Reflexiones sobre el modelo de formación del profesorado y el cambio educativo

Esta mañana me he levantado inspirado. Después de casi 25 años en la docencia, me pongo a revisar qué está fallando en el modelo de formación del profesorado que no hace que el cambio llegue a las aulas. No quiero hacer una disertación muy estructurada pero sí quisiera compartir reflexiones que me rondan desde hace tiempo y que podrían ser tenidas en cuenta para cambiar el actual modelo formativo del profesorado si realmente queremos un cambio en el sistema educativo.

Un profesor sólo no cambia un centro

Esta es una verdad de perogrullo. Hasta ahora, el modelo de formación del profesorado se basaba en que un profesor o profesora de una etapa o especialidad hacía un curso de formación para , posteriormente, compartir con su claustro los conocimientos adquiridos. Este modelo se sustenta en algunos errores de partida que quisiera enumerar. El primero es que presuponemos que ese profesor o profesora tiene capacidad de transmitir lo adquirido. Al igual que en el aprendizaje, si esos cambios no se transfieren a su propia práctica, si no cambia su práctica diaria, no va a existir transferencia y, por tanto, todo puede quedar en un curso más para el currículo o para completar la formación obligatoria para el cobro de sexenios (en el caso de los funcionarios). El segundo error es que presuponemos receptividad en los compañeros o compañeras de ciclo, departamento o claustro. Puede haber casos de claustros receptivos, desde luego, pero confiar en la voluntad o en la apertura como simple acto de fe es una mala estrategia para el cambio estructural, que es el objetivo que perseguimos. Por último, y una razón de calado, la cultura docente en España es la de “cada maestrillo tiene su librillo” lo cual se traduce en que en mi aula yo hago lo que quiero y tú haces lo propio en la tuya. Me dicen algunos compañeros que al cambiar tu aula entonces el resto se fija en tí y poco a poco van cambiando… nos pueden dar las uvas si confiamos en esa estrategia.

La formación a distancia

La formación a distancia es el modelo de formación elegida por la Administración educativa en los últimos años. Todo docente que quiera mejorar su praxis debe hacer un curso en línea, hacerse la cuenta correspondiente en las redes sociales, usar artefactos digitales, etcétera etcétera. Ese modelo considera, igualmente, que es el profesor o profesora el agente de cambio y que éstos, por diseminación, transfieren a los demás las nuevas prácticas educativas. Aplicad los argumentos anteriores a este modelo de formación cuyo máximo beneficio es el considerable ahorro económico, además de una privatización encubierta del modelo formativo. La ausencia de medición del impacto de los cursos en las aulas invalida por completo el uso de este sistema de formación como el elegido para formar al profesorado, aunque pueda ser útil para otros contextos. Descansar la formación continua del profesorado del sistema educativo en hacer cursos en línea es un error estratégico. Imaginemos a los médicos haciendo lo mismo. En absoluto estoy en contra de que exista formación en línea que use la potencia de Internet y las redes para actualizarse pero no que éste sea el sistema elegido por la Administración para actualizar al profesorado. Puede ser un canal de formación secundario y voluntario, del que no dependa, en modo alguno, el cambio estructural en las metodologías docentes.

El papel de los equipos directivos

No hay cambio posible en un centro docente que no pase por el liderazgo pedagógico, organizativo y emocional de un equipo directivo que sea capaz de aglutinar a los profesores y profesoras en torno a un proyecto educativo, una misión y una idea compartida de qué es la educación. Naturalmente, eso no excluye el debate, imprescindible, las diferentes visiones sobre la forma de trabajar, la organización, etcétera. El equipo directivo es responsable de promover la participación del profesorado (también de alumnado y familias ) canalizar los debates, llegar a consensos, generar sinergias aceptando la diversidad del propio claustro, actuando de forma inclusiva para que nadie se sienta fuera del proyecto y tenga su cuota de implicación y responsabilidad en el mismo. Hablo de valores, hablo de misión, de identificación con nuestra tarea. Doy por hecho que todos somos profesionales con nuestro trabajo pero entendamos, que si no actuamos compartiendo unos valores pedagógicos comunes (los mínimos necesarios), no hay una diferenciación ni una forma de educar común, no hay proyecto educativo, sólo papeles. Este aspecto es, definitivamente, el más importante en mi opinión, para hacer que un centro tenga una identidad propia y genuina, con la que toda la comunidad educativa se sienta identificada.

