La orientación que queremos

El 22 de octubre de 2015 celebramos un hangout sobre orientación llamado “la orientación que queremos” de la mano de Jesús Hernández, del blog Crea y Aprende con Laura. En el mismo participamos los orientadores Alberto del MazoClaudio CastillaMónica Diz, Mercedes Ruíz, y servidor, con la moderación en las redes de Inma Contreras. Os recomiendo echar un vistazo a los blogs de todos los participantes en sus enlaces.

Agradezco a Jesús la oportunidad de participar en el mismo y os dejo con la videoconferencia completa por si os interesa el tema. En la misma abordamos las cuestiones siguientes:

  • Cómo están los orientadores en los centros. Qué piden los claustros, cómo se integran, cómo se relacionan
  • El orientador como agente de cambio o catalizador del mismo. El abanderado o el tonto de la bandera
  • Tareas, funciones del orientador. Diferencias en Infantil, Primaria y Secundaria, principalmente
  • El trabajo en Equipos de Orientación vs el trabajo dentro de los centros educativos
  • La composición del equipo de orientación. Quiénes deben estar
  • ¿Más tiempo para atención directa o más orientadores en los centros?
  • Las tareas del orientador. De paquistaníes a chicos para todo
  • ¿Trabajar con el Equipo Directivo o en el Equipo Directivo?
  • El papel de la Red como espacio de colaboración e intercambio de orientadores
  • El abandono de la Administración educativa. La falta de medios, visión, legislación y actualización del sistema de orientación

 

Os dejo algunas notas que hice para ordenar mis ideas en el hangout sobre algunas cuestiones relativas al mismo, momentos antes y durante la realización del mismo. Espero que os resulte interesante.

Situación actual de la orientación. Puedes leer esta entrada para más detalles.

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Ámbitos de trabajo del orientador. Atención a la diversidad e inclusión, tutoría, orientación académica y profesional y, convivencia.

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El equipo de orientación ideal y sus tareas principales. Diagnóstico, intervención, docencia, coordinación con servicios comunitarios y asesoramiento.

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Sobre el rol del orientador. Escucha, trabajo en común, búsqueda de soluciones, generación de procesos de cambio…

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Mis herramientas preferidas de trabajo: mesa redonda (con chuches, papel en blanco y plumas), dispositivos electrónicos y los cafés. Las TIC son imprescindibles como para cualquier profesión pero son invisibles aunque es necesario abordar el adelgazamiento digital en nuestros alumnos y quizás nosotros mismos.

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Orientar con borradores NO es orientar

El miércoles pasado tuvimos un hangout un grupo de orientadores de distintas a Comunidades Autónomas a instancias de la iniciativa de Alberto del Mazo de la comunidad Orientapas que ejerció de moderador. En la videoconferencia participamos Claudio Castilla desde Lorca (Murcia), Mónica Diz desde A Coruña (Galicia), Miguel Ángel Valverde desde La Línea de la Concepción (Cádiz) y Mábel Villaescusa desde Valencia, además de yo mismo. En la charla todos compartimos cómo nos está afectando a nuestro trabajo que estemos a estas alturas de curso sin las leyes del nuevo sistema educativo que echa a andar el próximo curso en Secundaria y Bachillerato, etapas en las que trabajamos los cinco orientadores. Todos coincidimos en la preocupación, la dificultad y la incertidumbre que supone hacer así nuestro trabajo y que los grandes perjudicados son el alumnado y sus familias. Os dejo el hangout completo para que saquéis vuestras propias conclusiones.

Aunque ya han contado tanto Claudio como Alberto las implicaciones que supone el realizar nuestro trabajo como orientadores sin que tengamos más que borradores de los currículos de la LOMCE de las diferentes CC.AA., quisiera añadir mis reflexiones personales.

No somos orientadores

La imposibilidad de que los alumnos, familias y profesorado tengan la información veraz sobre una nueva ley educativa hace que no se pueda desarrollar todo el proceso de orientación académica y profesional. Falta información, sobran rumores. No cualquier información, matices o detalles, en absoluto. Hablamos de información esencial para tomar decisiones: currículo, optativas, promoción, itinerarios… no hay nada publicado, luego no hay nada claro.

