Ochenta años


Mi padre ha cumplido ochenta años. Lo hemos celebrado en familia todos sus hijos y sus nietos, como hacemos desde que tengo uso de razón porque siempre ha tenido a la familia cerca. Tiene una salud envidiable y sigue teniendo una cabeza privilegiada. Lleva trabajando desde los catorce años, cuando su padre murió y él tuvo que asumir la responsabilidad de llevar dinero a casa. Todavía sigue yendo a trabajar porque no ve motivos para no hacerlo, y eso que ha tenido oportunidades para retirarse y vivir cómodamente. 

Mi padre trabajó desde pequeño de forma incansable, llegando a tener su propia empresa. Hoy dirían que es un emprendedor, pero no estoy de acuerdo. No tuvo estudios ni apoyo del Estado para salir adelante, sólo audacia, perseverancia, paciencia y fe en sus ideas. Y pasión, mucha pasión por su trabajo. Ha sido un luchador. Quiso ofrecer a sus hijos una vida mejor que la que él tuvo cuando era un niño. Nos dio educación, nos ofreció oportunidades y luego cada uno de nosotros eligió su propio camino.

Es un hombre hecho a sí mismo, una especie a extinguir. Ha sido capaz de progresar a base de trabajo y esfuerzo supliendo las dificultades con entusiasmo. Nadie le ha regalado nada. No ha estado en partidos políticos ni ha hecho pelotazos urbanísticos o bursátiles de los que tan moda están ahora. Es un hombre honesto.

He aprendido muchas cosas de él, a pesar de trabajar en algo totalmente alejado de su mundo. A tener fe en tus principios, en tus ideas, en tus proyectos. Siempre he escuchado que no importa cómo acaban las cosas sino cuál es el camino que hay que recorrer para conseguirlas, Sin prisa, sin ganas de acabar, disfrutando del proceso, sorteando las dificultades que iban llegando.

Soy el único de sus hijos que no trabaja junto a él pero sigo sus pasos en mi ámbito, el educativo. Porque, al igual que mi padre, creo en que hay que seguir tu propia senda, con honestidad, con fe, con ilusión. Al igual que mi padre, creo que hay que lanzarse a explorar nuevos caminos, a recorrer lugares antes no transitados. Si bien es cierto que yo lo hago desde mi puesto de funcionario, mi riesgo está en cómo hago mi trabajo, en dónde y con quién y, también, en para qué. 

Vivimos obsesionados con el éxito fácil y rápido. Proliferan los vendedores de humo con sus títulos académicos pero sin apenas experiencia en la vida real; son expertos en los artificios del marketing y en el uso de las redes sociales para el auto bombo. Mi padre dice que para ganar una vez hay que perder noventa y nueve, que hay que dejarse la piel en tus proyectos para obtener resultados. Definitivamente, los tiempos de hoy son otros. 

Mi padre es un ejemplo de trabajo de toda una vida, de forjar el éxito en la experiencia dilatada de años, de sobreponerse a los fracasos, de seguir cuando todos piensan que no hay salida, de seguir con ilusión aunque los años sigan pasando, de no rendirse jamás. Tengo suerte por  tener a alguien así que me inspira. 

Gracias, papá, gracias por tu ejemplo de trabajo, de honestidad, de fe y de fuerza.  Eres grande, ¡te quiero!

Chicos que molestan

Hace muchos años que un maestro me dijo que con los chavales difíciles son necesarias por nuestra parte “sangre, sudor y lágrimas”. Sorprendido por aquella aseveración, pregunté si no debería ser al revés. En absoluto, contestó, somos nosotros los educadores quienes tenemos que hacer el esfuerzo de entender, comprender y educar a esos chavales (junto a sus familias) y esa tarea es muy difícil, te hará llorar más de una vez, te exigirá un esfuerzo adicional pero después te reconfortará como ninguna otra porque habrás conseguido algo muy importante.