Los cambios se dan en los claustros o no se dan

Los claustros son el agente de cambio del sistema educativo. Ahí estamos todos los profesores pero quiero poner en valor a papel colectivo del claustro. Claustros que debaten, que deciden y que actúan en común, aceptando la diversidad del profesorado, pero en común, de forma inclusiva. Cualquier decisión pedagógica sobre metodología, evaluación, organización curricular, etc, si no es aceptada y asumida como propia por los claustros, no va a tener el impacto necesario para el cambio. Es más, si no hay un mínimo común pedagógico, incluso es contraproducente porque muestra formas contradictorias y aún opuestas de trabajar. Preguntemos a los alumnos y familias para entender esto. Sobran explicaciones.

Los niveles, ciclos y departamentos… ¿y los equipos docentes?

Si descendemos al nivel más cercano a la praxis educativa, las decisiones adoptadas en claustro se llevan a la práctica en los niveles, ciclos y departamentos. La figura del equipo docente, especialmente en Secundaria y Bachillerato, es la gran olvidada y es clave para que las medidas se desarrollen con coherencia y tengan el impacto deseado. Es un error gravísimo en la organización escolar de los centros, que no existan reuniones de equipos docentes todas las semanas para hacer seguimiento de los grupos, para ver las medidas in situ, para hacer ajustes metodológicos, etc. Es más, ¿por qué no dar continuidad a los equipos docentes durante unos años, como se hacía en Primaria cuando existían los ciclos? Nos aseguraríamos de tener un conocimiento exhaustivo del alumnado y de que las medidas se toman a medio plazo, huyendo urgencias innecesarias. En este último nivel, hablamos de lo más concreto, de lo que hacemos en las aulas y es donde las decisiones tomadas por los claustros o la propia Administración, se llevan a cabo ajustándose a las realidades diversas de las aulas. Equipos docentes, también en Secundaria, por favor.

¿Entonces, cómo formar al profesorado?

Comencemos por analizar lo que hay. Coexiste un modelo dual de formación. Está basado en cursos en línea y eventos, de un lado, y los seminarios en centros, de otro lado. Los cursos en línea no tienen impacto alguno en aula y centro, sirven para privatizar la formación y hacer creer al profesorado que las TIC son el cambio educativo junto a la pléyade de eventos variopintos, públicos y privados, con personajes mediáticos, docentes o no, que muestran la revolución educativa en marcha que no acaba de llegar nunca, casi siempre bajo el patrocinio de una u otra empresa. Estos eventos de gran visibilidad mediática cuyos protagonistas gozan de gran predicamento, no tiene impacto alguno en la praxis del aula, más allá de los docentes individuales que hagan cambios en sus contextos. Naturalmente, algunos centros educativos están en el candelero como modelos a seguir, porque han conseguido cambios significativos. Cuesta mucho, muchísimo, diferenciar propaganda de realidad, y no pongo en la mano en el fuego más que por algunos centros muy concretos que responden no a los cambios mediáticos que conllevan metodologías con nombres en inglés y mucho apararataje tecnológico, sino a los criterios descritos de cambios en claustros, equipos docentes y proyectos educativos, tras años de trabajo y con muchas dificultades para desarrollarlos. Esos centros, curiosamente, no seleccionan a su alumnado y funcionan teniendo a sus claustros y directivas como la mayor herramienta de cambio.

Finalmente está el modelo sin explotar. El trabajo en los centros, con claustros, ciclos, departamentos y equipos docentes. Ahí es donde deberían estar centrados los esfuerzos. Es una formación a la carta, diferente para cada centro y que debería estar necesariamente incluida en el horario laboral. Una formación que atienda a cualquier aspecto que un centro reclame previa reflexión necesaria y obligatoria por los claustros acerca de la organización escolar y curricular, la metodología y la evaluación. Realizado ese diagnóstico, entonces cada centro va a demandar que se inicie un proceso de reflexión-acción participativa, con ayuda externa para que vaya dando pasos de cambio reales, asumidos por todos y puestos en práctica en ese proceso de forma que no sea un curso teórico más sino una parte de nuestra función docente. Reflexión sobre la práctica  para mejorarla.

