La orientación profesional necesita un impulso

En el mes de noviembre de 2019 asistí a la Jornada El Papel de la Orientación Profesional en el Sitema Educativo en el Siglo XXI, organizada por el Ministerio de Educación y Formación Profesional. Una jornada de trabajo e intercambio de experiencias entre profesionales de diferentes Comunidades Autónomas que me dejó un sabor agridulce al comprobar la enorme distancia que separa la orientación profesional en Madrid del resto de España y de muchos países europeos. Cada día más evidencias nos dicen que la orientación profesional debe desarrollarse de forma precoz. Algunos autores porponen que sea desde la etapa de Educación Infantil y Primaria. En todo caso, es necesario desarrollar la orientación profesional a través prácticas sistemáticas, organizadas en planes, en las que los orientadores deberíamos tener un protagonismo determinante, aunque no exclusivo, ya que el resto de profesores y otros orientadores laborales deben tener también un importante papel, como veremos en el artículo.

El desarrollo de la orientación profesional a través de buenas prácticas debe estar avalado por una legislación que destierre, de una vez por todas, a los orientadores de funciones docentes o administrativas que se alejan de sus competencias profesionales. El diseño y, en buena parte, el desarrollo de los programas de orientación profesional en los centros escolares, es competencia de los orientadores, una tarea a la que hay que dedicar el tiempo necesario. Si los orientadores de los centros de Secundaria y Bachillerato tienen que impartir hasta 9 horas de docencia semanales, cuando no son más, no es posible aprovechar su competencia profesional para el desarrollo de la orientación profesional.

¿Orientación académica o profesional?

Son dos caras de la misma moneda

Uno de los retos que tenemos en orientación académica es cómo ayudar a que los alumnos tomen decisiones académicas primero y profesionales despues, de acuerdo a sus capacidades, intereses y posibilidades. Sin una orientación académica adecuada no hay orientación profesional. Los estudiantes necesitan saber qué van a estudiar pero también tienen que plantearse en qué pueden trabajar con los itinerarios educativos elegidos. En ambos casos, cuanto más jóvenes la solución a esas preguntas viene por aproximación; según pase el tiempo, llegarán los matices. A veces orientamos buscando que los alumnos descubran sus intereses profesionales. Esto no es posible sin que hayan tenido experiencias en el ámbito profesional o personal que les ayuden a determinar si lo que idealmente creen que les gusta, les gustará de forma efectiva y si, además, sus intereses profesionales y sus capaciadaes están relacionadas con las demandas y exigencias de un mercado laboral tremendamente dinámico y cambiante.

Los profesores de cada asignatura, por su parte, contribuyen también a orientar a través del conocimiento que puedan proporicionar a sus alumnos en sus áreas específicas. El uso de la información que proporcionan las asignaturas o las visitas específicas que se hacen desde los centros escolares, ayudan a despertar los intereses profesionales. No se puede imostra interés por lo que no se conoce. Los profesores podemos despertar muchísimo interés a través del día a día, incorporando contenidos específicos de orientación, con nuestra experiencia personal, las experiencias fuera del centro y con esa ventana al mundo que es Internet.

Por otra parte, la Administración Educativa tiene que avanzar el el diseño de experiencias específicas para que el alumnado pueda tener estancias profesionales significativas. Unas estancias que permitan a los estudiantes conocer de primera mano un sector de su interés. La duración de estas estancias debe ser suficiente suficiente como para que les facilite elecciones académicas posteriores. Además, estas estancias tienen que tener la cobertura legal adecuada y contar con la ayuda de las organizaciones empresariales y sociales locales, así como de las propias Comunidades Autónomas. En el caso de la Comunidad de Madrid, el programa 4º ESO más empresa no garantiza estancias a todo el alumnado, limitándose a una estancia de tres días claramente insuficiente.

“Nuestra sociedad requiere un potente sistema de orientación profesional que garantice que la elección de itinerarios formativos y profesionales se haga contando con los elementos de juicio suficientes y sin condicionantes limitadores”

Isabel Celaá, Ministra de Educación

Para que las palabras de la Ministra de Educación sean reales, tenemos que repensar el rol que desempeña un orientador en los centros educativos. De forma específica, tenemos que diferenciar las funciones de orientador académico de las de orientador profesional, porque no siempre las desempeñan la misma persona, aunque la orientación académica y la profesional sean dos caras de la misma moneda. En Educación Infantil y Primaria, las funciones de los orientadores son generalmente académicas, centradas en la evaluación psicopedagógica y el asesoramiento, sin que haya un componente de orientación profesional asignado hasta ahora. Sin embargo, en Educación Secundaria, las funciones relacionadas con la orientación profesional son específicas y se desarrollan a través de los Progrmas de Orientación Académica y Profesional.

La orientación profesional tiene como principios:

  • Es permanente, con aciones continuadas
  • Es proactiva, comenzando ya en Educación Primaria
  • Es integral, aunando conocimientos, valores y habilidades
  • Está insertada dentro del proceso educativo y en las programaciones de aula
  • Está coordinada con el entorno y el contexto concreto de cada centro
  • Debe ser intensificada para los colectivos vulnerables

Estos principios deberían derivar en acciones concretas que garanticen a todos los alumnos el derecho a tener una orientación profesional adecuada, sin exclusiones. El colectivo de alumnado con necesidades educativas especiales, el alumnado inmigrante o de etnia gitana, son ejemplo de ello. Pero también el alumnado de centros rurales, de centros situados en zonas de alto índice de paro o exclusión social. El derecho a la orientación profesional es para todos, sin exclusión, como dice la Ministra Celaá.