Improvisación, un mal camino

Una reforma educativa no puede improvisarse. Al margen de las consideraciones sobre la nueva ley educativa, la LOMCE, la implantación de la misma no puede hacerse deprisa y corriendo, con improvisación. Ya sufrimos el curso anterior la improvisación en la puesta en marcha de la Formación Profesional Básica. Fue una escolarización caótica que no ha tenido precedentes en los años que llevo trabajando. No parece razonable que apenas tres semanas antes de las elecciones que cambiarán a los inquilinos de las Consejerías de Educación de casi todas las Comunidades Autoomas de España, estemos sin los decretos de currículo de Primaria y Secundaria.

Sin consenso, sin escucha

La LOMCE nace sin un consenso político elemental. Sólamente el Partido Popular y la Iglesia, además de una parte considerable de la Escuela Concertada y Privada, apoyan la ley. El resto de partidos políticos, los sindicatos docentes de todo signo, la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, mayoritaria en España, los movimientos de renovación pedagógica y, desde luego, las asociaciones de orientación educativa representadas en COPOE; todos están en contra de esta ley. Ni escucha, ni consenso. No podemos trabajar sin que la Educación sea considerada como algo por encima de luchas partidistas.

Una sociedad de la incertidumbre

Vivimos una sociedad de incertidumbres, de ausencia de certezas, de liquidez. Preparamos a nuestros alumnos para un mundo cambiante y vertiginoso. No añadamos más incertidumbre a la que ya tiene la vida de por sí. Precisamente por esto, el sistema educativo debería capacitar al alumnado para que se desenvuelva en estos entornos cambiantes en los que vivimos. La ley educativa debería ser un elemento de confianza y estabilidad para todos.

Tu proyecto de vida

La orientación académica contribuye a que el alumnado pueda tomar decisiones encaminadas a desarrollar su proyecto personal. En las actuales circunstancias, la ausencia de referentes legislativos dificulta la toma de decisiones. No es una cuestión baladí, habida cuenta de la enorme trascendencia que tienen ahora las decisiones con el nuevo sistema educativo en el que se abandona para siempre la visión comprensiva para optar por un sistema selectivo del alumnado.

La orientación es un derecho

La orientación es un derecho inherente al derecho a la educación. Los alumnos y sus familias, además de los propios profesores, necesitamos un marco estable para ejercer ese derecho. La orientación fue considerada en los años noventa como un factor de calidad del sistema educativo. Durante años se le dotó de herramientas para poder desarrollar las múltiples funciones encomendadas. También se dotaron recursos personales y materiales. Con el paso de los años, lejos de aumentar la consideración de la orientación, sufrimos el desprecio, los recortes y el desprestigio, como el resto de la profesión docente.

¿Y qué haré el próximo lunes?

El próximo lunes tendré que volver al instituto. Tendré que retomar el trabajo como orientador en medio de la incertidumbre y las dudas. No imagino a otras profesiones o colectivos con el nivel de responsabilidad que tenemos nosotros pasar por lo mismo. No lo aceptaría nadie.

