Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad es, quizás, la película más famosa del director Ang Lee con Emma Thompson encabezando el reparto que le proporcionó el Óscar al mejor guión adaptando la novela de Jane Austen. Los sentimientos no son suficientes para poder comprender el mundo, nos viene a decir el mensaje de fondo, simplificando la trama de las dos hermanas que buscan abrirse paso entre el universo de sus sentimientos. Una película para ver y disfrutar.

Estos días, por otra parte, escucho en la radio algo de un depósito bancario con muy buenos rendimientos, por cierto, con el nombre de la película: depósito sentido y sensibilidad. No me llevo comisión por la publicidad, así que no pongo el enlace, que cada uno se busque la vida.

Pero no quiero hablar de cine ni de productos bancarios, cuestiones ambas sin duda interesantes (más la primera, para mi gusto) sino de las evaluaciones iniciales que se celebran en los centros de Secundaria en el mes de octubre.

El sentido (común) y doctrina práctica pedagógica, me dicen (no sé hasta dónde la ley también, ya no lo recuerdo) que para poder afrontar las dificultades cotidianas que aparecen en las aulas hay que hacer una evaluación diagnóstica que contemple a los alumnos del grupo, con su nivel de competencia curricular (lo que saben de las materias, vaya), sus problemáticas personales o sociales que inciden en su aprendizaje, el clima de aula dentro del grupo, sus conflictos… en definitiva, que es necesario hacerse una especie de mapa de situación de la clase que tienes enfrente. De esta forma, detectando dificultades, podemos poner en marcha los mecanismos para que éstas sean subsanadas (o enfrentadas, al menos) a la mayor brevedad posible, definiendo un plan de acción que podremos revisar cuando llegue el momento apropiado. En Educación Secundaria, este momento de evaluación diagnóstica de la marcha del grupo-clase se llama habitualmente, evaluación inicial o evaluación cero, resaltando el carácter diagnóstico de la misma. Suele realizarse en el mes de octubre, toda vez que tenemos ya unas semanas de trabajo real con lo alumnos y les conocemos mejor.

La importancia de la evaluación inicial no es discutible desde el punto de vista pedagógico; es más, es (o debería ser) una parte indispensable de la práctica docente, no sólo por la importancia de conocer los conocimientos previos de los alumnos para partir de ellos en la construcción del aprendizaje, sino para saber de las dificultades que pueden hacer que el aprendizaje no avance. No hay teoría pedagógica actual (ni en los últimos veinte años) que no haga hincapié en la necesidad de conocer lo que saben (o no) los alumnos antes de enseñar nuevos contenidos.

Desde el punto de vista de la Atención a la Diversidad y, en concreto, como elemento clave en la detección de problemas ocultos, la realización de sesiones de evaluación inicial con todos los profesores que imparten clase al mismo grupo, es el instrumento que tenemos en los centros de Secundaria para poder anticiparnos a los problemas que salen a la luz tras los primeros exámenes de evaluación, allá por el mes de diciembre. Por tanto, estas evaluaciones iniciales permiten poner en marcha estrategias consensuadas de prevención cumpliendo una papel clave dentro del proceso educativo. Pongamos un ejemplo. Si en esta evaluación inicial detectamos que un grupo determinado tiene enormes problemas respecto las faltas de ortografía, las normas de convivencia y la puntualidad, pongamos por caso, podemos tomar medidas al respecto sin esperar a diciembre para constatar que durante el primer trimestre hemos tenido esos problemas. Sentido.

Supongamos que esta práctica docente (con aval legal, por cierto) es puesta en cuestión por profesores de un claustro argumentando que los tutores ya conocen a los grupos de otros años (aunque cambien los tutores y cambien los alumnos), que los alumnos son mayores como para dedicarnos a hacer estas cosas o que es una pérdida de tiempo (sic). Supongamos, en el colmo del despropósito, que se somete a votación la realización de esta evaluación inicial (como si los Arquitectos sometieran a votación con los operarios de la obra, la realización de pilares para la estructura de la misma) por parte del claustro; supongamos (es un suponer) que la mayoría vota que podemos construir con pilares una parte de la estructura pero otra sin pilares, en función de las apetencias; finalmente, supongamos que construimos sin pilares por decisión popular, excepto cuatro pilares, los de las esquinas para que el edifico aguante. Sensibilidad.

Pues eso, me gusta el cine.

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