Rara es la semana que no hablo con compañeros, buenos profesores, apasionados por su trabajo, que no me dicen que tienen problemas con alumnos que molestan, que les quitan las energías por las veces que interrumpen, que están desmotivados por lo que se hace en el aula y que consiguen, con su actitud, desmotivarles a ellos mismos. Es una realidad que ha existido siempre, aunque quizás en diferentes proporciones. Lo cierto es que algunos chicos molestan en clase, manifiestan conductas disruptivas constantemente y dificultan el trabajo del profesor y el aprendizaje del resto de los alumnos.

Abordar la problemática de estos alumnos disruptivos desde el enfoque de la disciplina es una reducción que no ayuda a solucionar el problema, aunque en el corto plazo nos sirva para quitarnos de en medio a un alumno concreto. Como decía mi abuela, “muerto el perro, se acabó la rabia” pero tras una expulsión de clase, incluso del centro educativo, ese alumno volverá al aula con mayores, si cabe, ganas de seguir molestando, entrando en un bucle que no se acaba. La expulsión tiene muchos beneficios secundarios para los alumnos y también para los profesores.

En los últimos años, han aparecido numerosas iniciativas encaminadas a abordar la convivencia en el aula de una forma más sistémica y, sobre todo, a solucionar los problemas de disciplina desde enfoques no sancionadores. La mera imposición de sanciones, por sí sola, no resuelve el problema de convivencia en las aulas aunque sea la opción mayoritaria que usamos los profesores. Como decía, iniciativas como la mediación escolar, la resolución de conflictos entre iguales, las aulas de convivencia y otras muchas, dan fe de que existen formas alternativas para abordar este problema. El denominador común de estas iniciativas suele ser la implicación activa de alumnos y profesores, en la resolución de los conflictos en el centro, con formas alternativas de abordar los problemas.

El uso de sanciones como eje vertebrador de la convivencia tiene muchas limitaciones. Habrá que sancionar aquellas conductas especialmente graves, sin duda, mostrando de esta forma la gravedad de las mismas. Sin embargo, en el día a día, se aplican las sanciones a todo tipo de conductas, sin discriminar la gravedad o importancia de las mismas. El efecto conseguido es el aumento de las expulsiones de las aulas y de los centros educativos sin que haya la más mínima contención en las conductas que las provocan. Es como si el médico nos recetara unas pastillas para la tos que no tuvieran eficacia alguna y al ir a la consulta nos diera más de lo mismo.

Los chavales que molestan conllevan un exceso de atención que hace que se sientan importantes, que se conviertan en populares dentro de los centros. Desde los jefes de estudio pasando por los tutores hasta los orientadores, dedicamos mucho tiempo a tratar con estos chavales, a ver cómo mitigar sus conductas, de forma que muchas veces dejamos de lado otras actuaciones ante el constante flujo de alumnos con problemática disruptiva en el aula. Nos pasamos demasiado tiempo apagando fuegos.

Desde un enfoque no sistémico, algo podemos hacer… pero poco

Detrás de las conductas disruptivas de los chicos que molestan hay muchos factores: problemas familiares, desmotivación escolar, falta de expectativas, baja autoestima… En un alto porcentaje, en la familia se encuentran circunstancias que favorecen las conductas disruptivas de sus hijos: problemas de estabilidad familiar, ausencia de alguna figura (paterna o materna), falta de pautas de crianza correctas, proteccionismo, falta de límites adecuados, excesivo tiempo sin la presencia de los padres por sus horarios de trabajo, enfermedades, abandono, etc. Desde mi punto de vista, el trabajar con las familias debe ser el primer objetivo para poder cambiar las conductas de esos chicos, no para decirles lo mal que lo hacen sino para desde la escucha, proponerles un compromiso mútuo de cambio y de responsabilidad con sus hijos. Haré mucho hincapié en esto último. Las familias de chavales problemáticos suelen saber lo que tienen en casa y si sólo les recriminamos por este hecho, se ponen a la defensiva. Prefiero involucrarlos en un proceso de cambio en los que todos vamos a hacer algún tipo de actuación. En mi experiencia, hay un punto de inflexión en la que las familias de estos chavales pasan a pedir ayuda, a solicitar elementos de cambio, porque también sufren en casa las conductas de sus hijos. Estas familias, cuando se sienten escuchadas, suelen adoptar una nueva actitud frente a sus hijos aunque, también veo en ocasiones, que están tan cansadas que tiran la toalla.