La orientación educativa a la deriva en Madrid


A pesar de que existen excelentes profesionales de la orientación educativa en la Comunidad de Madrid, la administración regional lleva años sin dar el soporte que los profesionales necesitamos para desarrollar nuestra labor y sin apostar por uno de los pilares de la calidad en el sistema educativo.
En la Comunidad de Madrid trabajamos orientadores en todas las etapas del sistema educativo, desde los Equipos de Atención Temprana, pasando por los Equipos Generales de Orientación hasta los Departamentos de Orientación en los institutos, Centros de Personas Adultas o centros de Educación Especial. Además, existen orientadores en los Equipos de Orientación específicos de Discapacidad Motora, Visual, Auditiva o de Trastornos Generalizados del Desarrollo.
No tengo las cifras oficiales del número de orientadores en los distintos centros y equipos, pero seguro que somos varios miles. Un colectivo cuyo trabajo especializado requiere de una formación específica, de un soporte de profesionales de reconocido prestigio en los niveles superiores de la Consejeria, y de una coordinación que permita desarrollar nuestro trabajo.
Son años los que llevamos en la Comunidad de Madrid sin tener una oferta específica de formación por parte de la Consejería de Educación a través del Centro Regional de Información e Innovación; son muchos los años que llevamos sin jornadas regionales de orientación promovidas por la Consejería o cursos oficiales de especialización (para actualizarnos debemos formarnos de forma privada) y son muchos los años que llevamos sin que existan departamentos especializados en la Consejería en la creación de materiales curriculares, convivencia, identidad digital o en la atención a la diversidad, o en orientación profesional, por citar áreas en las que en otras comunidades autónomas hay ejemplos de buen hacer.

Desperdicio del talento

En Madrid hay talento, hay profesionales de la orientación de reconocido prestigio, hay ejemplos de muy buenas prácticas. Hemos sido pioneros en Atención Temprana, en la integración de alumnado sordo o con Trastornos del Espectro Autista, tanto en Infantil, Primaria y Secundaria, por ejemplo. Hay ejemplos de colaboración con hospitales y centros de salud para la detección precoz de alumnado con discapacidad; con Salud Mental para el abordaje de trastornos graves de comportamiento a través de los Centros Educativos Terapueticos; hemos desarrollado un sistema de Unidades de Integración y Formación Laboral que han sido un ejemplo de éxito; se han realizado experiencias exitosas de escolarización combinada entre centros educativos ordinarios y de Educación Especial; hay una gran número de centros con experiencias de aprendizaje entre iguales o mediación para la resolución de conflictos… la lista de experiencias es interminable.
Podría seguir hablando de experiencias en las que los orientadores somos una pieza clave. Son experiencias de calidad en las que trabajamos con compañeros de centros y fuera de ellos., especialmente con los recursos comunitarios. En Madrid, se aplicó un modelo de orientación que utilizaba los recursos comunitarios como parte de un todo, promoviendo la coordinación entre los profesionales para un único objetivo: el desarrollo del alumno y su proceso educativo.
Pues bien, todo el trabajo de más veinticinco años de la orientación educativa en Madrid, todo ese background de experiencia y éxito se pierde con la llegada de jubilaciones y la ausencia de instancias en la Consejería que recopilen, difundan y promuevan esas prácticas. Tenemos una de las pocas Consejerías de Educación que, incomprensiblemente, todavía no tiene ni siquiera una página web especifica de orientación educativa con los recursos destinados a los orientadores. Incluso el Cuaderno Informativo de Orientación Profesional, una herramienta imprescindible para la orientación académica y profesional, sigue publicándose en formato pdf.

Leyes obsoletas

Uno de los reflejos de esta situación es la ausencia de legislación específica en Madrid en muchos de los campos descritos que hacen que sigamos trabajando con algunas leyes del Ministerio de Educación asumidas como propias por la Consejería. Una situación insólita en el panorama del resto de España donde cada Comunidad Autónoma ha ido desarrollando un modelo de orientación de acuerdo a sus propias peculiaridades. Sirva de ejemplo que en Madrid seguimos usando la Orden de Evaluación publicada en 1996 para la evaluación de alumnado con necesidades educativas especiales, a pesar de los avances científicos y los cambios sociales que ha tenido el propio concepto y la realidad del alumnado con necesidad de apoyo, con o sin discapacidad. Otro detalle. No existe un equipo específico de orientación para alumnos con discapacidad intelectual, el colectivo mas numeroso de lejos entre el alumnado con discapacidad en la Escuela.

