¿La Escuela es inclusiva realmente?

Os presento un documental sobre la historia de Rafa Calderón, una persona con Síndrome de Down. Para tantos como él, la Escuela no ha sido el trampolín para que pudiera desarrollar todas sus potencialidades y ejercer sus derechos como uno más. Si con legislaciones proclives a las personas con necesidades especiales no conseguimos una inclusión plena, con el anteproyecto de la LOMCE sencillamente nos olvidamos de ellos. Detrás de el colectivo de personas con discapacidad intelectual hay una luche enorme, desigual, agotadora de sus familias. Reconozcamos que sin ellas, muchas de estas personas no podrían desarrollar su potencial.

Esta entrada es para reflexionar. Porque sigo oyendo, a diario, en los centros educativos cuestionar que los alumnos con necesidades especiales tengan que estar en la Escuela ordinaria. Las personas con discapacidad no necesitan lástima, necesitan ejercer sus derechos. ¿Estamos en eso? ¿Tu centro educativo es inclusivo? ¿Tu aula es inclusiva?

Rafa Calderón obtuvo el título de la ESO contra la opinión de la Escuela, el de Bachillerato y los diez cursos de los Grados Elemental y Profesional de Música. El camino fue muy duro, nada de un cuento de hadas.

Hace muy poco Boris Mir hablaba de los agrupamientos escolares como una de las claves organizativas de los centros para poder realizar prácticas inclusivas. Deberíamos tomar buena nota porque la Escuela está llena de prácticas segregadoras de las que no tomamos conciencia.

¿Cuándo copiaremos a los países avanzados en el desarrollo de los derechos de las personas?

Un homenaje a las personas con Síndrome de Down y a quienes se empeñan en que disfruten de todos sus derechos.

Toda la historia de Rafa está en el libro que ha escrito el hermano de Rafa y que da testimonio de la lucha familiar porque Rafa pudiera desarrollarse como persona, como el resto de personas.  Esta es la referencia: Calderón, I. y Habegger, S. (2012): Educación, hándicap e inclusión. Una lucha familiar contra una escuela excluyente. Octaedro Andalucía, Granada. Lo voy a comprar ahora mismo.

La formación inicial del profesorado: una asignatura pendiente

Imagen: I’m a bit incredulous bajo Licencia CC

Estamos aburridos de escuchar que Finlandia tiene un sistema educativo excelente y uno de los factores que hacen que sea así es, sin duda, el profesorado. Quisiera abordar, en esta entrada, algunas consideraciones respecto a la formación inicial del profesorado para que nuestro sistema educativo sea, en el futuro, el de mayor calidad posible por contar con excelentes profesionales. Si hay cosas que se pueden hacer para cambiar la calidad del sistema educativo sin cambiar las leyes  una de ellas, es cambiar la formación inicial del profesorado que trabajará en centros educativos, sea cual sea la etapa, sea cual sea su titularidad.

Las Facultades de Educación, el primer paso

Hace casi veinticinco años que salí de la Escuela de Magisterio y en todos estos años, pocas cosas han cambiado respecto a la formación que se imparte en las actuales Facultades de Educación o Formación del Profesorado, como se prefiera. Por mi experiencia trabajando con compañeros más jóvenes, encuentro que la formación inicial de los Maestros en Educación Primaria o Infantil sigue teniendo graves carencias:

  • Desconexión universidad y realidad del aula, a menudo por la ausencia total de práctica del profesorado universitario. Se sigue enseñando de oído.
  • Ausencia formación en metodologías activas, se sigue practicando en las aulas el tipo de enseñanza magistral aderezado con trabajos en grupo.
  • Ausencia de formación en evaluación; el alumnado sale de la Universidad sin conocer herramientas como los portfolios, los cuestionarios, etc…
  • Ausencia o insuficiente uso de las TIC, excepto las plataformas cerradas como Moodle o en blogs, con el único fin de poner las tareas o colgar apuntes.
  • Ausencia de conectividad en los aprendizajes; no se aprende en redes de compañeros próximas o lejanas, no se aprovecha el potencial social de las redes.
  • No hay PLE explícitos; el alumnado no hace una reflexión previa de cómo y de quién aprende. Tampoco sus profesores.
  • Prácticas insuficientes en centros educativos, sin una supervisión de los profesores universitarios ni un reconocimiento del profesorado que trabaja y realiza la labor de mentoring.

El Máster Formación de Profesorado, un fracaso más

Algunos teníamos esperanzas en que la muerte del Curso de Aptitud Pedagógica (CAP) trajera una auténtica formación pedagógica para el profesorado que trabajará en centros de Secundaria y Bachillerato (no hablemos ya de Formación Profesional). El Máster de Profesor de Enseñanza Secundaria perpetúa todos los defectos del antiguo CAP y apenas aporta nada relevante.

