Profes diferentes

Tanto hablar de atención a la diversidad y olvidamos, a veces, lo obvio: los profes también deberíamos ser diferentes, ¿o no?

No me refiero a diferencias de estilo de enseñanza, que las hay, sino a diferencias en los modelos y referentes para nuestros alumnos. Uno que ya lleva unos años en esto, echa de menos ver más profes diferentes en las aulas que sea modelos de identificación para alumnos diferentes. Me explico más despacio.

El sistema educativo, especialmente la Escuela Pública, acoge desde hace más de veinte años a alumnos diferentes. Primero fueron los alumnos con necesidades educativas especiales. ¿Quién no recuerda a compañeros cuestionar el beneficio de la escolarización ordinaria de estos alumnos? ¿Pero porqué no van a un colegio/instituto especial donde les atiendan bien? me decían. Detrás de aquellos interrogantes había falta de información y también ausencia de una formación específica para trabajar con ellos. Además, había miedo. Lo diferente, especialmente en la Escuela, da miedo. Y una cultura pedagógica que tiende a la homogeneización de las prácticas dentro del aula lleva mal enseñar de forma distinta para adaptarse a las diferencias del aula. Más bien es al contrario, son los alumnos distintos quienes se adaptan a los diferentes profesores.

Años después, coincidiendo con el cambio social habido en España, llegan los alumnos inmigrantes. Primero del Magreb, especialmente de Marruecos, después de América Latina y Europa del Este y finalmente desde el África Subsahariana. Si un puñado de alumnos con necesidades educativas especiales habían producido una revolución, la llegada masiva de inmigrantes produjo -y sigue produciendo- una debacle. No es que estos alumnos “retrasen la clase”, como se decía de los otros diferentes, es que ahora, muchos de los que entran en las aulas no saben nuestro idioma y, desde luego, llegan con una cultura distinta a la que no pueden renunciar. Sin embargo, en pocos meses deben saber español, respetar nuestras costumbres y conocer nuestros códigos, especialmente educativos y culturales, como los demás. De nuevo, los diferentes se deben adaptar y no al revés.

Pues bien, creo que en la Escuela faltan profes diferentes. Profes con discapacidad auditiva o visual; profes con discpacidad física; profes subsaharianos, centroafricanos, magrebíes, ecuatorianos… en definitiva, profes que sean reflejo de nuestra sociedad en la que africanos, europeos, americanos, magrebíes… personas de toda cultura y origen conforman una nueva realidad social diversa, distinta, nada uniforme. Estos profes, que todavía no están, podrían actuar como modelo de identificación para alumnos diferentes y diversos. Estos profes como todavía no han llegado a la Escuela, con alguna excepción, debemos ser nosotros, de modo que lo diferente, lo distinto, sea en nuestro día a día, un eje central, casi una obsesión pedagógica.

Durante 2007 se celebra el Año Europeo de la Igualdad de Oportunidades. Es una celebración en el más amplio sentido de la palabra. Género, religión, discapacidad, origen étnico, orientación sexual… son aspectos que conforman la diversidad de las personas y de la propia sociedad. La Escuela no puede estar ajena a todo ello. Como podemos leer hoy en El País, “es una suerte que no te peguen por ser gay” cuando el alumno estudia en el IES Duque de Rivas un centro que cuida la diversidad, en este caso, de orientación sexual. Son casos aislados, la realidad suele ser más dura para los diferentes: Desgraciadamente, los prejuicios firmemente arraigados como valores sociales sólo cambian con la educación. Y ésa es nuestra tarea.
¿Acaso no somos todos diferentes?

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