Resignación y abatimiento

He visto en los últimos años mucho abatimiento y mucha resignación entre los profesionales de la orientación en Madrid. Esta justificada. Hasta para poder acudir a un congreso de actualización científica tenemos problemas ya que la normativa de permisos no contempla la asistencia a cursos de formación si éstos se realizan dentro del horario escolar.
Madrid, una Comunidad con recursos a la que le faltan personas para poder gestionarlos. A la que le faltan ideas, a la que le falta que alguien asuma la importancia del papel de la orientación educativa.
Realmente, la orientación importa.
Desarrollamos un trabajo imprescindible que habría que cuidar, como a los demás, desde luego, pero teniendo en cuenta algunas particularidades. Asistir a una reunión de coordinación con servicios sociales o a un curso de actualización sobre evaluación de dificultades de aprendizaje no es dejar de trabajar. Es hacer nuestro trabajo. Por cierto, que a esas reuniones vamos con nuestros coches sin recibir nada a cambio. Dudo que en la empresa privada alguien use su coche particular para el trabajo y no se remunere de alguna manera.
Por ultimo, los recortes. Afectan a todos los profesores, pero especialmente nosotros lo hemos notado. Nuestros alumnos, todavía más.
En la Comunidad de Madrid se incumplen todos los ratios respecto a presencia de orientadores en centros. También respecto a profesorado de apoyo.

Ilusión por el cambio

En fin. Escribo esto desde la ilusión en el cambio, desde la esperanza en que el próximo Consejero o Consejera de Educación, sea del partido que sea, ponga a la orientación educativa en su lugar, le dote de medios, prestigie el trabajo de los profesionales y aproveche la enorme experiencia y talento existente. Los orientadores estamos deseando ser escuchados y nos pondremos al frente de cualquier iniciativa que prestigie el trabajo que desarrollamos.
Desde luego, cuente conmigo.

A veces me siento solo

Vaya por delante la aclaración: me encanta mi trabajo. Pero a veces me siento solo. Les pasa a muchos orientadores, me consta. Los orientadores de Secundaria estamos solos.

Estamos solos, aunque formemos parte del claustro, porque suele haber un único orientador en todo el centro; estamos solos, porque en muchas ocasiones no hablamos el mismo idioma que el resto de profesores; estamos solos, porque aunque estemos plenamente aceptados, es mi caso, echamos de menos poder intercambiar opiniones, puntos de vista o análisis con compañeros de profesión. Hablo de esa soledad, no otra.

Cada Comunidad Autónoma tiene su propio modelo de orientación pero es habitual la presencia de un único orientador en centros de Secundaria que puede llegar a trabajar con mil alumnos. No es de recibo, máxime cuando los organismos internacionales como la UNESCO recomiendan que haya un orientador por cada 250 alumnos. Los recortes presupuestarios no han hecho más que consolidar la tendencia al trabajo aislado del orientador, a sobrecargarle de tareas y a exigirle que cumpla unas funciones que antes acometían otros profesionales.

Creo que nadie discute a estas alturas la orientación como un derecho de cualquier alumno y la existencia de departamentos o servicios de Orientación con un alto nivel de especialización psicopedagógica. Por otra parte, se nos demanda, en el ejercicio de nuestro trabajo, unas competencias profesionales (véase la investigación de Asunción Manzanares) que podemos englobar en los campos siguientes:

  • Dificultades de aprendizaje
  • Competencia social
  • Resolución conflictos
  • Trabajo coordinación equipos
  • Competencia emocional
  • Orientación profesional/académica/vocacional
  • Orientación tutorial
  • Orientación familiar
  • Alumnado con necesidades educativas especiales
  • Atención a la diversidad
  • Asesoramiento profesorado
  • Apoyo al proceso de enseñanza y aprendizaje
  • Evaluación psicopedagógica

El listado anterior revela, sin lugar a dudas, la especialización, la responsabilidad y la complejidad del trabajo del orientador. Requiere de una organización muy potente y de una gran capacidad de gestión para poder sacar adelante todas las tareas inherentes a nuestro trabajo. Tenemos muchos frentes de trabajo pero trabajamos en equipo, con nuestros compañeros del Departamento y con el resto del claustro. Son niveles de trabajo diferentes a los integrantes de un departamento didáctico en el que todos sus integrantes son de la misma especialidad. Sus funciones docentes determinan, sin lugar a dudas, la complejidad de la tarea por la cual sólo puedo sentir admiración y respeto. Todo mi trabajo está orientado a apoyarles, sin duda.

