Reflexiones para la mejora de la convivencia

La convivencia es uno de los ámbitos de trabajo al que más tiempo dedicamos tanto los tutores, como los orientadores y jefes de estudio de los institutos o colegios. Todo profesor tiene ante sí el reto de enseñar y para ello debe gestionar el clima de aula y, por ende, la convivencia de los alumnos y profesores.

La convivencia, su aprendizaje y su práctica, definen sin duda a los centros educativos. Su gestión, con los inevitables conflictos derivados de la misma, marca la diferencia entre los centros que aprovechan la convivencia para educar y formar en el respeto, la tolerancia y la aceptación de la diversidad, y aquellos que no. Trabajar la convivencia exige un esfuerzo ímprobo y denodado. Gestionar la convivencia no está pagado, en especial para los tutores de Infantil y Primaria que no disponen de hora específica de tutoría, gracias LOMCE, ni para los tutores de ESO y Bachillerato que deben gestionar la convivencia de personas en formación, los adolescentes, cuya interacción suele ser conflictiva per se.

Olvidamos, por desgracia, que la función de la Escuela no es transmitir contenidos. Aunque la presión de la LOMCE, las evaluaciones externas y la sociedad competitiva demande eficacia y adquisición de competencias, la Escuela está para otra cosa: formar a personas que serán futuros ciudadanos.

Durante este año he estado participando en un seminario en el CEIP Santo Domingo de Humanes, al sur de Madrid. Un colegio donde se han planteado revisar la gestión de la convivencia y abordar desde ahí el problema del acoso escolar. Lo que más me ha gustado al compartir con ellos el trabajo ha sido que se planteen la convivencia dentro de un marco general, siendo el acoso sólo una de las manifestaciones de la misma, en este caso, de una mala convivencia.

Os comparto esta presentación con algunos de los contenidos trabajados. Mi reconocimiento, desde aquí, a los centros que ponen en el centro de su práctica escolar a la gestión de la convivencia desde una perspectiva positiva.


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Quienes os apetezca saber más de convivencia, os animo a acudir a los siguientes recursos:

Nuevas medidas para el comienzo de curso

Vamos a celebrar la adopción por parte de las autoridades académicas y sindicatos del ramo, de tres medidas para el comienzo de curso que han mostrado su eficacia en sistemas educativos, al menos en sistemas educativos lejanos.

Reducción de horas lectivas

Es una medida largamente esperada. Desde que se aumentaron las horas lectivas del profesorado, esas dos horas más semanales en el caso de Secundaria y Bachillerato, la carga de trabajo del profesorado es enorme. Llevar el seguimiento de un par de grupos más no es dar clase dos horas más. Se trata de programar, corregir, evaluar y hacer el seguimiento de aproximadamente unos sesenta alumnos más. Quizás sea sólo un grupo más, si tienes suerte. Entonces sólo tendrás que hacerlo de unos treinta o treinta y cinco de ese grupo adicional. Quienes digan en perfecto cuñao que sólo son dos horas, recuérdales qué es dar clase. Si tu clase es diversa, que es lo natural en la Escuela Pública, tendrás que realizar adaptaciones para el alumnado con necesidades educativas especiales y tomar medidas específicas para aquellos con dificultades de aprendizaje, además de motivar a los repetidores o dar algo más para esos que lo necesitan. Dos horitas menos de nada que, de refilón, permitirán recuperar muchos de los miles de profesores despedidos en los últimos diez años. Tonterías mías.

Reducción de ratio

Unido a las dos horas más de clase, el aumento de ratio nos ha dejado clases-aparcamientos en las que es sencillamente imposible realizar un seguimiento personalizado digno de ese nombre. Quienes venden las bondades de la enseñanza personalizada no han dado clase en su vida a cinco grupos de treinta adolescentes con las hormonas a flor de piel en aulas pequeñas pensadas para grupos de veinte. La reducción de ratio ayudaría bastante a aumentar la calidad de la enseñanza, la personalización de la misma y la capacidad de hacer un seguimiento exhaustivo de todos los alumnos. Habrá quien lo haga con treinta alumnos y cuatro o cinco grupos, denle una medalla. El resto de profesores, con menos grupos y éstos más pequeños, daríamos una mejor versión de nosotros mismos. Desde luego, habrá quien sea mal docente con veinte alumnos en el aula, pero eso es otro tema diferente. La excepción no confirma la regla.