Una vez que hemos abordado con la propia familia que existen problemas en el aula (y seguramente también en casa) tenemos que trabajar con el alumno en cuestión y con los profesores de éste. Con el alumno me interesa conocerle como persona en su globalidad, no sólo como el alumno que hace tal o cual cosa en el aula. Necesito tener una visión más amplia, es decir, desde sus amigos, relaciones sociales, uso de Internet, relaciones familiares, expectativas, atribuciones… hasta su vida como estudiante, su percepción de los estudios y lo que ocurre en el aula. No se trata de comenzar echándole una bronca para que se porte bien sino empezar conociendo a quien tengo delante y después averiguar porqué se comporta como se comporta. Este aspecto es clave, ya que la visión del porqué de las conductas de los alumnos es totalmente distinta a la que tenemos los profesores. En este proceso, el objetivo es que el alumno asuma la responsabilidad en sus conductas, que tome conciencia de porqué las realiza para después pasar a comprometerse con un cambio.

Naturalmente, para que estos dos procesos descritos no queden en sólo palabras es necesario tener claros algunos aspectos. Llegaremos a compromisos concretos, tanto con el alumno como con su familia, que revisaremos regularmente, y que dejaremos plasmados por escrito. En esos compromisos, igualmente, estarán los referidos al uso de servicios comunitarios, en caso de que sean necesarios, como talleres prelaborales, servicios de salud mental, educadores de calle, etc. Si queremos un cambio en algunas conductas de los chavales, tendremos que usar un método determinado (yo uso a Skinner) y un seguimiento semanal. A todos los acuerdos y compromisos a los que lleguemos, tenemos que involucrar al tutor, de forma que sea también una parte activa en el abordaje del problema ya que es la figura de referencia del alumno y su familias. Pero además del tutor, el resto de profesores deben involucrarse con el cambio porque si no no será efectivo. Si fuera tan sencillo como llegar a acuerdos entre familia y alumno con el orientador o el tutor, no habría problemas. La participación de los profesores del equipo docente será la llave a un cambio real con ese chaval. Así pues, los criterios de actuación con él deben ser comunes. En mi experiencia, aquí fallamos estrepitosamente, porque cada uno se hace una interpretación de lo que pasa y decide trabajar en su aula según su propio criterio, echando por tierra todo el trabajo realizado.

Luego está el problema de la desmotivación escolar de muchos de estos chicos. Perciben los estudios como algo aburrido y ajeno, que no les va a proporcionar ninguna llave para el futuro. Añaden a su desgana, el retraso en conocimientos académicos que hará progresivamente que su estancia dentro del aula sea únicamente interesante por encontrarse con sus amigos. El otro día uno de los alumnos expulsados de mi centro con el que hablo semanalmente me decía que hablara con él entre recreo y recreo porque así juega con sus amigos. Los estudios le importan bien poco pero sus amigos están en el centro. Por tanto, el reto es reenganchar a estos chavales al ritmo del aula, a que den valor a lo que aprenden. Cuando analizo las situaciones en las que ha habido problemas en las aulas, en muchas ocasiones, los problemas vienen motivados porque algunos profesores esperan que los alumnos estén en silencio todo el rato prestando atención a sus explicaciones sin moverse del sitio. Esta expectativa en Secundaria Obligatoria me parece una ilusión, una quimera, especialmente en el primer ciclo, máxime si el alumno permanece pasivo, sentado esperando a que, en el mejor de los casos, le pregunten, siguiendo las explicaciones en la pizarra o en el libro. De acuerdo que es lo que tienen que hacer, y con una mayoría de chavales esto funciona. Sin embargo, con los chavales que molestan, su propia desmotivación escolar les lleva a no soportar esa dinámica de clase y,en consecuencia, interrumpir.