Lejos de que se reconozca este hecho, en los últimos años he asistido al progresivo desmantelamiento de los Departamentos de Orientación al suprimirse o reducirse profesionales que eran integrantes del mismo: profesores de Apoyo, profesores de Audición y Lenguaje, profesores de Compensatoria, profesores de Servicios a la Comunidad y profesores de Diversificación. Esta reducción hasta hacer del Departamento de Orientación un departamento minimalista, no ha disminuido las demandas de trabajo en absoluto. Sigue habiendo demandas relacionadas con las competencias descritas y algunas nuevas, como todo lo relacionado con la gestión de la Identidad Digital, por ejemplo.

Aunque tengo por norma el dar lo mejor de mí mismo, siento que el esfuerzo que hay que realizar para poder desarrollar dignamente tu trabajo se choca con la sensación de que hago el juego a una Administración educativa que piensa que es mejor trabajar con menos recursos, que piensa que la calidad llega reduciendo el presupuesto. El problema es que soy yo quien tiene que rendir cuentas a los alumnos, las familias o a los compañeros de claustro.

Por otra parte, no tengo estómago para eludir tareas que antes hacían otros compañeros, como todo lo relacionado con los servicios sociales, por poner un ejemplo. Resulta muy difícil dar argumentos legislativos cuando tienes delante a personas y sus problemas, sus vidas, sus circunstancias. La Administración lo sabe, se aprovecha de ello, faltaría más.

Es posible que haya orientadores, como el resto de profesores, que no cumplan adecuadamente su trabajo. Es posible que haya orientadores sobrepasados por la carga de trabajo que genera un centro de Secundaria con alta diversidad. Es posible que haya orientadores que se sientan solos haciendo un trabajo que muchas veces es gris. Esa sensación de soledad es insoportable por eso es tan necesario estar bien arraigado en tu centro y, sobre todo, incorporarte a redes profesionales, pertenecer a alguna comunidad de práctica en la que los intereses sean los mismos. Mi incorporación a la Comunidad Orientapas, mi participación en el hangout del 27 de marzo sobre Orientación 2.0 tienen ese objetivo, naturalmente. A falta de una asociación de orientadores en Madrid que aglutine los intereses del colectivo, bienvenida sea la Red.

No tenemos los mismos intereses que el resto de profesores, esto es evidente, aunque tenemos algo en común: si nos sentimos solos, tenemos la necesidad de trabajar con otros, dentro o fuera de nuestros claustros. ¡Menos mal!

Abanderado

Una vez escuché:

No es lo mismo ser el abanderado que el tonto de la bandera

Cuento esto porque en mi trabajo como orientador, supuestamente, debería abanderar los procesos de cambio e innovación en mi centro educativo. Esto dicen, el menos, los manuales de asesoramiento psicopedagógico y recogen las leyes: los orientadores lideramos procesos de cambio en la Escuela partiendo de las necesidades detectadas, involucrando al profesorado y siendo parte de las dinámicas internas de los centros.

La realidad es otra. Somos asesores que, en la medida en la que nos confieren tal condición, podemos implicarnos en un proceso colectivo de cambio, proceso que debe ser liderado por el Equipo Directivo del centro. Sin esta condición previa, la labor de asesoramiento tiene una eficacia muy limitada, más aún cuando ésta se plantea sobre procesos de trabajo, elementos de la organización del centro o sobre prácticas educativas asentadas en la cultura pedagógica tradicional.

No quiero disertar en exceso sobre el tema pero sí llamar la atención sobre el hecho de que no soy vendedor de crecepelos ni mucho menos mago aunque tenga algo de muggle, como dice mi amiga Lourdes.

Sólo soy asesor… cuando me dejan, no sea que empiece a caminar yo sólo y nadie me siga.