Recuperar la exigencia, sí, de profesores y alumnos

EL pasado 19 de diciembre en El País, el catedrático de Instituto (por mucho que se empeñe en auto proclamarse de Enseñanza Media esta denominación desapareció con la LOGSE hace muchos años) Josep Valera i Serra habla del reto que tiene la educación de recuperar la exigencia, la exigencia de los alumnos que aprenden, según el autor, que sin esfuerzo se puede pasar de curso y, por lo tanto, los discursos moralistas de los profesores de que se esfuercen no sirven para nada. Ya se sabe, el currículo oculto tiene más fuerza que las palabras, es decir, la fuerza de los hechos anula el discurso.

Estoy por completo de acuerdo en ese aspecto con el compañero (yo también soy profesor de Instituto, aunque no sea catedrático) sólo que su tesis es incompleta: hay que recuperar también la exigencia del profesorado. ¡Qué barbaridad estoy diciendo! Pues claro, mi compañero ha olvidado que no todo el profesorado de Secundaria tiene ese compromiso de exigencia para atender a la diversidad del alumnado que tiene en sus clases. Una exigencia fruto de los cambios sociales de los últimos años y que obliga necesariamente a una actualización constante, a la coordinación y trabajo en equipo, a la renovación de técnicas didácticas que superen al libro de texto como el único -o casi- material curricular, a la implicación de las familias en los procesos de aprendizaje, al valor de la orientación y tutoría… seguiría hablando de las exigencias que tenemos como docentes, catedráticos o no, con nuestros alumnos, con sus familias y con la propia sociedad, pero lo dejo ahí. Tenemos el reto de exigirnos más para poder exigirles más a los demás.

Es verdad que ninguna ley va a resolver los problemas educativos si no empezamos por construir una nueva cultura educativa y unas nuevas prácticas profesionales. Cultura educativa de los profesores, los profesionales de esto, basada en la colaboración, el trabajo en equipo, la flexibilidad organizativa, el respeto y activa implicación del alumnado y sus familias. Para ello deberíamos hacer un análisis crítico de nuestro nivel de exigencia y no echar las culpas a los alumnos para descargar nuestras conciencias. Pero además, tenemos que desarrollar unas prácticas educativas nuevas basadas en una concepción del aprendizaje no transmisiva en la que el profesor lo sabe todo y el alumno nada: más investigación, análisis, trabajo en equipo, metodologías activas, uso de las nuevas tecnologías, etc. con el objetivo de que los alumnos aprendan capacidades que les permitan afrontar los múltiples aprendizajes que tendrán que realizar a lo largo de su vida en un entorno social, político, económico y cultural cambiante.

Curiosamente, las empresas lo que más valoran en la contratación de los nuevos profesionales, POR ENCIMA DE TODO LO DEMÁS, es la capacidad de aprender de éstos, la capacidad de adaptarse a nuevas situaciones y entornos, la capacidad de resolver situaciones problemáticas, las habilidades de relación personal y la capacidad de trabajar en equipo.

Ya lo creo que el reto es la exigencia, la nuestra, la de todos los que formamos el sistema educativo para lograr que nuestros alumnos tengan su propio proyecto personal y las herramientas para llevarlo a cabo.

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5 comentarios sobre «Recuperar la exigencia, sí, de profesores y alumnos»

  1. Para nada de acuerdo, entre otras cosas porque los profesores ya terminamos nuestra carrerita, nuestros estudios, se supone que estamos formados. . . son los nenes los que están en proceso de formación, son ellos los que se tienen que esforzar, si quieren. Decir otra cosa es demagogia pura. Los profesores deben cumplir con sus deberes, eso sí, lo mejor que puedan, pero mezclar o unir el esfuerzo de alumnos con el de los profesores es bobo, por muy políticamente correcto que sea.
    Saludos

  2. Por supuesto que podemos discrepar, faltaría más, pero como muy bien dices “se supone que estamos formados” porque hicimos nuestra carrerita y nuestros estudios. Pasa Juan, que en nuestra profesión, como en casi todas, la formación se realiza a lo largo de la vida y no sólamente al comienzo del desarrollo de la profesión. Convendrás conmigo que esperas de los médicos, por ejemplo, que estén a la última en formación y en técnicas para aplicarlas al tratamiento del cáncer o a cualquier otro. No me imagino que un médico nos dijera que ya está formado con los estudios de la carrera y que sigue aplicando las mismas técnicas que aprendió entonces. ¡Me echaría a temblar!
    El esfuerzo: cada uno en su medida. Los alumnos deben esforzarse para aprender, sin paliativos y sin matizaciones. Sin esfuerzo no se llega a nada en la vida. El esfuerzo de los profesores tiene que ver más con la profesionalidad en el desempeño de su trabajo para, precisamente, no aplicar los remedios de siempre a los nuevos problemas y seguir avanzando en nuestro trabajo docente: trabajo en equipo, flexibilidad, creatividad, compromiso con la educación… Humildemente, creo que -siempre hay excepciones, claro- nos falta tomar conciencia de este hecho y “agarrar el toro por los cuernos” para ver qué podemos hacer para mejorar nosotros.
    Un saludo.

  3. Miguel

    Juan, no nos pagan por estar formados sino por formar con todos lo problemas que ello nos obliga a resolver.
    Un poco de autocrítica nos vendría bien, o hace falta que hagamos un trimestre su jornada para que dejemos de hablar tan alegremente de lo que bien que viven: sus 30 horas de clase, sus dos horas de deberes… o mejor, nos matriculamos nosotros.
    Nuestro sistema tiene una gran carencia, sólo se evalúa al alumno… y a cambio no se espera corresponsabilidad de la administración cuando nos vienen mal dadas, es norma no escrita.
    Eso explica algo de lo que hablas en tu último post.

  4. Estimados amigos,

    es que con nuestra “carrerita y nuestros estudios” no estamos formados para la docencia. Nuestra “carrerita y nuestros estudios” no eran para ser profesores, sino para ser filólogos, matemáticos, biólogos, etc. Así que falla todo, la formación inicial y la continua, como muy bien apuntas.

    Otra cosa es la cultura escolar y profesional que todos nos vamos haciendo, a trancas y barrancas, trabajosamente, diariamente. Que los alumnos –que no nenes…- deben esforzarse para aprender sin paliativos y sin matizaciones es algo que es evidente pero no añade ni quita nada a lo nuestro.

    Un saludo y felicitaciones por tu magnífico blog,

    Boris

  5. No puedo estar más de acuerdo contigo, Boris. ¿Desde cuándo la exigencia de esfuerzo de los alumnos se puede suplir? Creo que los alumnos deben esforzarse, sin más, estudiar y prepararse lo mejor posible y ahí nos encuentran a nosotros, los profesores, que nos exigimos a nosotros mismos una preparación adecuada de las clases y una actualización constante en el uso de los diversos métodos pedagógicos. Su esfuerzo es una de las caras de la moneda, junto a nuestro compromiso e implicación. Sólo así nos garantizamos el éxito. ¡Un éxito de todos!
    Saludos y gracias.

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