humano.
  • Evaluamos los aprendizajes de los alumnos con frecuencia, proporcionando información de sus errores y convirtiéndolos en puntos de partida para continuar el aprendizaje.
  • Transmitimos los objetivos de lo que enseñamos, la importancia de los mismos.
  • Manejamos técnicas de gestión del tiempo, de planificación orientada a objetivos, de dinámicas de grupos, gestión de proyectos.
  • Nos coordinamos y asesoramos con otros profesionales que trabajan en red con la Escuela: servicios municipales, sociales, de salud, culturales, formativos, etc.
  • Evaluamos nuestro trabajo. Buscamos la mejora de nuestra práctica desde una revisión crítica de nuestro quehacer cotidiano: práctica, programa, resultados… el proyecto de trabajo.
  • Más que buscar culpables cuando algo falla, analizamos el hecho educativo desde todos los prismas y vemos cómo podemos aportar soluciones.
  • Manemos una relación fluida con las familias. Nos entrevistamos con regularidad con todas ellas en el centro, no por teléfono. Mostramos el trabajo de sus hijos con sus avances y carencias buscando su complicidad y responsabilidad en el proceso educativo de sus hijos. Comprendemos que poco podemos hacer sin su apoyo.
  • Somos recompensados por nuestro trabajo. Los profesores con mayor dedicación e implicación tienen mayores incentivos económicos.
  • Tenemos una carrera profesional que nos motiva a continuar nuestra labor. La carrera no está exclusivamente basada en el paso del tiempo. Podemos, además, colaborar con otras instituciones como la Universidad aportando nuestra experiencia a pie de aula.

Si queréis más ideas sobre lo que es un buen profesor, podéis consultar aquí y aquí también.

Imagen: FlickrCC