El poder de la palabra

La palabra nos hace humanos, nos acerca a los demás, nos ayuda a comprenderlos. Es una de las herramientas de trabajo imprescindibles para los educadores, especialmente cuando tenemos delante a los adolescentes. Aunque no compartimos en muchas ocasiones sus códigos, su jerga, su lenguaje coloquial, tenemos la enorme capacidad de llegar a ellos a través de la palabra.

Los profesores de Secundaria, en general, pensamos que con los alumnos se puede hablar de cualquier manera, es decir, en un pasillo o en el patio, incluso al final de la clase. Comentamos algunos aspectos de ese día, que si hoy te has portado mal, que si va todo bien, que si hoy estoy enfadado contigo por esto o lo otro… Desde nuestra posición de profesores, pensamos que ya hablamos con los chavales cuando tenemos este tipo de intercambios, muy rápidos, muy unidireccionales, muy a mata caballo, valga la expresión. Esto no es casual, hablamos así porque no tenemos los tiempos necesarios o no los sabemos buscar, igual me da, pero no es suficiente.

Los adolescentes, en pleno desarrollo y en pleno cambio, son reacios a nuestros encuentros cuando éstos son exclusivamente para que les recriminemos, muchas veces con toda la razón, algún aspecto de su rendimiento académico o de su conducta. Al contrario, un cómo estás, un qué tal te va todo o una sonrisa al decir su nombre tienen un efecto enorme de cercanía y confianza en un mundo, el de los institutos, en el que todo sucede demasiado rápido.

Sin embargo, quiero hacer hincapié en el valor que tiene para los adolescentes el que tengamos un encuentro personal con ellos. Ese encuentro, cuando se hace en tiempo y forma adecuado, permite descubrir a la persona que hay detrás de ese alumno al tiempo que ese alumno descubre a la persona que hay detrás de ese profesor. Cuando te abres a su vida, todo cambia. Comprendes el porqué de determinadas actitudes, ayudas a comprender procesos o simplemente, eres un colchón emocional.

Ese encuentro es imprescindible para establecer una relación de confianza mútua y también llegar a acuerdos sobre aspectos académicos o conductuales. Pero aún es más importante teniendo en cuenta que normalmente, sin ese tiempo personal, sólo conocemos a un alumno diluido en un grupo desempeñando el rol que quiere o puede desempeñar. Sin el encuentro personal, sólo conocemos etiquetas que aplicamos de forma indiscriminada según nuestra escala de valores como profesor:

Es un vago

Es muy buen estudiante

Es un mal educado

Es un…

La importancia de escuchar nos ayudará a eliminar prejuicios, a conocer a la persona y desterrar ideas superficiales, preconcebidas o las temidas etiquetas psiquiátricas tan de moda últimamente. ¡En cuántas ocasiones no hemos visto que las etiquetas destruyen a las personas que las sufren!

Desde este curso en la Comunidad de Madrid todos los tutores de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional tienen que tener al menos una tutoría individual con cada uno de los alumnos de su grupo en cada trimestre. Me parece una excelente idea que recoge una queja tradicional de los tutores hacia la falta de tiempo para hablar con el alumnado aunque, con leyes o no, siempre he conocido a profesores, tutores o no, que han dedicado su tiempo a entrevistarse con los alumnos, no en los pasillos, sino en un espacio más pequeño, de tú a tú, sin las incómodas miradas de quienes pasan por ahí. Es la primera vez que una ley recoge este aspecto imprescindible.

Pero desgraciadamente, no todos los tutores de mi entorno lo entienden. Parece que conocer a los alumnos es más difícil que conocer la asignatura que se imparte. Al fin y al cabo, una asignatura no cambia tanto y cada alumno es un mundo. Pero este alumno, esta persona que deja un tercio de su vida de lunes a viernes en el instituto, necesita de adultos que le escuchen, que le cuestionen, que le orienten.

No me sirven las excusas del tiempo ahora que lo tenemos; tampoco que son mayores o que sea una ley de tal o cual partido político. No entiendo porqué un tutor de un alumno no ha hablado con él, si quiera en un recreo, ¡qué menos! La cultura educativa imperante en los institutos sigue sin reconocer el papel educador de todo profesor y eso es muy preocupante. Toda reforma educativa que obvie este aspecto y toda práctica educativa que intente circunscribirse sólo a la mera transmisión de conocimientos, se topará de bruces una y otra vez con los mismo problemas.

PD. Sólo tengo buenos recuerdos de aquellos profesores que hablaron conmigo y me ayudaron a conocerme a mí mismo. El resto los he olvidado, afortunadamente.

 

Imagen: No Going Back bajo Licencia CC.