Llegados a este punto, entramos en la cuestión de la gestión emocional del aula. Creo, sinceramente, que los profesores no estamos preparados para la gestión emocional del aula. Teniendo en cuenta la cantidad de interacciones que se producen en el aula, nos preocupamos casi exclusivamente en la tarea y el control de la disciplina y dejamos de lado el aspecto emocional. Sin un clima de aula adecuado no es posible el aprendizaje, algo que siempre intuí y ahora los científicos ponen de manifiesto. Los profesores no estamos formados en este aspecto y no sabemos interpretar las interacciones del aula en clave emocional. Desconocemos las emociones de los chavales y tampoco las sabemos encauzar. La inmensa mayoría de las veces, además, ocultamos cómo nos sentimos frente a lo que ocurre dentro de clase. Creo que ganaríamos an autenticidad si fuéramos capaces de expresarnos emocionalmente, alumnos y profesores.

Desgraciadamente, con los chavales que nos ponen al límite, nos despegamos en ocasiones de nuestro rol profesional y entramos en una lucha sin cuartel dejando que nos afecte emocionalmente. ¿Cuántas veces se escuchan en pasillos o salas de profesores frases como “este alumno se las va a ver conmigo”? ¿Cuántas veces escucho en el despacho de orientación “ese profesor se las va a ver conmigo”? A muchos profesores se les hace muy cuesta arriba entrar en algunas aulas de Secundaria. No les falta razón pero el método que usan para superar la situación no sirve porque la expulsión tiene fecha de caducidad; ese alumno que molesta volverá al aula.

¿Podemos soñar con una Escuela sin chicos problemáticos?

Desde luego quienes trabajamos en la enseñanza pública y en las etapas obligatorias sabemos la respuesta: no. Pero es que, además, esos chicos que molestan tienen el derecho de aprender como el paciente fumador tiene el derecho de ser atendido por un médico. Desde hace unos años, la escolarización obligatoria llega a los 16 años y el derecho a permanecer en los centros de Secundaria se amplía hasta los 18 años. Así que habrá que buscar nuevas soluciones a un problema que ya es viejo, demasiado viejo.

Podemos aplicar viejas soluciones a nuevos problemas; podemos aplicar nuevas soluciones a nuevos problemas pero no podemos aplicar viejas soluciones a viejos problemas.

Entender cuál es la cultura del centro educativo nos va a ayudar a que abordemos los problemas de disciplina desde una perspectiva más amplia que la individual. Parece que los centros en los que hay un alto nivel de participación de la comunidad educativa y un alto nivel de motivación e implicación del profesorado, se dan unos niveles altos de aprendizaje y los problemas de convivencia se reducen drásticamente. En estos centros hay un alto grado de implicación de las familias (pero no sólo para organizar la fiesta de fin de curso) en la vida diaria, incluso entrando a participar en las aulas como colaboradores y ayudantes del profesorado. En estos centros educativos con menos conflictividad (excluyendo a los que seleccionan al alumnado socialmente, claro), existe una cultura del centro en la que se trabaja más en equipo, en la que se abordan los conflictos con la participación de toda la comunidad educativa, donde el centro se convierte en un referente emocional para los chavales y sus familias. Y dejo para el final algo muy importante: existe un liderazgo institucional y motivacional por parte de los equipos directivos.

Todas las comunidades autónomas en España han convocado concursos de buenas prácticas sobre convivencia, bueno, casi todas. Estas buenas prácticas son un ejemplo de que mis palabras no son teorías ni de que hablo de otros países. Hablo de colegios e institutos públicos, en su inmensa mayoría, que se han dado cuenta que no pueden seguir haciendo lo de siempre porque no funciona, sencillamente.