Aumento de sueldo

¡Qué barbaridad! ¡Pero si cobras del Estado! ¡Cómo te quejas sabiendo como está el patio! Nunca entenderé a quienes defienden trabajar más y cobrar menos. Como aspiración profesional, un buen docente que lleve a sus espaldas años de experiencia, formación y dedicación, debe cobrar mucho más que lo que nos pagan. Sencillamente, la importancia del trabajo, su complejidad y la dedicación exigen que estemos bien pagados. Que otras profesiones no cobran lo que debieran, desde luego. Pero hablo de la mía. Hablo de que no es posible que nuestra motivación profesional se base, única y exclusivamente, en pensar que hacemos las cosas bien y que los alumnos y sus familias nos lo agradecerán. Elegí la profesión por estos motivos precisamente, pero creo que el derecho a una carrera profesional es innegable. Que nos evalúen, desde luego, me parece justo, pero no por las notas de los alumnos, hay muchas más variables. Lo que es indudable es que nos ganamos el sueldo, desde luego. Pagarnos más y permitir que tengamos carrera profesional es una medida que me ha hecho desear que llegue el uno de septiembre como nunca antes había deseado.

Recursos personales para la atención a la diversidad inclusión educativa

¡Pero si has dicho tres medidas! Cierto pero se me olvida hasta sumar. Sin recursos personales específicos la inclusión es una quimera. Hablo de profesorado de apoyo, hablo de orientadores, hablo de profesores de la misma asignatura que permitan trabajar dentro del aula a varios a la vez y así cambiar las dinámicas tradicionales o, qué barbaridad, ir a los laboratorios, por poner algunos ejemplos. Hablo de que educar es caro y requiere profesionales para que, por ejemplo, haya una oferta real de optativas que se ajusten a las necesidades de los alumnos y una atención específica para alumnado con diversidad funcional. ¡No todo va a ser estudiar Inglés! Desde luego la inclusión requiere un cambio de cultura docente. Eso nos toca a nosotros, pero dennos los recursos necesarios que seguro que hasta sabemos hacerlo.

Vuelve, Víctor, vuelve

Me he despertado de la siesta. ¿Dónde he visto esas medidas? ¿Dar menos horas de clase, bajar la ratio, tener más profesores en los centros y cobrar más? Morfeo es miserable conmigo.

Vamos a necesitar, un año más, la máxima energía posible porque luchamos contra los elementos. Además, se decide, al margen del más mínimo sentido común y de la comunidad docente, tomar medidas en otra dirección como el desplazamiento del profesorado artístico si no sabe Inglés. No digo yo que no hagan falta medidas para potenciar el aprendizaje del Inglés o premiar a los alumnos de mejor expediente, pero ese tipo de medidas apenas tienen impacto real en la mejora del conjunto del sistema educativo porque dejan de lado el principal factor de calidad: el profesorado. Más bien responden a intereses de otra índole y no tienen en cuenta que con una de las inversiones más bajas en gasto por alumno de España, queremos mejorar. Puestos a tomar medidas, me quedo con las mías, sin duda.

La genial viñeta es cortesía de Néstor Alonso.

Mi participación en el proyecto Alumnos Ayudantes TIC-Madrid Sur

El mes de julio del año pasado participé en el Seminario Ciberbullying y adolescencia: la responsabilidad educativa en la era digital celebrado en la UIMP de Santander bajo la dirección de Agustín Domingo Moratalla e Isidro Catela Marcos. Mi participación en el seminario me permitió compartir la experiencia desarrollada por más cien centros educativos de la Comunidad de Madrid que desarrollamos este proyecto. Es uno de los proyectos de Aprendizaje Servicio (ApS) que desarrollamos en mi instituto. El origen de este proyecto está en la idea de José Antonio Luengo,  de que son mejores los alumnos que nosotros quienes pueden  fomentar el buen uso de Internet, en concreto las redes sociales y prevenir el ciberacoso. Puedes ver más información en la página del proyecto.

En la UIMP se hicieron eco de lo más destacado de mi presentación que os dejo a continuación.


Ayudantes TIC MADRID SUR – Created with Haiku Deck, presentation software that inspires;
 

En mi instituto, el IES Joaquín Araújo, como en los tres cursos anteriores, hemos formado a alumnos voluntarios para la realización de este proyecto que pretende dar herramientas para el buen uso de Internet y las redes sociales en sus compañeros más pequeños. El proyecto hace una formación previa a los alumnos ayudantes en los temas de intimidad en la Red, respeto, ciberacoso, hiperconexión y violencia de género a través de los móviles. Posteriormente, los alumnos en equipos de tres personas, han estado en las aulas de 1º de ESO y de 5º y 6º de Primaria de los colegios Ramón y Cajal y Miguel de Cervantes, ambos de Fuenlabrada. Con estos centros mantenemos una excelente relación porque buena parte de sus alumnos vienen a estudiar al instituto.
Queremos agradecer a los dos colegios mencionado, a los tutores de 5º y 6º de Primaria su colaboración para que todo fuera un éxito. Así mismo, damos las gracias a la directiva del instituto,  a los compañeros tutores de 1º y 3º de eso y a los orientadores del instituto por la formación de los ayudantes. Sin la implicación en el desarrollo de este proyecto de todas estas personas, además del trabajo altruista de los alumnos y alumnas, el proyecto no sería posible.

