Somos unos ingenuos


Muchas personas que nos dedicamos a la Educación pensábamos que podíamos cambiar el mundo. Hoy creo que no es cierto, que tan solo cambiamos a personas, influimos en ellas, las dejamos un poso, las ayudamos en el mejor de los casos o, en ocasiones, las hacemos daño. 

Muchos profesores tenemos idearios igualitarios, de justicia o de equidad e intentamos transmitir esos valores desde nuestra práctica diaria. La Escuela Pública es garante de esos ideales, es la única, al tratarse de un servicio público, que no discrimina a nadie. Es una garantía democrática, es la garantía de que una sociedad será más igualitaria, menos desigual, más feliz. No hay criterios mercantiles ni tampoco ideológicos en el acceso a la Escuela Pública.  De todos, para todos. 

Paseando con la bici esta mañana he estado en el Parque Regional del Guadarrama, en su curso medio. Un bosque de ribera magnífico pero ocupado, en más del 90%, por un campo de golf y una lujosa urbanización. Ambas privadas. Las élites jugaban al golf tranquilamente y disfrutaban de un entorno privilegiado separados del resto del mundo por una valla metálica. Los ciudadanos no podemos disfrutar de ese entorno si no es pagando la cuota de socio del exclusivo club de golf. Por cierto, un club construido en terreno público gracias a una recalificación urbanística.

Las élites políticas, económicas y sociales no tienen interés alguno en que la sociedad cambie, no están dispuestas a perder sus privilegios, sus enormes privilegios. No seamos ingenuos, para que existan los privilegiados, la población tiene que ignorar su existencia e interiorizar como naturales las desigualdades;  la ciudadanía tiene que estar distraída en otros asuntos;  para perpetuar los privilegios, las élites necesitan de la educación, es un instrumento clave.

Los sucesivos gobiernos de España desde la transición, tanto del PSOE y como del PP, jamás han tocado los privilegios educativos de las escuelas privadas. Ambos partidos han incumplido de forma sistemática la LODE, que ya era una concesión, que establecía que sólo se podría concertar centros educativos donde no hubiera Escuela Pública. La educación pública llegó con retraso a España y, tras la llegada de la democracia, nadie iba a decir a la Iglesia, principal empresa educativa privada, lo que tenía que hacer, faltaría más. Los sucesivos gobiernos del bipartidismo no han movido un dedo para hacer cumplir las leyes que regulan la escolarización de alumnado con necesidades educativas especiales o compensación educativa. Ni se han aplicado las leyes de gestión de centros. Sin embargo, sí se ha permitido el cobro ilegal de cuotas a las familias o se ha permitido hacer del ideario propio una excusa para hacer proselitismo o incluso propagar valores contrarios a la propia Constitución, perpetuando una ideología que justifique la desigualdad. Es su negocio, eso sí, pagado con el dinero de todos los ciudadanos.

Somos unos ingenuos. Las élites no van a la Escuela Pública ni falta que les hace. Desde las más altas instancias del Estado hasta las más bajas, lo tienen claro: mejor la privada. ¡Qué enternecedor resulta ver las imágenes del primer día de clase de los hijos de los Reyes de España en su colegio privado! Si para mantener una educación que forme a los hijos de las élites hay que regalar suelo, cambiar las leyes, recortar en profesorado y presupuesto en la Escuela Pública, desprestigiarla públicamente o permitir la segregación por sexo, pues se hace. Es la política, idiota.

Somos unos ingenuos pensando que el hecho de que intentemos ser mejores profesionales en la Escuela Pública pueda cambiar esta situación. No es suficiente. Es imprescindible que sólo trabajen en la Pública los mejores profesionales, que estén evaluados y bien pagados. Pero además, debe existir un compromiso del Estado para que la Escuela Pública sea la mejor dotada, la que tenga los mejores recursos humanos y materiales y esté sufragada íntegramente por el Estado sin concesiones. Lo demás, no sirve. 

A las élites les interesa una Escuela Pública mediocre, con profesionales desmotivados, alumnado diverso y pocos recursos. Una Escuela Pública que no aprecie el valor que tiene en sí misma y que esté sobrecargada de trabajo. Es el mejor argumento para su desprestigio. No la van a suprimir, es perfecta tal y como está. El hecho de que haya algunas excelentes experiencias será el mejor argumento para decir que la apoyan desde sus despachos en las Consejerias de Educación.  Se notaria demasiado si el ataque fuera frontal, aunque algunos políticos no tienen pelos en la lengua para hablar mal de lo publico, aunque lleven años beneficiándose precisamente de su condición de funcionarios. Otros simplemente, acuden a lo publico cuando ven peligrar sus propias vidas, como esa política que tras sufrir un accidente de tráfico fue atendida en el hospital público que ahora quiere privatizar. 

Somos unos ingenuos, de verdad. El día que vea una apuesta por la Escuela Pública sin matices, entonces empezaré a creerme que la Educación quizás pueda hacer del mundo un lugar mejor para vivir.

PD. Excelentes profesionales trabajan en la escuela privada. Tienen todo mi reconocimiento y admiración. Tengo amigos, familiares y conocidos en la escuela privada y eso no desmerece su trabajo en modo alguno. Al contrario, son un ejemplo de buen hacer y de profesionalidad. Esta entrada NO va de ellos, naturalmente.

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3 comentarios sobre «Somos unos ingenuos»

  1. En 1995, en el Hotel Fairmont de la ciudad de San Francisco, se celebró el primer Foro del Estado del Mundo, al que asistieron líderes políticos, económicos y científicos de primer orden; entre ellos George H.W.Bush, Mijail Gorbachov, Margaret Thatcher o Bill Gates. Su objetivo era estimar la situación del mundo, presente y futura, y sugerir posibles líneas de actuación.

    Una de las conclusiones de este encuentro fue el reconocimiento de una evidencia: en el próximo siglo (es decir, en este) bastaría con el 20% de la población para mantener la actividad económica mundial. En consecuencia, el 80% restante no sería necesario para estos fines; lo que planteaba un serio problema social y político: ¿cómo podría la élite mundial mantener la gobernabilidad de la humanidad sobrante?

    Desde la lógica, llevada al extremo, del sistema económico actual, capitalista, globalizado, liberal y tecnocrático, ¿qué características debería tener el aparato educativo, de forma que atendiera a sus intereses?

    En primer lugar, aceptando la necesidad de que 20% de la población genere y mantenga la maquinaria económica, sería preciso garantizar la formación de este sector de excelencia. Una vez asegurado este mínimo necesario, queda la educación del resto de la población, de los más numerosos, de aquellos que no van a acceder al trabajo, o lo van a hacer de una forma precaria y esporádica. ¿Cómo tendría que ser esta escuela para la mayoría?

    http://www.otraspoliticas.com/educacion/entetanimiento

    1. A veces da miedo pensar que haya planes por parte de los dirigentes mundiales… ¡Pero es que existen! Y salimos muy mal parados la inmensa mayoría. Nos han hecho creer estos años de la burbuja que el dinero fácil era el único objetivo y ahora que no hay trabajo para todos, también nos hacen creer que hay que vivir así, que el trabajo precario es la meta (o la emigración). Mientras ellos, siguen aumentando la brecha que separa a los ricos de los más pobres.

      Saludos y gracias por comentar

  2. […] y he compartido muchas reflexiones efímeras en Twitter acerca del panorama educativo actual y lo muy ingenuos que somos cuando creímos que íbamos a cambiar el mundo. Begoña, mi compañera incansable, siempre dice que […]

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