En Asturias tienen encuentros anuales sobre convivencia; Castilla y León premió a los centros destacados por las buenas prácticas; Aragón premia sus centros destacados; el País Vasco hace lo propio; Cantabria tiene sus premiados. En Madrid tenemos pocos ejemplos, al menos que yo sepa. Andalucía tiene un portal específico sobre convivencia con buenas prácticas y mucho más… podría seguir, basta con buscar en Google para ver que sí existen alternativas a la gestión tradicional de la convivencia promovidas incluso desde la propia administración. Luego hay alternativas, claro que las hay.

Pero me podéis contestar que es fácil mejorar la convivencia en centros donde apenas hay conflictos. Sin embargo, la mayoría de los centros de los que hablo tienen altos niveles de alumnos inmigrantes, de etnia gitana y de alumnado socialmente desfavorecido, en consecuencia, tienen muchos repetidores, un alto grado de fracaso escolar  y un alto grado de absentismo. Estos centros dan un giro radical en el abordaje de la convivencia al centrarse en el aprendizaje como motor del éxito y al cambiar la forma de gestionar los conflictos dentro y fuera del aula. Como una vez escuché a otro profesor:

Nada motiva más a un alumno que aprender.

No me extenderé más, pero es posible abordar el problema de la convivencia desde perspectivas globales, de centro educativo en las que los alumnos son parte de la solución y no sólo del problema.

Si otros han podido, ¿porqué nosotros no podemos?

REFERENCIAS

Comunidades de Aprendizaje. Página del movimiento en España. Sus centros se transforman buscando un sueño compartido por la comunidad educativa en el que el éxito y la convivencia son ejes del mismo. Centros adheridos al movimiento.

Colegio La Paz, de Albacete. Pasó de ser un gueto a un colegio con esperanza, alegría y mejores resultados. Un cambio apoyado desde la Administración Educativa.

Otra Escuela es Posible. Proyecto para soñar y transformar la Escuela.

Portales de convivencia de las Comunidades Autónomas:

Asturias, AragónGalicia, Andalucía, C. Valenciana, La Rioja, Cantabria, Cataluña, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Islas Canarias, Islas Baleares, Madrid, Navarra, País Vasco, Murcia, y de Ceuta y Melilla me ha sido imposible encontrar nada (dependen del Ministerio de Educación directamente pero no tienen portales específicos sobre el tema).

Verdades como puños

Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, en Andalucía. Dice verdades como puños, saliéndose de lo políticamente correcto. Lo traigo aquí porque lo vi en Twitter, de la mano de Jon Bustillo. Emilio Calatayud es famoso porque como Juez de Menores dicta sentencias ejemplares pero será cada vez más famoso porque tiene unos criterios educativos absolutamente claros y diáfanos, especialmente en lo referido a la educación de los hijos por parte de sus padres.

Yo no soy colega de mi hijo, soy su padre.

Dentro de mi pequeño círculo de compañeros que nos dedicamos a la Educación, alguno como Toni Solano destaca especialmente en la reivindicación del papel educador de la familia y la Escuela, olvidándonos de teorías psicoeducativas que sugieren la dejación del papel que padres y educadores tienen en sus ámbitos respectivos. Durante los últimos años, nos hemos volcado tanto en la protección de la infancia, hemos hecho tanto hincapié en sus innegables derechos que hemos olvidado que los niños tienen deberes que cumplir, tanto en el ámbito familiar como en el escolar.

Como dice Emilio Calatayud en los vídeos que os muestro, hemos pasado del padre autoritario al padre condescendiente que exonera a sus hijos de cualquier tipo de obligación. Es la teoría del pendulazo que explicaría cómo los modelos de autoridad han pasado del autoritarismo al laissez-faire haciendo un flaco favor a los hijos. Ahora, hay que recurrir a las leyes para arreglar un fracaso social evidente: ni padres ni profesores tenemos autoridad.