Estamos muy satisfechos del resultado obtenido y os dejamos un vídeo de los ayudantes en acción durante su trabajo en los dos centros de Primaria, el CEIP Ramón y Cajal y el CEIP Miguel de Cervantes.

Alternativas al Bachillerato y el acceso a la universidad

He comentado estos días en Twitter algunas reflexiones al hilo del inminente examen de acceso a la universidad. Un examen, llamado evaluación por las autoridades académicas, que ejemplifica los profundos errores del sistema educativo actual, apoyados por una cultura del aprendizaje que sigue manteniendo prácticas obsoletas y erróneas. Voy a intentar explicar mi opinión, nacida de la reflexión desde la práctica en los últimos veinticinco años de docencia. No soy un científico aunque existen, para los que quieran, evidencias que apoyan mis palabras. Las reflexiones de Twitter podéis encontrarlas en el blog de la Comunidad Orientapas que ha recopilado Alberto Del Mazo.

Desde que se reformó el sistema educativo en el año 1990 con la LOGSE, el Bachillerato quedó reducido a dos cursos al prolongarse la edad de escolarización obiligatoria. Esta etapa, cuyo fin es simplemente preparar al estudiante para estudios posteriores, es una etapa meramente selectiva e instructiva. Es una etapa no formativa, aunque evidentemente cualquier práctica educativa forma, en sentido estricto. Digo que no es formativa en el sentido de pretender que el alumnado adquiera conocimientos, valores y destrezas a poner en práctica posteriormente. Se queda en lo primero. El único objetivo es adquirir conocimientos teóricos para poder aprobar un examen teórico de acceso a la universidad. Nada más.

Contrasta la práctica real del Bachillerato con los supuestos fines escritos en las leyes educativas que lo regulan. Todo gira en torno al acceso a la universidad por mucho que al finalizar Bachillerato se puede acceder a Formación Profresional de Grado Superior. Sin emabargo, con la última reforma educativa (LOMCE), las pasarelas de Formación Profesional permiten el acceso al Grado Superior desde Grado Medio sin necesitar Bachillerato, reforzando aún más, si cabe, que el Bachillerato sólo sirve para preparar un examen de acceso a la universidad. Ahora y siempre. Toda la planificación educativa del segundo curso de Bachillerato, por ejemplo, gira en torno al calendario de acceso a la universidad, un calendario completamente diferente al del acceso a la Formación Profesional de Grado Superior. 

Maquina de estudiar

Seas un alumno que quiera estudiar en la Universidad o en un Ciclo Superior de Formación Profesioanl te va a dar igual. El ritmo vertiginoso de las clases, los temarios completamente abultados, las horas de clase… todo está diseñado para que seas una máquina de estudiar. Renuncia a todo, la Universidad te espera. Da igual que tengas otros proyectos. Si has llegado hasta aquí, olvídate de todo. Esto no es una broma. Aquí se viene a estudiar y el que no quiera, que se vaya a su casa. Cuando acabe el Bachillerato empezarás a vivir, ahora toca hacer un esfuerzo. 

¿El Bachillerato es una academia?

Visto que el diseño y la praxis del Bachillerato consiste exclusivamente en impartir contenidos teóricos, los estudiantes podrían estudiar en cualquier academia. No es casualidad que los canales de Youtube y las académicas presenciales tengan tantísimos alumnos. ¿No está fallando algo en los centros educativos? Si sólo se trata de adquirir contenidos, especialmente teóricos, ¿cuál es la diferencia con una academia? En Bachillerato no hay tutoría grupal, medida tomada por el PSOE en un acto de irresponsabilidad manifiesto. Esta ausencia de tutoría grupal, existen tutorías individuales que refuerzan el carácter de academia de esta etapa, pone blanco sobre negro las verdaderas intenciones del legislador sobre la etapa. Intenciones, por cierto, que la inmensa mayoría de docentes de la misma saludan con alegría. Por fin puedo dar clase de (póngase aquí el nombre de tu asignatura) sin tener que hacer atención a la diversidad y todas esas tonterías. Aquí puedo disfrutar explicando mi asignatura. 