¿Formadores de mano de obra especializada?

La Educación forma personas no trabajadores especializados

Resulta paradójico escuchar en cada evento educativo los lamentos acerca de la necesidad de desarrollar programas en los centros educativos que orienten al alumnado para que se inserten en el mundo laboral actual porque nuestro país no está cubriendo determinadas necesidades de mano de obra. Faltan vocaciones STEM o determinados perfiles de formación profesional y sobran universitarios, nos dicen. Estas frases vertidas por responsables políticos o del ámbito empresarial recriminan de forma expresa, lo poco que hacemos para que el alumnado tenga una orientación adecuada y ajustada a la demanda real de puestos de trabajo del mercado. Nos dicen que los orientadores no hacemos bien nuestro trabajo si ellos, los empresarios, no son capaces de contratar determinados perfiles profesionales. Es un tema muy controvertido porque el derecho a la Educación y a la orientación de las personas está por encima de la necesidad de las empresas a contratar trabajadores cualificados. Hablamos de cosas diferentes. Si existe un desajuste entre la demanda de profesiones y la oferta de las mismas la reflexión debe ser colectiva. El alumnado debe tener en su ecuación a la hora de tomar decisiones, el factor de la empleabilidad de los estudios elegidos. Pero la Escuela no es una fábrica de mano de obra. Esa visión mercantilista reniega del derecho de cada persona a tener un proyecto personal propio. Una cosa es conocer la realidad del mercado y del entorno profesional, y otra muy diferente que seamos exclusivamente formadores de mano de obra especilizada, renunciando a las legítimas aspriaciones personales de cada individuo. Obvian estos responsables políticos y empresariales, que según esa lógica mercantilista los colectivos vulnerables no tendrán jamás cabida en la sociedad con un empleo demandado, siendo excluídos de la posibilidad de desarrollar un proyecto personal y profesional adaptado a sus circunstancias.

Converger la orientación académica y profesional

Para garantizar el derecho de las personas a su proyecto profesional

Propongo que las funciones de orientación académica tengan un gran peso en las tareas de los orientadores educativos, en todos los centros. Propongo, además, que la orientación profesional sea desarrollada por equipos de orientación educativa y profesional de los centros escolares en coordinación con los servicios de empleo, centros municipales o comarcales u otro tipo de instituciones dedicadas a la orientación profesional. Se trata de dar un salto en el diseño de los programas de orientación profesional para que se ejecuten en los centros educativos de Primaria, Secundaria y Formación Profesional, pero que estén desarrollados también por profesionales que no pertenezcan al ábito educativo. Hay que conseguir un sistema integrado de orientación profesional, que sea eficente y útil, independientemente de la Comunidad Auónoma en la que nos encontremos. Para ello, necesitamos una legislación estatal paraguas, que contemple los roles de los orientadores en este aspecto, que obligue a las CC.AA. a tener orientadores en centros donde ahora no existen, como en sucede en Madrid con los Centros Integrados de Formación Profesional, las Unidades de Inserción y Formación Laboral, los Centros de Personas Adultas o los Centros Rurales Agrupados.

Necesitamos Programas de Orientación Profesional Públicos

Una exigencia a la Administración

Para finalizar, creo necesaria la creación y desarrollo de programas de orientación profesional públicos, con soportes electrónicos adecuados, app móviles, web específicas, servicio personalizado de ayuda, entre otros. Estos programas deben estar accesibles a todos los centros y que no tengamos que ser los orietnadores quienes desarrollemos estas iniciativas, dedicando muchísmo tiempo y hasta dinero, al carecer de las mínimas herramientas institucionales. No hablo únicamente de informar sobre la oferta educativa. Informar no es orientar. El ejemplo, una vez más, de la Comunidad de Madrid es paradgimático: no existe una estructura en la Consejería de Educación específica de Orientación, mucho menos de orientación profesional., de modo que tampoco existe un servicio específico de orientación profesional que dé soporte a los orientadores. Recientemente se ha trasnformado el cuaderno informativo en una página web como única herramienta de oreintación. No existen ni cuestionarios, ni vídeos sobre la oferta de Formación Profesional, tampoco tenemos acceso a los datos de plazas ofertadas anualmente, el porcentaje de éxito, ni tampoco un servicio de atención web para los alumnos, por citar ejemplos. Muchísimo por hacer, todavía. Los recursos públicos, una vez más, se utilzan en otras cosas. A ver cuándo empezamos a hacer las cosas mejor.

Perspectiva ecológica y justicia social

La sostenibilidad y la justicia social, ejes de la acción educativa y orientadora

Dos perspectivas deberían incluírse en los planes y programas de orientación profesional: la perspectiva ecológica y la justicia social. No podemos ignorar que vivimos en una situación de emergencia climática y que el modo de vida que hemos desarrollado hasta ahora, nos ha llevado hasta aquí. Las consecuencias de la crisis climática llegan a todos los ámbitos de la vida: laborales, movilidad, disponibilidad de agua, migraciones climáticas, empeoramiento de la salud, pérdida de biodiversidad, calentamiento global, desigual reparto de la riqueza… Cualquier programa de orientación profesional debe incluir estos contenidos relacionados con la sostenibilidad y la justicia social para que el alumnado tenga referencias sobre un modelo de desarrollo distinto, verde y justo. Serán ellos, por otra parte, quienes van a vivir en el planeta que les estamos dejando y tan solo tenemos diez años antes de que sea demasiado tarde.

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