En mi trabajo cotidiano como orientador me encuentro, de forma recurrente, como las familias protegen a sus hijos haciéndoles mucho mal. En vez de mostrarse como referentes adultos, que les protegen pero también les reprenden cuando algo no está bien; en vez de ofrecerles apoyo junto a límites y normas claras; en vez de ejercer su autoridad y obligarles a cumplir sus obligaciones, se sienten culpables porque no les dan todo lo que sus hijos les piden y porque piensan que no son totalmente felices. Eso sí, los padres me lo cuentan reconociendo que se matan a trabajar por sus hijos y que todo en casa gira en torno a ellos.

Cuando en casa todo gira en torno a los hijos, ¿con qué fuerza moral voy a exigirles nada? ¿Acaso no están aprendiendo que son el centro del universo y que nada ni nadie puede contradecirles? Sólo así se explica cuando en el Instituto, un padre de un alumno que ha hecho una trastada espeta al profesor:

Mi hijo dice que no ha hecho nada y yo le creo

En fin, os dejo con las verdades como puños de Emilio Calatayud, reciente Premio al Mérito a la Educación.

Botellón

Definitivamente, el botellón se ha instalado entre nuestros jóvenes. Aumentan los jóvenes que se apuntan a este fenómeno social en el que el consumo de bebidas alcohólicas y otras drogas, tiene un papel protagonista. El dato concreto es que en los últimos seis años, se duplica el número de jóvenes que hacen botellón los fines de semana, como refleja el estudio “Los adolescentes ante el alcohol. La mirada de los padres y madres”, perteneciente a la ‘Colección de Estudios Sociales’ de la Fundación La Caixa.

Leyendo entre líneas, me llama la atención lo siguiente:

El resultado de todo este proceso es que la socialización del acceso al alcohol ha dejado de estar en el ámbito de lo familiar, como históricamente sucedía en España, para situarse en el grupo de iguales y en espacios ajenos a la familia. Para un adolescente, aunque sus padres se lo ofrezcan, beber en casa no tiene sentido porque no es “beber”; ni el tipo de bebidas, ni lo que se valora en ellas, ni los efectos que se buscan al beber tienen nada que ver con lo que espera. Para un adolescente beber es algo distinto: bebidas singulares, en formatos propios, en espacios y momentos de los que debe apropiarse, al margen del control adulto, en la búsqueda de unos efectos psicoactivos que asocia con una mayor diversión y con ritos de celebración grupal. De ahí que, por mucho que no sea una costumbre generalizada entre los propios adolescentes, para el imaginario colectivo, el “botellón” sea la fórmula que más genuinamente representa al modelo.

Estamos ante un fenómeno social muy vinculado a la adolescencia, en el que los valores del grupo, de la afirmación, de la identificación influyen notablemente más allá de los valores del propio consumo. De hecho, el consumo en el hogar no es deseable socialmente y los adolescentes y jóvenes lo dejan para el fin de semana. Esto sugiere, por tanto, que tanto una cuestión de orden público, sino más bien, de orden social, ya que la facilidad de acceso a las bebidas alcohólicas, así como el ahorro que supone el consumo en espacios públicos, ofrecen a los jóvenes grandes atractivos para consumir.

Pero, ¿cuál es el papel de las familias ante esta situación? ¿Reprueban el botellón? Dice el estudio:

Ante toda esta situación las posturas de padres y madres muestran un notable nivel de indefinición. Por una parte, esos padres no dejan de ser personas que, ellas mismas, han vivido con intensidad la cultura alcohólica, tanto como miembros de una sociedad donde el alcohol tiene carta de naturaleza, como participantes de una forma de beber que no les es ajena en absoluto (hay que recordar que muchos padres y madres de los adolescentes actuales vivieron como protagonistas el cambio de modelo); esta situación condiciona una cierta ambivalencia al tener que conciliar la preocupación que el comportamiento de sus hijos les suscita con una visión personal que en cierta forma les hace entender esos comportamientos. Por otro lado, los padres deben enfrentar las dificultades que el proyecto educativo de sus hijos les plantea: cambios en los roles familiares que hacen acaso más fácil, pero mucho más compleja, la comunicación; falta de tiempo y oportunidades, y el conocimiento vivido de que esos hijos adolescentes, como parte de su proceso de construcción de la autonomía, precisan separarse de ellos e integrarse en el grupo de iguales.