Una vez iniciado este proceso, llega lo más difícil que es la puesta en marcha de cambios. Habrá errores, habrá disfunciones pero si incorporamos la mentorización entre los propios docentes, la apertura de las puertas de las aulas, la inclusión de varios profesores dentro del aula de forma permanente, entonces, el cambio es imparable. Aprenderemos unos de otros, reflexionaremos sobre lo que hacemos, corregiremos errores, gestionaremos procesos y tiempos… es un modelo más a largo plazo pero de mayor calado transformador.

Necesitamos ayuda… nuestra propia ayuda

No estamos locos, sabemos lo que queremos. Los profesores y profesoras queremos hacer bien nuestro trabajo, sabemos que tenemos limitaciones y que el sistema hace aguas. Somos responsables de nuestra parte, por eso, necesitamos ayuda. Pero no de un gurú educativo o una empresa que nos venda el último avance tecnológico; tampoco de la última metodología escrita en inglés que posiblemente lleve cerca de cien años desarrollándose en escuelas de todo el mundo. Necesitamos equipos directivos que lideren el cambio, a nuestros compañeros del claustro, a las familias, a la Administración en entienda que dentro de nuestro trabajo la formación es parte fundamental y nos facilite los espacios y tiempos para desarrollar metodologías de reflexión sobre la práctica para el cambio.

¡No puede ser tan difícil!

 

Código deontológico de la Orientación Educativa en España

La COPOE, que agrupa a las principales asociaciones de orientadores de España, ha elaborado el primer código deontológico que regula el desarrollo de nuestra profesión. Adjunto el documento de imprescindible consulta para los orientadores educativos.

 

La orientación en el Libro Blanco: treinta años perdidos

 

El Ministerio de Educación acaba de publicar el borrador del Libro Blanco de la Profesión Docente y su Entorno Escolar, cuyos autores son José Antonio Marina, Carmen Pellicer y Jesús Manso. No añadiré nada acerca de los autores porque Jordi Martí, en su blog Xarxatic, lo ha dejado claro y comparto su análisis.

Por mal camino no se llega a buen pueblo

Todas las comparaciones son odiosas y parece que en España la memoria tiene corto recorrido. Me parece intolerable que se haga un Libro Blanco sobre la profesión docente no universitaria sin que éste tenga como autores a los propios docentes, bien directamente mediante un proceso abierto y horizontal, bien con la participación directa y pública de las asociaciones de docentes, de orientadores y de los sindicatos. Que el Ministerio de Educación encargue a tres personas relacionadas con el mundo educativo la realización de un Libro Blanco que se aplicará a nada más y nada menos que a 700.000 profesores en España (de los cuales aproximadamente medio millón están en la Escuela Pública), es revelador. Tres personas ajenas al día a día del aula, sin experiencia reciente o ninguna experiencia en enseñanza obligatoria y muy ajenos a las necesidades del profesorado y, me atrevo a decir, del sistema no universitario. Hay muchas cosas que cambiar en el sistema educativo, hay que hacer una carrera profesional docente, hay que dar los medios (sí, he escrito bien, los medios) necesarios para desempeñar nuestro trabajo y, desde luego, hay que evaluar al profesorado como bien dice el profesor Gimeno Sacristán aunque no en función del resultado de nuestros alumnos. Hay que restar burocracia a la enseñanza para que ésta sea más auténtica y hay que volver a la esencia de qué es aprender y enseñar. Nada nuevo, hace treinta años que estamos dando vueltas a lo mismo sin que haya avances significativos. Para los autores del Libro Blanco todo se reduce a que los profesores somos malos profesionales y para algunos partidos emergentes, como Ciudadanos que no deja de aplaudir la propuesta de Marina, es que muchos somos, además, funcionarios y no pueden echarnos, lo que arreglaría el problema de los malos profesores.