 

Para llorar

Hoy, la lectura del periódico deja tras de sí un panorama desolador, tanto que dan ganas de llorar. Hablo de educación, porque con el resto de noticias casi nos hemos acostumbrado. Veamos.

Casi la cuarta parte de los niños españoles de entre 3 y 12 años sufren sobrepeso, algo propio de las sociedades occidentales y que dice mucho del tipo de vida que estamos fomentando en los más pequeños como el tipo de vida a seguir y que, curiosamente, afecta más a las clases sociales más desfavorecidas:

“es una enfermedad socioeconómica” que afecta, en mayor medida, a las familias con menos recursos económicos y de menor nivel cultural.

Sigo con el diario y la siguiente noticia me estremece aún más: el suicidio es la tercera causa de muerte entre los 10 y 14 años. ¿Cómo? Dicho así es una barbaridad, pero si leemos la noticia a fondo, los datos sobre los problemas de salud mental en la infancia y adolescencia son alarmantes y preocupantes. Esta sociedad que se dice del bienestar provoca justo lo contrario:

A un nivel menos grave, el 20% de los menores de 14 años sufre depresión, ansiedad, problemas de conducta o hiperactividad.

Ahora, como profesor que trabajo en un Instituto de Secundaria permitidme una reflexión: ¿estos problemas de nuestros niños y adolescentes se deben abordar en la Escuela? En caso afirmativo, ¿quiénes son los profesionales cualificados para ello? ¿Deben existir estructuras de coordinación entre los servicios educativos, sociales y médicos para abordar estos problemas? ¿O, simplemente, seguimos enseñando matemáticas, pongamos por caso, y que los demás, sociedad y familia se ocupen de ellos?

Hoy la lectura del periódico era para llorar, ¿no es cierto?

PD. En otra sección del periódico: la gilipollez no tiene límite.

Imagen: FlickrCC

Estereotipos de mujer

Lo he leído en 20 minutos del que tomo prestada la imagen: las revistas para adolescentes fomentan algunos estereotipos sexistas, según el estudio realizado por la Confederación de Consumidores y Usuarios de Madrid.

Según este estudio realizado con adolescentes de entre 11 y 16 años, las revistas transmiten un prototipo de mujer obsesionado por el cuidado del físico y por satisfacer sexualmente a los hombres:

El prototipo de mujer que proyectan estas revistas, según se desprende del análisis realizado, responde al de una mujer obsesionada por cuidar su físico y su imagen y preocupada por satisfacer sexualmente a los hombres. “La formación, el ocio, la cultura o el voluntariado son temas prácticamente inexistentes”.

El 24% de su contenido es publicidad, sin contar con los publireportajes, mientras que los cotilleos, las noticias y reportajes de famosos componen el 18% de su contenido.

Además, la autora del estudio, Inés Marín, denuncia el tipo de contenidos relacionados con la sexualidad:

“El problema es que estas revistas no tratan temas como la seguridad en las relaciones sexuales, la prevención de enfermedades de transmisión sexual” y, todo eso, unido un prototipo de mujer que presentan, “continuamente indagando en cómo conquistar al hombre y complacerle sexualmente”, hace que estas niñas reciban “una imagen discriminatoria de la mujer”.

Las revistas que han sido utilizadas para realizar el estudio han sido Nuevo Vale, Cosmopolitan, Ragazza, Bravo, Loka magazine, Super Pop, Star2 y You. La CECU se puso en contacto con la dirección de las revistas para ver si podían replantearse el enfoque pero ninguna respondió.

Como educador, como adulto y como padre de dos niñas me preocupa enormemente que bajo la libertad de prensa, que apoyo, se publiquen barbaridades y se trasmitan unos valores totalmente reprobables.

¿Cómo nos defendemos de ello?

P.D. Algunas píldoras encontradas en las web de algunas de las revistas estudiadas:

¡Te odio!

¡Te odio! ¡No me comprendes! ¡Tú no tienes ni idea! …

¡Cuántas veces habremos escuchado a los adolescentes decírselo a sus padres! Ciertamente, la adolescencia es una etapa complicada de la vida (aunque no hay que exagerar) y a los padres nos suele coger”con el pie cambiado”. Desde el IES intentamos echar mano de algunas indicaciones de cabecera para apaciguar a esos padres que se desesperan con sus hijos (y no es para menos). Normalmente, la experiencia en el Departamento nos muestra que muchos adolescentes tienen problemas de comunicación con sus familias, así que utilizamos un documento (nada original, seguramente) para dar algunas pistas a las familias para encarar las relaciones de forma positiva.

El documento lo podéis utilizar y modificar a vuestro antojo (agradecería los comentarios).

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Imagen: FlickrCC