El Bachillerato ha sido despojado del carácter formativo y educativo porque ya no es una etapa obligatoria y porque el temario para acceder a la universidad es la única guía que marca las prácticas docentes. Unas prácticas centradas exclusivamente en la transmisión de saberes teóricos (con algunas excepciones en asignaturas de carácter más práctico), el conocimiento enciclopédico y la clase magistral. Unos saberes que están en los libros y el profesor transmite. Saberes desconectados de la vida real y alejados de un enfoque práctico. Por eso es una academia. Sólo hay saberes transmitidos.

Naturalmente, en este análisis caigo en generalizar y dejo de lado a los profesores que no asumen que son meros transmisores de contenidos. Los hay, desde luego, aunque sean minoría. Entre otras cosas, el diseño centrado en la mera transmisión de saberes condiciona todo lo demás. No hay posibilidades de realizar proyectos, de hacer trabajo interdepartamental, no se pueden desarrollar experiencias prácticas, han desaparecido los laboratorios… total, lo único que vale es aprobar el examen de acceso a la Universidad. El fin justifica los medios

Hay alternativas

Durante los últimos treinta años no hemos sido capaces de generar un modelo alternativo para los cursos previos a la Universidad ni del propio acceso a la misma. Abogo porque el Bachillerato tenga un carácter plenamente formativo y que tenga una estructura muy diversificada y flexible, dando especial importancia a la práctica, aumentando las sesiones de clase a dos horas de forma generalizada, entre otras cosas, para permitir abordar la docencia de forma diferente a la tradicional. Debemos recuperar los diferentes Bachilleratos y sus itinerarios, permitiendo que se adapten a las necesidades del alumnado. Las Artes, la Música, La Danza, las ciencias experimentales… deben volver a recuperar el protagonismo perdido. Igualmente, debe haber una flexibilidad completa que permita cambiar de itinerarios y asignaturas de forma que cada estudiante tenga un Bachillerato a la carta, enfocado exclusivamente a los estudios que quiera realizar posteriormente. Nada de itinerarios rígidos y excluyentes.

Además, creo necesario y urgente, recuperar la tutoría como parte esencial de la educación, precisamente en los años en los que más se necesita porque la capacidad de toma de deciones del alumnado así lo exige. Añadimos, además, la consideración del inicio de la juventud o final de la adolescencia, como una etapa evolutiva en la que hay que seguir ayudando a que los alumnos se construyan a sí mismos, en relación a los demás. 

Por último, creo que el Bachillerato debería tener un gran componente de orientación vocacional. El papel del orientador debería ser mayor, con un seguimiento individual del alumnado para conocer sus valores vocacionales e intereses profesionales y diseñar conjuntamente el plan de estudios. De hecho, este seguimiento permitiría una cambio de itinerario, si así fuera necesario, con tal de que cada alumno estudie en función de sus auténticos intereses y capacidades. En este sentido, además, es esencial la realización de un plan de orientación profesional que contemple actividades con empresas, instituciones, con ex alumnos, con universidades y con profesionales en activo, además de las propias familias. Esto ya lo hacemos en algunos institutos con excelentes resultados para ayudar a los jóvenes en su proceso de elección vocacional.

¿Y el acceso entonces?

Propongo un sistema diferente al actual, más individualizado que tenga como ejes, al menos los siguientes aspectos. El primero, la trayectoria académica del alumno, sus estudios elegidos con la variabilidad de caminos posibles para atender sus intereses. El segundo eje sería un examen específico en función de los estudios elegidos y de la rama de conocimiento en el que se encuadren. No vale el mismo examen para todos, sino un examen para los que quieran estudiar Psicología, por poner un ejemplo, distinto del que vaya a estudiar Enfermería. Esto supone que previamente los alumnos saben qué quieren estudiar gracias al Bachillerato diseñado con tal fin y no como ahora, que se decide una vez realizado el examen de acceso. El tercer eje del sistema sería una entrevista personal que valide competencias que no pueden medirse en un examen. Sería el último filtro para concoer las motivaciones e intereses para elegir una carrera u otra. Fruto de estos tres procesos, el acceso a la universidad sería mucho más realista, enfocado a quienes quieren estudiar una carrera y no probar suerte con algo que salga por casualidad. 

Naturalmente, no soy especialista en el tema y todas mis propuestas están basadas en la experiencia , la comparación con otros países y la intuición de algo que pudiera funcionar mejor que lo que ahora tenemos, que es un fracaso.

¿Y tú qué opinas? Bienvenido sea el debate.