La orientación no tiene quien la quiera

Sin embargo, quiero aprovechar la publicación de Alberto del Mazo que hace referencia a los aspectos relacionados con la orientación educativa en Orientapas, para escribir mi reflexión acerca de este Libro Blanco que, a mi juicio, está lleno de borrones y manchas, pero sobre todo, está ausente de un análisis detallado de qué es la orientación y qué debe cambiar en ella. Han pasado casi treinta años desde que el Ministerio de Educación abordó la entrada de los servicios de orientación en el sistema educativo de forma sistemática, con un planteamiento general que abarcara todas las etapas del mismo. Para hacer este planteamiento, se elaboró un Libro Blanco que puso de manifiesto la importancia de la orientación en el sistema educativo, así como las funciones y características de la tarea orientadora, tarea que no es exclusiva de los orientadores en las diferentes etapas. Fue un proceso laborioso, audaz y sistemático que tenía como objetivo hacer que en la reforma estructural del sistema educativo se incorporara uno de los aspectos ausentes del sistema educativo, como era la orientación (aunque existían los SOEVS no había un servicio de orientación como tal estructurado dentro del sistema). España entraba en Europa y tenía que actualizar un viejo sistema educativo.

Podemos criticar la LOGSE hasta la saciedad. No le han faltado detractores que añoran la vieja escuela de la Ley General de 1970. La LOGSE ha tenido aciertos y errores, entre los cuales destacaría la falta de formación del profesorado para aplicarla, la ausencia de dotación económica suficiente, la separación del primer ciclo de ESO de los colegios o la falta de adecuación de suficientes alternativas educativas en la enseñanza obligatoria que condujeran a aspirar a que que todos los alumnos obtuvieran el título básico en Educación, por citar algunos. La LOGSE no fue perfecta, en absoluto.

Sin embargo, en materia de Orientación, la LOGSE fue un avance gigantesco. Supuso desarrollar el sistema de orientación e implementarlo, incorporando la figura de los orientadores como profesores en los centros. Tras un rechazo inicial en el que éramos considerados como los ideólogos de la reforma (nos llamaban paquistaníes porque se preguntaban “pa qué están estos aquí”) fuimos desempeñando las funciones especializadas que contribuyeron a que fuéramos aceptados y resultar una figura imprescindible dentro el sistema educativo. Nadie duda hoy de esta circunstancia y si hay alguna queja al respecto, en general, se refiere a la ausencia de suficientes orientadores en los centros y equipos ante la enorme demanda de trabajo que existe.

Me parece imprescindible recordar la complejidad del acto educativo, del papel de las emociones, de la diversidad tan creciente y de la necesidad de individualizar el proceso de aprendizaje. Éste es, en mi opinión, el reto principal del sistema educativo actual: ser capaz de ajustarse a las necesidades de cada alumno y para ello resulta imprescindible el trabajo del orientador en colaboración con el resto de profesores de un centro.

Sirvan estas palabras para decir que simplificar el acto educativo a la mera rendición de cuentas en términos de rendimiento académico, de búsqueda de la excelencia y de la evaluación de resultados en pruebas estandarizadas oculta una realidad compleja en la que los actores del acto educativo, profesores, alumnos y familias, tienen responsabilidades compartidas, sin olvidar a la propia Administración que provee de formación, recursos y el marco legislativo. De lo leído en el Libro Blanco actual, sólo saco la conclusión de que es al profesor al que se le coloca exclusivamente la responsabilidad del proceso educativo, minimizando el resto de factores. Si bien el principal agente de cambio del sistema educativo es el profesor, la responsabilidad del éxito del mismo no es exclusiva de éste.

Todo el proceso desarrollado en aquellos años para poner en marcha la orientación en España, se reduce en el actual Libro Blanco a unas generalidades con ausencias graves, como el papel fundamental de la tutoría, de la atención a la diversidad y la inclusión educativa, además de no especificar más que cuatro funciones de la orientación en general y en sus etapas, sin hablar de los integrantes de los departamentos o equipos de orientación, ni la necesidad o no de impartir docencia, por citar algunas carencias. Tampoco habla de la orientación como una tarea sistémica, de la función orientadora de todos los agentes educativos, empezando por el propio docente, el tutor y las propias familias o agentes externos. Tampoco leo una sola palabra de la gestión de la convivencia y el papel de la orientación en la misma, excepto la vaguedad de que es una de las funciones. Sin embargo, habla de aspectos muy concretos como los equipos docentes, una figura ya asentada, coordinados por los tutores y del papel de jefatura de estudios en la planificación de las reuniones de esos equipos (sic). Ciertamente, los autores del Libro llevan años sin pisar un centro educativo puesto que en un Libro Blanco estos aspectos organizativos están de más mientras que otros aspectos nucleares brillan por su ausencia.

