Do you speak English?

El domingo 13 de mayo leía en El País un artículo sobre los requerimientos del idioma inglés por parte de las empresas españolas. El dato es contundente: el 87% de las empresas españolas exige a sus profesionales el conocimiento del inglés, aunque, en realidad, sólo el 28% sea capaz de hablarlo.
Este dato, que sólo reafirma el valor del inglés como idioma universal, al menos en el ámbito de los negocios (y también otros muchos), me sirve para traer a colación la tan traída y llevada enseñanza bilingüe (español-inglés). Tradicionalmente reservada a la educación privada, hace pocos años que la enseñanza sostenida con fondos públicos ha empezado a implantar enseñanzas bilingües en inglés, principalmente. En las Comunidades Autónomas con lengua propia, hablamos de enseñanza multilingüe.

En Madrid, la Comunidad ha impulsado la creación de una Red Pública de Centros Bilingües mediante la adscripción voluntaria de los centros al programa al contar con profesorado habilitado para dar clase en inglés, mediante los exámenes correspondientes. Además, los centros cuentan con auxiliares de conversación como apoyo a la docencia. La iniciativa es saludable y bienvenida, ya que va en la línea de implantar el uso del inglés en la Escuela aunque tiene imperfecciones y es manifiestamente mejorable. Me explico.

No soy experto en enseñanza de lenguas extranjeras, pero creo que la oferta limitada de colegios bilingües, que además son los más demandados puede crear dentro de la propia Red Pública una “subred” de centros de “menor entidad” al no tener ese factor de deseabilidad social. Esta consecuencia es perversa porque, de seguir así el sistema, iríamos a centros de distintas categorías polarizando, aún más, las diferencias que ahora existen entre la Red Pública y la concertada, dentro de la Pública. Es decir, que va a ir existiendo una diferenciación dentro de la propia Red Pública por este hecho que, en principio sería positivo.

El mismo proceso se reproduce dentro de un centro bilingüe, por ejemplo un IES con sección bilingüe: sus clases tienen auxiliares de conversación y profesores que imparten tres o cuatro materias en inglés. Son elegidas por aquellos alumnos con el nivel requerido para ello, que suelen coincidir con el alumnado con mejor rendimiento académico. El resto de las clases funciona de forma normal, es decir, tienen el inglés como asignatura obligatoria.
¿Qué hacer para evitar esto?

Algunas propuestas:

  • La administración educativa se encargaría de formar todo el profesorado de todos los centros educativos (desde Infantil hasta Secundaria) en el idioma inglés ofreciéndoles la opción de liberación total de clases a cambio de pasar luego un examen que acreditara sus competencias lingüísticas. La reducción de clases podría ser total o parcial, ofreciendo además la posibilidad de hacer estancias subvencionadas en países anglosajones. Además, se bonificaría económicamente (actualmente ya se hace) a quienes han completado esa formación de forma privada, en tanto que es esfuerzo ya lo han realizado ellos por su cuenta.
  • En un horizonte temporal no muy largo, exigiría Inglés como requisito para el acceso a todas las plazas de profesores en sus etapas de Infantil, Primaria y Secundaria. Esta condición sería un requisito previo al acceso mediante la especialidad correspondiente.
  • Incorporación de profesorado extranjero a las clases en los centros educativos en las distintas etapas. Otros países, especialmente Estados Unidos con gran población de origen hispano que no tiene el inglés como lengua materna, contratan ingentes cantidades de profesores de español para sus centros educativos con cada vez más hispanos. ¿Por qué no hacerlo nosotros?

En definitiva, no podemos dejar que el dominio del inglés, uno de los requisitos básicos para ser ciudadano del Siglo XXI, sea un patrimonio sólo de las clases dirigentes y sea, efectivamente, algo al alcance de todos.

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