Refugiados

¡Qué poca memoria tenemos!

Los refugiados sirios o afganos de hoy lo son por los mismos motivos que nuestros abuelos: escapan de la guerra como escapó Juan Ortiz Garrido en su día junto a hombres, mujeres y niños.
Los inmigrantes subsaharianos de hoy lo son por los mismos motivos que nuestros padres: escapan del hambre.

Los éxodos por las guerras y el hambre no han parado en todo el S.XX y continúan en el S.XXI.

 

Crédito del la imagen: EL Mundo
Crédito de la imagen: España 2000

No hay fronteras que puedan impedir que se huya del hambre y de la guerra.

En A vivir que son dos días, de la Cadena Ser, tres mujeres que fueron refugiadas españolas y un superviviente del campo nazi de Buchenwald relatan sus vivencias y las similitudes con la situación actual. El texto que viene a continuación, está tomado de la página del programa.

Araceli Ruiz recuerda cómo, con 13 años, salió de “El Musel”, el puerto de Gijón. En aquel barco que tenía como destino la Unión Soviética, viajaban 1.100 niños. A ella le acompañaban tres hermanas. Atrás quedaban un padre en la cárcel y una madre que tenía que alimentar a otros dos niños. Mientras ellos sufrían el fascismo en España, sus hijas, ahora exiliadas, sobrevivían a la Segunda Guerra Mundial. Tardarían décadas en regresar a España.

También en barco, a bordo de “El Habana”, y temiendo ser hundidos por el acorazado fascista “El Cervera”, huía de España desde Santurce (Bilbao), una niña de 9 años llamada Elvira Barciela que se agarraba fuerte a sus seis hermanos para sobrevivir al miedo y a la oscuridad. Llegan a Francia, donde son separados y acogidos en familias hasta que su madre consigue reunirse con ellos. Regresan a España años más tarde, en plena dictadura, tras descubrir que su padre no había muerto en la batalla, solo era un preso más. Araceli y Barciela son dos de los 30.000 “niños de la Guerra” que el Gobierno de la República intenta refugiar fuera de España.

Antes de que la ciudad de Barcelona caiga en manos del ejército de Franco, Delfina Tomás, huye a Francia con su madre y con su hermano atravesando los Pirineos. Cumplirá 7 años en un campo de la Bretaña francesa pasando hambre y “viendo morir a niños como moscas”. Su padre huiría días más tarde. Llega a Argelès-sur-Mer, un campo de refugiados por el que pasarán más de 100.000 españoles. La familia tarda años en reunirse y décadas en regresar a la ciudad de la que salieron “con una maletita y dejando las lentejas al fuego”.

El decreto de la vergüenza

Araceli, Elvira y Delfina se sienten agradecidas con Francia y con Rusia, sus “segundas patrias” las llaman, sin embargo, no todos guardan un buen recuerdo del trato recibido ni por el gobierno, ni por la sociedad francesa. Los sindicatos y los partidos políticos de izquierda crearon redes solidarias para acoger y cobijar a los miles de refugiados españoles que buscaron asilo en Francia pero en 1938, el gobierno Edouard Daladier, firma un decreto que permite crear campos de refugiados a los que llegarán muchos españoles. Allí comenzará un largo camino hasta conquistar a la libertad.

Igualmente, habla Virgilio Peña que fue confinado en un campo de concentración nazi.

Localizamos a Virgilio Peña en Francia. Sus 101 años son historia viva. Con apenas 22 sale de Espejo, un pequeño pueblo de Córdoba, para luchar al lado de los republicanos. Dos años después, huyendo de la victoria fascista, llega al campo de Argelès-sur-Mer. Tras 12 meses pasando frio y hambre se convierte en mano de obra barata para los franceses en una economía de guerra que se prepara para la II Guerra Mundial. Sus ideales le harán sumarse a la resistencia contra los nazis pero en 1943 es detenido en Burdeos y llevado a Buchenwald, uno de los campos de exterminio que el III Reich tiene en territorio alemán.

Y en clase, ¿hablamos de estos temas con nuestros alumnos?

Imágenes en blanco y negro: exiliados y blog Lahiguera
Imágenes en color: Cadena Ser

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