No quiero ser excesivamente técnico pero no me extraña que uno lea este Libro y eche de menos el trabajo realizado hace más de veinticinco años. He sacado de un resumen de J.A. Téllez que recoge el modelo institucional de la Orientación Educativa en España, ideas que muestran la solidez que existe en el planteamiento institucional de la Orientación en España que, actualmente, desaparece por arte de magia. Bastaba con haber leído y consultado comunicados de COPOE para conocer la realidad del sistema de Orientación en las diferentes Comunidades Autónomas y acudir a las fuentes documentales. Hablar de función docente sin aclarar, por ejemplo, el estatus del orientador evidencia el pleno desconocimiento de nuestro trabajo y de las dificultades del mismo. Parece mentira que uno de los autores del Libro Blanco sea licenciado en Psicopedagogía, que supuestamente es una carrera para ejercer de orientador educativo. Ahí radica uno de los problemas. Son personas teóricas, ajenas al trabajo educativo en las aulas las que nos dicen lo que hay que hacer para desempeñar nuestro trabajo.

Paso a resumir algunas características que se encontraban en viejos documentos educativos para que saquéis vuestras propias conclusiones.

El Proyecto de Reforma de la Enseñanza, Propuesta para el debate de 1987 recogía los siguientes enunciados:

  • La orientación es un derecho de los estudiantes que debe concretarse en un conjunto de servicios y actividades que se ofrecen dentro del sistema educativo.
  • La orientación forma parte de la labor educativa, por lo que es tarea de todos los profesionales de la educación. De manera más directa, corresponde al profesor tutor y al Departamento de Orientación de cada centro, si bien requiere la actuación de equipos psicopedagógicos cuya actuación he de ser de naturaleza preventiva, compensadora y de asesoramiento y apoyo técnico.
  • El MEC, en su ámbito de gestión, unificará en una sola red los distintos servicios y equipos que anteriormente dependían de él: Servicios de Orientación Escolar y Vocacional, Equipos Multiprofesionales, etcétera.
  • Es aconsejable que todo centro escolar tenga un Departamento de Orientación, integrado por los profesores tutores, coordinado por un director, que sea profesor del centro, y tenga formación específica de carácter psicopedagógico.

El Libro Blanco para la Reforma Educativa de 1989 dedica un capitulo entero a la orientación, el capítulo 15 en el que se abordan temas como la función tutorial, los Departamentos de Orientación, y los Equipos de Orientación y Apoyo, entre otros aspectos de carácter general. Es aquí donde encontramos la primera descripción del modelo organizativo y funcional de la orientación y su inserción en la estructura escolar contemplando tres niveles de actuación: en el aula, en el centro educativo y en el sector escolar. Este modelo, en vigor desde principios de los años noventa, ha demostrado su eficacia en su concepción aunque tenga carencias en cuanto a las necesidades de personal en los diferentes niveles por el aumento de demanda de trabajo de los orientadores.

Del documento La Orientación y la Intervención Psicopedagógica de 1990 se extraían los criterios generales que debe seguir la acción orientadora:

  • Los programas de orientación deben estar plenamente integrados en la programación general del centro y ser, en consecuencia, asumidos por toda la comunidad educativa.
  • La orientación es un proceso sistemático que se despliega a lo largo de toda la escolaridad. Las intervenciones indiscriminadas o sólo puntuales, como pruebas diagnósticas, evaluaciones puramente psicométricas o sesiones de mera información, aisladamente resultan ineficaces, cuando no contraproducentes.
  • Es absolutamente necesario lograr un alto grado de conocimiento mutuo, compenetración y cooperación entre los distintos agentes orientadores.
  • La persona, el alumno considerado individualmente y su contexto, es el referente básico y último de la orientación educativa.
  • No se puede exigir a todo profesor que domine un amplio espectro de conocimientos, técnicas y métodos especializados propios de la orientación e intervención psicopedagógica.