Y ahora llegamos al punto que, como educador, más me afecta:

De ahí que esta postura de padres y madres se traduzca, más allá de una cierta inhibición, en una maniobra de delegación de responsabilidades: que la escuela eduque, que los medios de comunicación no impulsen los comportamientos negativos o enfaticen modelos más integrados, que las leyes y las instituciones controlen la situación en el espacio ajeno a lo familiar. Unas responsabilidades ajenas que, aunque innegables, no evaden esa conciencia de compromiso personal que lleva a algunos padres y madres, en una minoría significativa, a reivindicar la exigencia de que la educación sobre el acceso al alcohol retorne al ámbito de lo doméstico.

Hace tiempo que en las entrevistas con alumnos pregunto por sus aficiones y el botellón aparece como una de las más frecuentes, por encima del cine o los bares. Pero, peor aún, las familias lo saben y no afrontan (o no saben afrontar) las alternativas de relación, ocio o consumo de sus hijos. Mientras, desciende la participación de los jóvenes en asociaciones, disminuye la práctica deportiva, desaparecen las actividades de ocio familiar excepto la visita a la gran superficie… y la Escuela tiene que arreglarlo todo, ¿algo difícil, no?.

pdf1.PNG Estudio completo

Imagen: FlickrCC

¡Te odio!

¡Te odio! ¡No me comprendes! ¡Tú no tienes ni idea! …

¡Cuántas veces habremos escuchado a los adolescentes decírselo a sus padres! Ciertamente, la adolescencia es una etapa complicada de la vida (aunque no hay que exagerar) y a los padres nos suele coger”con el pie cambiado”. Desde el IES intentamos echar mano de algunas indicaciones de cabecera para apaciguar a esos padres que se desesperan con sus hijos (y no es para menos). Normalmente, la experiencia en el Departamento nos muestra que muchos adolescentes tienen problemas de comunicación con sus familias, así que utilizamos un documento (nada original, seguramente) para dar algunas pistas a las familias para encarar las relaciones de forma positiva.

El documento lo podéis utilizar y modificar a vuestro antojo (agradecería los comentarios).

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Imagen: FlickrCC

[Libros] Todo un mundo por descubrir

descubrir

Hace unos días os prometí hablar del libro Todo un mundo por descubrir, continuación de Todo un mundo de sensaciones ya comentado en el blog. Este libro, de Elizabeth Fodor y Montserrat Morán complementa el anterior por estar referido al desarrollo del niño entre los 6 y los 24 meses.

Como ya comenté del primero, aporta los conocimientos científicos sobre el desarrollo evolutivo del niño para que sean aprovechados en su estimulación por parte de padres o profesionales. Su lectura es amena y sus propuestas son accesibles y, lo más importantes, muy gratificantes para los padres y sus hijos. Aporta un montón de actividades fundamentadas para estimular al niño en todos sus aspectos. En definitiva, un gran libro escrito de forma amena pero con gran rigor científico.

FICHA TÉCNICA:

AUTOR: FODOR, ELIZABETH

EDITORIAL: EDICIONES PIRÁMIDE

ISBN: 978-84-368-1953-3

AÑO: 2005

LUGAR DE EDICIÓN: Madrid

COLECCIÓN OJOS SOLARES

NÚMERO PÁGINAS: 328

[Libros] Todo un mundo de sensaciones

Quiero recomendar un libro para aquellas familias que tengan un bebé ( o estén a punto de tenerlo). No va a ser el único porque tengo un montón de amigos y conocidos embarazados y es una excusa tan buena como otra para comentar libros de estimulación temprana. Se llama Todo un mundo de sensaciones y es una guía fantástica para ayudar a los padres en la tarea de la estimulación del bebé de los 0 a 6 meses. Está escrito por Elizabeth Fodor, Mª Carmen GArcía-Castellón y Montserrat Morán personas vinculadas al mundo del desarrollo infantil. En él acercan a las familias al desarrollo del bebé, evitando tecnicismos pero con el necesario sustento científico.

