El futuro no vende; la Educación tampoco

Hace muchos años que vengo observando en nuestros adolescentes y jóvenes la escasa motivación que tiene el futuro para ellos. El futuro no vende, no es un valor tangible y no tiene buena prensa. Podemos argumentar que siempre ha sido así para los adolescentes, algo totalmente comprensible en atención a sus intereses y a su momento vital, pero no estoy pensando exclusivamente en ellos, sino en jóvenes que tienen en su haber estudios superiores y una gran preparación detrás y que, por tanto, han dejado atrás la etapa adolescente. En realidad, tenemos las generaciones de jóvenes mejor preparadas de la historia, con las peores expectativas laborales y personales posibles de modo que pueden ser las primeras generaciones que van a vivir peor que sus padres. La gravedad del tema es tal que debería estar en la agenda política pero, para el asombro de profesionales y ufanos, de esto no se habla, al menos en los partidos políticos.

Puestos a pensar mal, podría pensar que quizás el hecho de que los políticos tengan garantizados unos privilegios (sueldos, pensiones, dietas, coches oficiales, gastos de transporte, billetes en 1ª clase…) que suponemos redundarán en beneficio de sus descendientes y de que sus hijos disfrutan de una excelente educación privada con todos los medios puede hacer que no tengan un excesivo interés en la Educación… de los demás. Naturalmente, hay excepciones y la generalización es injusta. Sin embargo, hace pocos días Durán i Lleida nos recordaba que  si queríamos una cámara de funcionarios y gente pobre íbamos por el mejor camino, haciendo alusión a las críticas vertidas desde la sociedad civil al patrimonio y privilegios de los políticos españoles, apelando a que nuestros políticos estén bien preparados y pagados para ejercer las responsabilidades que tienen encomendadas (sic).

Sólo puedo entender el desprecio a la Educación de la clase política desde el paradigma anterior porque me niego a pensar que estemos ante una estrategia deliberada para que el nivel de estudios alcanzado por los ciudadanos españoles sea bajo en comparación a los países de nuestro entorno. Un nivel de formación bajo garantizaría que el sistema político actual siga como hasta ahora, forjando una sociedad donde las desigualdades aumentan, los parados también y los beneficios del estado del bienestar sólo puedan disfrutarlos un porcentaje de la población. En este contexto, la apuesta por una Sociedad de la Información y del Conocimiento pasa por la Educación, algo que no ha calado todavía en nuestros políticos aferrados, en sus prácticas, en analizar la sociedad en términos de sociedad industrial, con sus instituciones, sistema productivo, estructuras políticas, etc.

Si además, comprobamos que la Educación no merece más que unas disposiciones adicionales en leyes de economía en estos momentos de gravedad, me temo lo peor. ¿Por qué se nos hurta un debate en profundidad sobre el modelo educativo en el que la opinión de expertos y profesionales del mundo educativo sea tenida en cuenta? Saquen las conclusiones al respecto.

Trabajo como orientador en un centro público de secundaria y me preocupa la falta de expectativas que encuentro en un número cada vez mayor de jóvenes. Empiezo a no tener argumentos cuando me dicen cosas como éstas:

Para qué voy a estudiar si mi hermano mayor que estudió en la Universidad está en paro y sigue viviendo con nosotros

Profe, a mi los estudios no me interesan porque no me sirven para nada. Mi hermana estudió, trabaja como teleoperadora y gana una mierda. Para eso, no hace falta estudiar.

Evidentemente, siempre digo a mis alumnos que los jóvenes con estudios universitarios están en mejores circunstancias que los que no los tienen para afrontar una crisis como la que estamos atravesando. Siempre apelo al futuro, sabiendo lo poco que vende, para que no tiren la toalla… pero muchas veces tienen razón.

Tener 30 años, carrera universitaria, un doctorado, ganar menos de 1000€, trabajar en empleos precarios, trabajar en empleos de menor cualificación que la formación recibidatener como única opción hacer prácticas… no permite hacer realidad un proyecto personal. España es el país de la Unión Europea donde los jóvenes se emancipan más tarde, uno de los más bajos en porcentaje de jóvenes con estudios superiores y con una de las tasas de fracaso escolar más altas, el índice de paro juvenil duplica a la media de Europa y, últimamente, uno de los que más exportan cerebros. Mientras tanto, los Gobiernos en España reducen el gasto en Educación y también el de Investigación, Desarrollo e Innovación.

¿Razones para el optimismo? Ninguna, me temo.

Soy pesimista o quizás soy un optimista bien informado. No percibo que a nuestros Gobiernos les importe lo más mínimo unas generaciones de jóvenes con el derecho a soñar, sabiendo la parte de esfuerzo personal que eso conlleva, desde luego. No veo en los partidos políticos tradicionales el más mínimo resquicio de que importe la Educación en la medida que se ésta se merece, más aún en tiempos de crisis. Lo peor es que cuando éramos los “campeones del mundo” en creación de empleo y nuestro PIB iba a superar al de Francia, el gasto en Educación no aumentaba significativamente. Lo que ha importado durante años ha sido construir, hacer pisos, chalets, urbanizaciones, campos de golf y otras infraestructuras, algunas imprescindibles, otras absolutamente caprichosas. El crecimiento económico basado en el ladrillo ha generado bienestar pero también ha generado la crisis actual, no lo olvidemos. Hemos necesitado abundante mano de obra poco cualificada y, con la excusa del crecimiento, hemos mirado hacia otro lado mientras el sistema educativo seguía como siempre, sin adaptarse al futuro, sin pensar en el mañana.

Ahora que  la construcción ha dejado de ser el motor de la economía urge pensar en un sistema educativo que ayude a nuestros jóvenes a creer en el mañana, a tener futuro, a pensar en que los sueños puedan hacerse realidad, no porque la genialidad surja por generación espontánea, sino porque desde la Escuela se siembra para que nuestros jóvenes sean emprendedores, asuman retos, investiguen, desarrollen nuevos campos y nuevos negocios, creen en un mundo mejor, donde quepan todos… Nuestros jóvenes tendrán que desarrollar sus proyectos personales en una sociedad abierta, dinámica, global, con fuerte presencia multicultural… donde Internet será unos de los ejes. Desconocemos en qué trabajarán pero es seguro que si no están preparados para hacer frente a lo que viene, a lo que está llegando, estarán al margen.

Quisiera invitar a los políticos a que pisen las aulas de las Escuelas, no para inaugurar centros y hacerse fotos sino para estar un mes y conocer los problemas de cerca, como Carlos Cabanillas propuso a la Consejera de Educación de la Junta de Extremadura. Otro gallo nos cantaría, sin duda.

Es tiempo de invertir en Educación. Es tiempo de Kambio.

[audio:http://www.victorcuevas.es/educadores21/audio/Intro.mp3]