La intervención orientadora se despliega en las siguientes modalidades de actuación:

  • Anticipadora y preventiva de los distintos tipos de problemas.
  • Compensadora de posibles déficit, carencias y desigualdades,
  • Favorecedora de la diversidad y del desarrollo individual de los alumnos, así como de la capacidad y cualificación de los profesores.

Los objetivos generales del sistema institucional de orientación e intervención psicopedagógica son:

  • Contribuir a la personalización de la educación, es decir, a su carácter integral, favoreciendo el desarrollo de todos los aspectos de la persona, y contribuyendo también a una educación individualizada, referidas a personas concretas, con sus actitudes e intereses diferenciados.
  • Ajustar la respuesta educativa a las necesidades particulares de los alumnos, mediante las oportunas adaptaciones curriculares y metodológicas, adecuando la escuela a los alumnos y no los alumnos a la escuela.
  • Cooperar a los aspectos orientadores de la educación, atendiendo al contexto real en que viven los alumnos, al futuro que les espera y al que pueden contribuir a formar para sí mismos, y, para ello, favorecer la adquisición de aprendizajes más funcionales, mejor conectados con el entorno, de forma que la educación aporte realmente “educación para la vida”.
  • Favorecer los procesos de madurez personal, de desarrollo de la propia identidad y sistema de valores, así como de la progresiva toma de decisiones a medida que los alumnos han de ir adoptando opciones en su vida, tanto escolares como profesionales.
  • Garantizar aquellos elementos educativos más diferenciados y especializados que difícilmente, en ocasiones, puede proporcionar el profesor y las estructuras escolares ordinarias.
  • Prevenir las dificultades de aprendizaje y no sólo asistirlas cuando han llegado a producirse, anticipándose a ellas y evitando, en lo posible, fenómenos indeseables como el abandono, el fracaso y la inadaptación escolar.
  • Asegurar la continuidad educativa a través de las distintas áreas, ciclos, etapas y, en su caso, transiciones de un centro educativo a otro.
  • Contribuir a la adecuada relación e interacción entre los distintos integrantes de la comunidad educativa: profesores, alumnos y padres, así como entre la comunidad educativa y el entorno social, asumiendo un papel de mediación y, si hace falta, de negociación ante los conflictos o problemas que puedan plantearse entre sus integrantes.
  • Contribuir a toda clase de factores de innovación y de calidad que redunden en una mejor educación, en una educación orientadora y en el apoyo técnico a la oferta educativa.

La orientación es competencia compartida de:

  • Todos los profesores, como parte indispensable de su labor docente, sean o no tutores de un grupo de alumnos
  • Del equipo de sector en Educación Primaria, como unidad de ayuda externa técnicamente especializada en orientación e intervención psicopedagógica
  • Del Departamento de Orientación en Educación Secundaria, como estructura organizativa que coordina la función orientadora en el centro y que presta asesoramiento a la función tutorial,
  • Del centro educativo en su conjunto, con sus órganos unipersonales (director, jefe de estudios…) y colegiados (consejo escolar y claustro de profesores) y de coordinación (comisión de coordinación pedagógica, departamentos, equipos de ciclo).

Respecto a la estructura organizativa, hablamos de distintos niveles.

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La LOGSE de 1990, establece como principio de la actividad educativa la atención psicopedagógica y la orientación educativa y profesional (Título Preliminar, art. 2). Además, la  orientación educativa y profesional es definida como uno de los factores que favorecen la calidad y mejora de la enseñanza (Art. 55) y en su artículo 60, establece que :

  • La tutoría y orientación de los alumnos formará parte de la función docente. Corresponde a los centros educativos la coordinación de estas actividades. Cada grupo de alumnos tendrá un profesor tutor.
  • Las Administraciones Educativas garantizarán la orientación educativa, psicopedagógica y profesional de los alumnos, especialmente en lo que se refiere a las distintas opciones educativas y a la transición del sistema educativo al mundo laboral, prestando singular atención a la superación de hábitos sociales discriminatorios que condicionan el acceso a diferentes estudios y profesiones. La coordinación de las actividades de orientación se llevará a cabo por profesionales con la debida preparación. Asimismo las Administraciones educativas garantizarán la relación entre estas actividades y las que desarrollan las Administraciones locales en este campo.

