Qué difícil es ser tutor en Secundaria

Ya sé que es difícil ser tutor en Secundaria, qué le vamos a hacer. Ni en el CAP ni en la Facultad me enseñaron que los profesores de Secundaria somos tutores, es decir, educadores y como tales tenemos un papel (im)prescindible que cumplir en los centros pero la ley recoge (todavía) la figura del tutor en Secundaria Obligatoria (en Bachillerato ya sabemos que es una pérdida de tiempo, así que por eso han suprimido la tutoría) así que, si eres tutor, tienes que sobrellevarlo como puedas.

Decía que ser tutor es difícil porque tienes que cumplir muchas funciones, entre ellas la de coordinar las Juntas de Evaluación para cantar las notas y decir lo poco que estudian los alumnos, notificar las faltas y hacer papeleos varios, todos ellos engorrosos y (seguramente) poco útiles. De cuando en cuando, hay que echar una charla a los chavales para que se porten bien y estudien un poco, que el futuro es jodido, muy jodido.

La hora de tutoría es una hora estupenda. Con un poco de suerte, la cambiamos por una hora al principio o final de la mañana y los alumnos pueden disfrutar de un merecido descanso. En ocasiones, esa hora es perfecta para repasar nuestra propia asignatura, que ya sabemos que los programas son muy largos y cada vez tenemos menos horas para desarrollarlos. Tenemos actividades para la hora de tutoría, pero muchas veces son juegos que infantilizan la clase y realmente no estoy preparado para llevarlos a cabo. ¡Si al menos tuviéramos un libro!

Luego está lo del Departamento de Orientación, esos pesados que te persiguen para que hagas actividades con los chavales o que te dan información en un lenguaje incomprensible sobre procesos de aprendizaje de los alumnos, las medidas de atención a la diversidad que se pueden hacer y cosas por el estilo que no sirven para nada. Eso sí, cuando un chaval tiene un problema se lo mando a Orientación para que hagan algo, que para eso son psicólogos. También les mando a Orientación para que les expliquen el sistema educativo que tenemos actualmente porque yo me he quedado anclado en el BUP y COU y ahora es tan complicado que mejor no decir nada.

De vez en cuando, en la hora de tutoría vienen a dar charlas a los chavales sobre drogas o sexualidad, cosas importantes hoy en día pero para las que no estamos preparados. Por esa misma razón, preferimos que en las charlas estén sólo los chavales con los monitores porque así tienen más confianza entre ellos y nosotros aprovechamos para hacer otras cosas.

Los tutores, además, tenemos que hablar con las familias, mejor por teléfono que es más rápido y cercano, normalmente cuando sus hijos tienen algún problema porque sino es mejor que sean las familias quienes den el primer paso para establecer el contacto con nosotros. A veces, previa cita, recibimos a las familias en el Instituto y les contamos, en los bancos de los pasillos o en alguna sala grande y poco acogedora, que sus hijos estudian poco y que lo mejor es buscar una academia para recuperar esas asignaturas atrasadas.

Finalmente, los tutores tenemos que hacer informes sobre aspectos de los chavales que nos resultan totalmente desconocidos e incomprensibles, incluyendo su historial académico, sus intereses personales o profesionales, sus circunstancias familiares y otros aspectos que no vienen al caso porque tampoco tienen importancia. Hay mucha información de los chavales en sus expedientes académicos, pero mejor que estén en la Secretaría guardados para que no se pierda.

Ah, se me olvidaba, a veces los tutores hablamos con los chavales, especialmente si hay que echarles la bronca por lo mal que se portan. Nos gusta el pasillo como el lugar perfecto para estas charlas rápidas de cinco minutos en las que vamos al grano.

NOTA:

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Sólo encontré un tutor de este tipo en un curso hace mucho tiempo ya y no me acuerdo en que centro fue. Ahora ya está jubilado.

Imagen: FlickrCC