¿Estás hiperconectado? Sí a las TIC, pero a mi manera

Reproduzco en esta entrada la entrevista que me realizó José Morales, de UVENI, para el podcast hablando de TIC, que os recomiendo encarecidamente, especialmente si sois orientadores. En esta ocasión, hablamos de hiperconexión y de cómo gestionar la relación con la tecnología en tu día a día para que no llegues a la hiperconexión y la infoxicación. Una rato de charla agradable con José hablando de mi experiencia personal que ya he reflejado antes en el blog.
¡Espero que os guste!

Entenderás mejor la entrevista si ves la presentación sobre el tema que he usado en algunas charlas.

Reflexiones de verano #OFF60

Puesta de sol

A finales del mes de junio me propuse recortar mi actividad en Internet, especialmente en redes sociales y correo electrónico, porque tenía la sensación de vivir hiperconectado. Han pasado dos meses y es el momento de hacer una valoración sobre mi experiencia y compartir mis decisiones respecto a mi presencia en la Red. Hablo desde una perspectiva personal, naturalmente, por lo que no pretendo convencer a nadie para que haga lo mismo que he hecho, cada quien debe saber hasta dónde llegar en la Red.

UN POCO DE HISTORIA

Comencé mi andadura en Internet allá por el año 1996, cuando estuve en Perú en la Universidad Católica de Lima como becado impartiendo clases. Aunque meses antes había tenido la oportunidad de usar Internet, no fue hasta ese momento cuando su usó se volvió diario, tanto a nivel profesional como personal. Comencé a usar mi primer correo electrónico y a realizar las primeras búsquedas. ¿Recordáis Altavista o el navegador Netscape? En aquellos años las conexiones eran extremadamente lentas, se hacía a través de un módem sobre la línea telefónica y, para más inri, en España teníamos el acceso a Internet a través de Infovía, la versión reducida de la Red de Telefónica que era una auténtica chapuza. No quiero hacer historia de Internet, simplemente, comentar que llevo años usando la Red y que no es algo que haya utilizado en mis últimos tiempos, al calor de la moda de la web 2.0.

En los últimos años, con la llegada de la Web 2.0, comencé a usar blogs en el aula y a leer los de otros compañeros, especialmente gracias al desaparecido Planeta Educativo. Fueron años de aprendizaje y compartir como nunca antes había vivido, que desembocaron en mi participación en proyectos ilusionantes como Aulablog. Eso me permitió conocer personalmente a personas increíbles, además de compartir experiencias humanas y educativas de todo tipo. La Red me ha aportado mucho, me ha permitido sentirme dentro de un claustro virtual que superaba la barrera de mi centro, me ha dado consuelo en momentos y alegrías, en otros.

Sin embargo, en los últimos años las redes sociales y la generalización del uso de las TIC (al menos sobre el papel) han ampliado mucho el círculo de personas con las que me relaciono, especialmente a través de la Red. Mi participación activa en las redes sociales, así como el mantenimiento de mi blog personal Educadores21, mi blog de orientación Busca Tu Camino, y la página web de mi instituto, que llevan sus horas, sus quebraderos de cabeza y su coste económico, me han llevado a dedicar horas y horas a la Red. Por otra parte, el participar en otros proyectos virtuales, sobre Identidad Digital u Orientación, ha favorecido que esté sobrecargado de información, que tuviera que atender notificaciones, requerimientos, así como todo tipo de consultas, de forma que he estado conectado 24h durante los 7 días de la semana. No he sabido desconectar en vacaciones y he llegado a estar tan dependiente de la Red que hasta viendo una película en la TV, o simplemente estando tumbado en el sofá tenía el móvil en la mano. El resultado ha sido una saturación absoluta y un estado de estrés permanente. Mi trabajo como orientador, por otra parte, no ayuda precisamente a mantener un equilibrio emocional.

UN VERANO MENOS CONECTADO

Durante los dos últimos meses mi experiencia ha sido totalmente distinta a la que he tenido en estos últimos años. En tenido un espacio para la Internet, desde luego, especialmente en Instagram subiendo fotografías de los viajes realizados, subiendo algún pin a Pinterest y aceptando alguna invitación de Linkedin. Sin embargo, he reducido drásticamente las consultas al correo electrónico y he realizado un proceso de limpieza de suscripciones, de forma que he adelgazado la bandeja de entrada de forma significativa. No he publicado absolutamente nada en los blogs y sólo he contestado algún comentario cuando he vuelto de los viajes. Además, he procurado hacer caso omiso de las notificaciones y sólamente dedicar algún rato a limpiar la bandeja de entrada. El correo es, sin duda, uno de los responsables en robarte tiempo, un tiempo escaso y vital, así que ahora profundizaré en el uso inteligente que incluye evitar las notificaciones y poner un tiempo determinado para atender la bandeja de entrada.