La experiencia es la madre de la ciencia

Para reformar algo lo primero es evaluar la experiencia previa. En este caso, la evaluación y el diagnóstico del sistema es la clave para buscar las soluciones al mismo. En el caso de la Orientación educativa, el diagnóstico pasaría por reconocer los logros y los errores para modificarlos.

Los principales logros del actual sistema de orientación son, en mi opinión:

  • La orientación es un factor de calidad que contribuye a la mejora de la educación.
  • Es un derecho de todos los alumnos. Su carácter es preventivo y de desarrollo integral de la persona, atendiendo a las necesidades individuales de cada alumno.
  • La intervención orientadora se abre al sistema educativo y al entorno del alumno. Es vital la coordinación con los servicios de la comunidad. Es imprescindible disponer de tiempos para ello.
  • No es competencia exclusiva de los especialistas, sino de todos los agentes educativos, profesores, tutores e incluso familias.
  • Debe estar plenamente integrada en el currículo y en los programas educativos.
  • La orientación se articula en torno a programas en un enfoque sistémico que tiene en cuenta la globalidad de la persona y del centro educativo.
  • Los cuatro ámbitos de trabajo son la atención a la diversidad e inclusión, la orientación académica y profesional, la acción tutorial y, por último, la convivencia escolar.
  • La orientación se concibe como un proceso sistemático y continuo, diferenciado en las distintas etapas educativas pero con continuidad en la transición entre ellas.
  • Se constituye un subsistema dentro del sistema educativo, integrado por tres niveles: aula (acción tutorial), centro (Departamento de Orientación) y sector (Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica con sus diferentes denominaciones). Deben trabajar de forma cooperativa y coordinada entre sí y con el resto de instancias educativas. Cada uno de ellos asume tareas cualificadas de apoyo a la acción orientadora de los distintos agentes del sistema educativo.
  • Ha habido una enorme profesionalización de los orientadores que aunque pertenecen al cuerpo de profesores de Educación Secundaria aunque puedan desempeñar sus funciones en Infantil, Primaria, Secundaria, Formación Profesional, Enseñanzas Artísticas, Educación Especial o Escuelas de Personas Adultas.

Los principales problemas del sistema de orientación:

  • Existen enormes carencias de recursos tanto humanos como materiales. No se cumple la ratio orientador/alumno de la UNESCO cifrada en 250 alumnos en los centros y no se cubren las plazas necesarias en los EOEP externos.
  • No todo el profesorado es consciente del papel que le corresponde en el sistema de orientación, no participan de los planteamientos emanados de la LOGSE o no asumen su responsabilidad en el planteamiento de la orientación como tarea compartida e inherente a la función docente.
  • Falta de formación, inicial y permanente, del profesorado para el ejercicio de sus competencias orientadoras, en especial de los tutores.
  • Las funciones de los agentes especializados de la orientación son complejas, muy abundantes, dispersas y, en algunos casos, ambiguas o de difícil interpretación.
  • La docencia obligatoria de los orientadores en muchas Comunidades Autónomas resta mucho tiempo al trabajo específico como orientadores.
  • La ausencia del Departamento de Orientación en los centros de Educación Infantil y Primaria se suplen con los Equipos Generales de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) resultando a todas luces insuficiente e ineficaz para atender las necesidades en estas etapas.
  • Existe una ausencia de Equipos de Orientación Especializados en Discapacidad Intelectual y en Dificultades de Aprendizaje (TDAH, Dislexia…) que representan al mayor número de alumnos con ambas situaciones problemáticas.
  • Existen dificultades para realizar las tareas de coordinación entre los niveles especializados de orientación. Falta de tiempos, trabas administrativas.
  • Ausencia de todos los perfiles profesionales necesarios en los Departamentos de Orientación: Profesor de Pedagogía Terapéutica, Profesor de Audición y Lenguaje, Profesor de Servicios a la Comunidad, Fisioterapeuta, Terapeuta Ocupacional, Integrador Social, Técnico Educativo. Algunos de estos perfiles no existen y podemos discutir su conveniencia (Terapeuta Ocupacional, por ejemplo).
  • Dificultades de coordinación con los servicios de Salud Mental, imprescindible en estos años en los que ha aumentado de forma considerable la derivación a los mismos.
  • Dificultades o incluso ausencia de formación especializada para los orientadores. Es la propia Administración la que no facilita un programa de formación continua que permita la necesaria actualización científica o la que dificulta el acceso de los mismos a eventos formativos de ámbitos no educativos pero necesarios, como el sanitario.