Pero no recomiendo este libro porque como padres tengamos que estar pendientes del desarrollo evolutivo de nuestro bebé, que podría ser, sino porque el libro nos va introduciendo, paso a paso, en las etapas evolutivas por las que pasa nuestro bebé y en cómo poder disfrutar más de ello, para, en última instancia, estrechar más del vínculo que se crea entre el bebé y su familia. Por experiencia personal, os comento que su lectura nos produjo una inmensa fuente de conocimiento y de experiencias placenteras con nuestras dos hijas en sus primeros seis mese de vida.

El libro tiene su continuación en otro que comentaré próximamente: Todo un mundo por descubrir, que trata dl desarrollo evolutivo de los 6 a los 24 meses.
Os dejo la ficha técnica del libro:

TODO UN MUNDO DE SENSACIONES
Fodor, Elizabeth; García-Castellón, Mª Carmen; Móran, Montserrat
Pirámide,1997
Colección: Ojos Solares

  • 426 p. / Signatura: 5527, MF-1137

Resumen:
Indice:
1.Las dos primeras horas de tu bebé.
2.Tu bebé de 0 a15 días.
3.Tu bebé de 15 días a un mes.
4.Tu bebé de dos meses.
5.Tu bebé de tres meses.
6.Tu bebé de cuatro meses.
7.Tu bebé de cinco meses.
8.Tu bebé de seis meses.
9.Tu bebé en el 2.º semestre.
-Pautas educativas.

Familias medidadoras

La Junta de Andalucía acaba de publicar un decreto para mejorar la convivencia en los centros educativos y promover la cultura de la paz y la no violencia en el ámbito escolar. ¡Bienvenidas sean las medidas en vez de tanta palabrería en tertulias y medios de comunicación!

Algunas de las medidas que recoge son la elaboración de un plan de convivencia por parte de cada centro que recoja un diagnóstico de la situación, las normas de convivencia o la creación de la figura del delegado de padres y madres (con funciones de mediación) para cada grupo de la enseñanza obligatoria. Los centros también podrán crear Aulas de Convivencia para el tratamiento individualizado de los alumnos sancionados.

El decreto, además, pretende potenciar las tutorías y la orientación educativa en los centros, reforzar los recursos humanos específicos de apoyo a los colegios e institutos con especial problemática de convivencia, mediante la dotación de profesorado, un menor número de alumnos por aula y la incorporación de educadores sociales que tendrán como principal función la intermediación con los docentes y las familias para favorecer la convivencia. En total, se destinarán, dentro del presupuesto para la puesta en marcha de este decreto, 2,2 millones de euros a la incorporación de 202 orientadores y 34 educadores sociales.

Además, el decreto promueve la formación de los miembros de la comunidad educativa (alumnado, profesorado, familias) en los ámbitos de la educación para la cultura de paz, mejora de la convivencia escolar, mediación y resolución pacífica de conflictos y la igualdad entre hombres y mujeres.

La Junta crea, además, un Observatorio para la Convivencia Escolar como órgano consultivo adscrito a la Consejería de Educación, con el objetivo de desarrollar actuaciones de investigación, análisis, valoración y seguimiento de la convivencia escolar.

El papel mediador de las familias es una auténtica novedad y nos acerca a la necesaria cooperación entre familia y escuela puesta en marcha en múltiples experiencias dentro y fuera de España. Las Escuelas Aceleradoras o las Comunidades de Aprendizaje, son un buen ejemplo de ello. En todas estas experiencias la convivencia está basada en la implicación de todos los miembros de la comunidad educativa en la tarea educadora. Como dice el proverbio africano, para educar a un niño hace falta toda a tribu. ¿No tendrá un peso excesivo la transmisión de contenidos en los centros olvidándonos de la educación en valores?

Una buena manera de celebrar el Día de la Paz y la No Violencia.
Enhorabuena, andaluces.