Respecto a Twitter, la red social en la que más presencia activa tengo, apenas respondí a un tuit de los compañeros de Aulablog por cortesía pero lo borré para no entrar en la dinámica de respuestas de otros muchos precisamente para estar desconectado de la red social del pajarito. Efectivamente, no he mirado mensajes ni he visto menciones, ni nada de nada. No soy capaz de gestionar adecuadamente tantos seguidores. Tampoco he visto nada en Google +  de donde me he borrado de cualquier notificación que me robe tiempo, como he hecho en Linkedin; por otra parte, he dejado de atender los mensajes en Flickr y, por último, en Facebook habré echado un vistazo un día pero sin intención de entrar a conversar.

LAS VENTAJAS DE LA DESCONEXIÓN

Desconectar durante el verano ha sido la mejor decisión que he tomado en mucho tiempo. A pesar de haber realizado una desconexión parcial, he recuperado tiempos para hacer cosas que no hacía tan intensamente, en mi caso, leer y escuchar música. Pero, sobre todo, lo más importante es haber estado con las personas o con las tareas del día a día dedicando la atención plena a ellas. Precisamente, leyendo el libro de Daniel Goleman, Focus, he comprobado que las investigaciones corroboran lo que muchos intuyen (intuimos) acerca de la hiperconexión y el exceso de información: se pierde atención, se pierde empatía, se pierde autoconciencia, se pierde creatividad… y, por tanto, hay que poner en la balanza la forma en que estamos en la Red para que las desventajas se minimicen.

HASTA SIEMPRE, REDES SOCIALES

No quiero extenderme más para decir que este verano ha supuesto un punto de inflexión en mi presencia en la Red. Seguiré en mis blogs y seguiré comentando en ellos con quienes tengan el placer de visitarme pero dejaré lo efímero de las redes sociales porque no quiero entrar en la dinámica de conversación rápida y breve en la que se basan las redes sociales. Si la tendencia es que se conversa así, me apeo de este camino. No me gusta, no lo echo de menos. La tendencia a usar Twitter como sustituto de los RSS no me gusta.

Me preocupa la falta de profundización y reflexión derivada del consumo de información a través de las redes sociales. Me preocupa que esa tendencia llegue, además, en forma de cursos en línea en los que se profundiza poco en los temas y se abarca mucho, demasiado. Ese camino es erróneo. Ya he hablado más de una vez en el blog de la necesidad de tiempo, perseverancia y profundización para acometer cambios educativos. La tendencia a contemplar los cambios educativos desde los trending topics va, justamente, en el sentido contrario. Estamos bombardeados con aluviones de experiencias efímeras, no testadas y sin continuidad, que quieren ser la referencia de la educación del S.XXI. En ese tren no me subo.

La dependencia de la Red es muy preocupante y nuestro reto, como educadores, es recuperar espacios OFF, momentos sin conexión porque, de otro modo, como me ha pasado a mi, perdemos muchas cosas por el camino, perdemos la vida.

Acabo dando las gracias a Begoña, mi mujer, que en todos estos años ha sido quien ha estado sacando adelante mi familia, llegando donde yo no llegaba cuando estaba inmerso en la Red. No quiero seguir robando más tiempo a mi familia.

Nos vemos en la Red.

#OFF60

 

Vivo hiperconectado. Me cuesta dejar de mirar al móvil o a la tableta haciendo cosas como ver una película, pasear, montar en bici o desayunar. Puedo justificarme diciendo que me informo, me distraigo, que hago fotos o que presto atención a la vez a todo lo que hago. No es cierto. Creo que dependo en exceso de la interconexión, de la interacción con los demás a través de Internet. Dudo que sea bueno.

Desde el día uno de julio de 2014, pretendo estar sesenta días ausente de redes sociales, reduciendo el uso de Internet al mínimo imprescindible. Ese mínimo puede ser el de usarlo para búsqueda de información cara a las vacaciones y poco más. Con el correo tengo un grave problema. Es difícil discriminar qué es importante y qué es ruido. Estableceré filtros y un mensaje automático.

Quiero recuperar espacios y momentos que Internet me roba cada día. y quiero saber cómo me siento. Tengo la esperanza de establecer una nueva relación con la Red en la que el centro sea yo y no la Red misma.

Veremos si lo consigo.

En septiembre contaré la experiencia #OFF60