Para este viaje no hacían falta estas alforjas

Para que las propuestas de Marina y colaboradores dijeran que los orientadores tenemos que tener formación específica y que se cumpla la ratio de la UNESCO sólo había que leer los trabajos realizados desde hace veinticinco años y haber leído las notas de prensa de COPOE que en innumerables ocasiones han hablado del tema. Apenas hay un análisis de la situación de la orientación en España, de las funciones de los orientadores y de qué aporta la orientación al sistema educativo. No se abordan los problemas de la orientación en su conjunto, incluyendo las carencias en medios, el principal y el exceso de funciones (recordemos la docencia obligatoria en muchas Comunidades Autónomas). En fin, como es un borrador, espero que tomen nota., aunque no tengo ninguna esperanza.

La esperanza es lo último que se pierde

Hay esperanza porque puede haber cambios. No es posible hacerlo tan mal, hacer un despropósito tan grande y obviar el trabajo de varios miles de profesionales que llevan años desempeñando un trabajo cada vez más valorado por profesores, alumnos y familias. Sólo hace falta que la propia Administración Estatal nos valore, se dé cuenta de que existimos y de las funciones que desempeñamos. Incluso en el propio Ministerio sólo merecemos estar dentro de una Subdirección General de Formación Profesional.

Les veo muy perdidos, igual necesitan orientación 😉

REFERENCIAS:

Martínez, Mª C., Quintanal, J., y Téllez, J. A. (2002). La Orientación Escolar. Fundamentos y Desarrollo. Madrid: Dykinson.

Manzanares, A (2013). ¿Qué nos dice la investigación sobre los cambios experimentados por los sistemas de orientación en nuestro país? , Universidad de Castilla-La Mancha. III Jornadas de Orientación, Cuenca.

Solé, I. (1998). Orientación educativa e intervención psicopedagógica. Barcelona: ICE-Horsori.

Vélaz de Medrano, C. (1998). Orientación e intervención psicopedagógica. Concepto, modelos, programas y evaluación. Archidona, Málaga: Aljibe.

Orientación educativa en España. Desarrollo institucional y legislativo. MORÁIS, P.(1993). Revista de Educación. Nº 300, pág 369-599. Disponible en web.

Cansado

Son más de diez años en la Red aprendiendo de otros y con otros, pero también robando el tiempo al sueño y a mi familia. Estoy cansado.

Detrás de mi trabajo de orientador en el instituto, llevando un blog de orientación, varios blogs de psicología, la web del centro, wiki de Psicología e Identidad Digital, blogs para talleres de Investigación, blogs con compañeros como Antonio Omatos,  grupos colaborativos en Diigo, una red social que gestionaron mis alumnos, aulas virtuales, un taller de radio, presentaciones, vídeos, tutoriales… y además de desarrollar en la actualidad proyectos profesionales sin relevancia en la Red.

He sido y soy un profesor conectado. Sinceramente, no sé si ha merecido la pena. Me voy a quedar con lo positivo. Sin embargo, detrás de todo ello, decía, está mi faceta personal que se resiente. Mi trabajo cada vez me exige más, al tener cada vez más necesidades que atender y ser menos profesionales de Orientación para hacerlo. Cada vez me exigen más, cada vez tengo menos recursos para desarrollar mi trabajo. Suplo con entrega y voluntad esa ausencia pero me está pasando factura. Peligrosamente.

No sé cuándo ni cómo volveré por aquí. Sólo sé que estoy cansado y necesito dejarlo esta vez de forma más prolongada. Una temporada larga. El Podcast A Golpe de Timbre, las redes sociales como Twitter, Pinterest o Google +, la interacción en Internet, todo lo dejo.

A los que habéis estado y estáis ahí, gracias.

A mi familia, perdón por el tiempo robado y gracias igualmente. Os debo todo y quiero estar más con vosotros. Al fin y al cabo nada es más importante.

¡Nos vemos en la Red!