  • Sigue sin responder a las necesidades específicas de formación en Secundaria; el profesorado lo vive como un trámite para poder impartir clases de “su asignatura”.
  • Carencias muy graves en metodología y evaluación; de nuevo, ausencia de referencias en metodologías activas así como en evaluación sumativa y formativa.
  • Ausencia muy grave de contenidos psicopedagógicos básicos; es lamentable discutir con compañeros de Secundaria la necesidad de que el currículo se adapte al alumnado y no al revés; de la importancia de conocer las características del adolescente, de lo importante de la resolución de conflictos, de la educación emocional…
  • Prácticas insuficientes en los centros.
  • Visión especializada de los contenidos, de forma que se entiende el conocimiento como la adquisición de contenidos de una asignatura en particular sin vínculos con el resto, aislada.
  • Ausencia de formación en técnicas de trabajo en equipo, gestión de proyectos
  • Ausencia de evaluación rigurosa; lo que, de hecho, permite el acceso a la profesión de forma indiscriminada.

La Escuela Concertada, sin control alguno

Los centros de titularidad privada financiados con fondos públicos no tienen control alguno por la Administración en la selección del profesorado. Sabiendo que existen excelentes profesores en la Escuela Concertada, la ausencia de criterios públicos de acceso y la falta de transparencia en la contratación, constituyen una anomalía impropia de un Estado democrático que financia, vía conciertos, una parte importante de la enseñanza del país. Deberían exigirse los principios de mérito y capacidad, al igual que en la Escuela Pública, unidos a los de transparencia y publicidad.

Escuela Pública, el desastre de las oposiciones

El sistema de oposiciones debería garantizar que se cumple el principio de mérito y capacidad para quienes desean forma parte de la Función Pública. Si nos detenemos a profundizar en qué significan ambos conceptos, vemos que el mérito y la capacidad que exige la oposición nada tiene que ver con el que exige el desempeño del trabajo. La Administración sigue seleccionando al profesorado en base a unos requisitos que no sirven para el trabajo que después desempeñarán, originando un grave problema y una grave disfunción en el sistema.

  • Oposición desconectada de la realidad del aula; excesivo peso de los contenidos teóricos propios de cada especialidad, sin un coprpus común transversal.
  • Ausencia de contenidos relevantes para impartir clase, excepto los propios de la especialidad.
  • Ausencia de demostración práctica de la capacidad para dar clase.
  • No hay un mentoring efectivo del profesorado hasta que se considere preparado para poder dar clase.

Algunas alternativas
En la formación de maestros:

  • Aumentar el nivel de dificultad en el acceso a los estudios, esto es, la nota de corte.
  • Cambios de los currículos en Facultades de Educación para hacer hincapié en los procesos de aprendizaje de las lenguas, los fundamentos matemáticos y los conocimientos científicos básicos.
  • Enfoque experiencial del aprendizaje versus el enfoque académico.
  • Necesidad de que sean profesores en activo en las aulas quienes impartan una parte del temario, sólo así podrán transmitir las situaciones reales que se viven día a día.
  • Más tiempo de prácticas en los centros educativos.
  • Reconocimiento de la labor de mentoring del profesorado que tutela a alumnos de prácticas.
  • Aumento de experiencias con metodologías activas, proyectos colaborativos
  • Nuevas experiencias de evaluación formativa y sumativa: herramientas para evaluar aquello que queremos medir.
  • Aprendizaje de idiomas.
  • Aprendizaje de técnicas de gestión del tiempo, de trabajo en equipo, de gestión de procesos.
  • Aprendizaje de técnicas básicas de dinámicas de grupo, tutoría entre iguales...
  • Contenidos obligatorios sobre educación emocional.
  • Formación específica en inclusión educativa en cualquier especialidad.

En la formación de profesores de Secundaria:

  • Alta exigencia de motivación previa para poder hacer el Máster, con selección del candidato.
  • Enfoque experiencial del aprendizaje versus el enfoque académico basado en la adquisición memorística de contenidos.
  • Formación en dinámicas de grupo, gestión de conflictos, mediación
  • Formación en educación emocional.
  • Formación psicopedagógica básica: motivación, atención…
  • Formación psicológica básica: psicología del adolescente, empatía…
  • Formación en metodología activas del aprendizaje.
  • Uso de las TIC en entornos abiertos para aprender con otros.
  • Formación en evaluación de procesos y proyectos.
  • Necesidad de un curso académico para hacer prácticas evaluables previas a la aprobación del Máster.

 

Estas son mis reflexiones para comenzar el año. ¿Y tú qué opinas? ¿Crees que hay que cambiar el sistema de acceso a la docencia? Deja tus comentarios, por favor.